Cuando se escucha “acción”, Leonor Watling y Hugo Silva se encuentran frente al actor ruso Anton Yakoviev en medio del salón de un restaurante llamado Nasdrovia, con capacidad para 31 comensales y otros diez en la zona de la barra. Un lugar lujoso, decorado en tonos rojos, y con un encantador aspecto de decadencia que podría estar en cualquier ciudad de la antigua Unión Sovuética. Sin embargo, está situado en Madrid, justo al comienzo de la Calle Atocha, a unos escasos cien metros de la Plaza Mayor. Y es el lugar donde, durante tres semanas, se rodará  Nasdrovia, la nueva serie de Movistar +.

Se trata una antigua fábrica de telas, donde también había una tienda y en la parte de arriba vivían los trabajadores. En este edificio en desuso, que el equipo de arte se encontró totalmente vacío, se han construido en un mes un restaurante, una cocina y también un almacén de 70 metros cuadrados. Todo ello decorado con retratos de grandes maestros rusos de la literatura, que traslada al que pisa la moqueta al San Petesburgo -según el guion, los muebles habían venido desde esa ciudad en barco hasta Madrid- de los años cuarenta y cincuenta. Y con los detalles cuidados al máximo. Como el logotipo del restaurante, que será imagen de la serie, la lujosa cubertería o el diseño de la etiqueta del vodka que se sirve (y se bebe en abundancia) dentro del restaurante y al que han llamado Stragoff. 

@Ines Molinero/ Movistar+

El director de arte, Jorge Fernández de Soto, investigó a fondo la época. Tuvo que encargar muebles diseñados exclusivamente para el decorado, pero intentando siempre que todo fuera lo más real posible. “Hemos consultado a gente que se dedica a la decoración con objetos rusos y también hemos comprado muebles originales. No nos valían muebles convencionales”, recuerda. Al contrario que muchas comedias de televisión, no han utilizado el típico plató porque querían que fuera lo más real posible. Incluso han llegado a rodar en una casa de una familia rusa “de mucho dinero” situada en Las Rozas. “Todo lo que te pueda contar de ese lugar se va quedar corto (risas). Todo muy extravagante, con mucho dinero invertido, con armaduras por allí puestas. Un casoplón inmenso. Precioso, pero a la rusa (risas)”.

En Nasdrovia, Leonor Watling interpreta a Leonor, una prestigiosa abogada con muy pocos escrúpulos. Si la actriz la tuviera que definir de alguna manera sería como “yuppie, más que pija”. Tiempo atrás fue pareja de Julián (Hugo Silva), ambos tienen la soberbia del éxito, viajan mucho, son cosmopolitas y les gustan las cosas caras, Cuando conocen a Franky (Luis Bermejo), un chef especializado en cocina rusa y prototipo de bon vivant, deciden dejarlo todo para ayudarle a montar el restaurante Nasdrovia, que para su sorpresa se convierte en el lugar favorito de la mafia rusa en Madrid. Se trata de dos personajes egoístas, sin mucha ética y ahí es donde encuentran su punto cómico. “Pero esta comedia se diferencia de otras producidas en España por su tono. Tiene más que ver con Barry que con otro tipo de series. Son situaciones cómicas, absurdas, llevadas al extremo, pero mantienen una interpretación realista. No es una comedia de gags ni chistes”, cuenta la actriz.

@Ines Molinero/ Movistar+

Y también presenta algunos hallazgos narrativos, como que el personaje de Leonor hable a cámara, rompiendo la 'cuarta pared' que suele separar a actores y espectadores. “Pero es que esto no es ninguna novedad, ya lo hacían hace mucho tiempo Groucho Marx o Woody Allen. Y lo hemos visto más recientemente con el papel de Kevin Spacey en House of Cards. No es algo que inventamos ahora, aunque es verdad que se usa un poco más. Como el caso de Fleabag, en el que el espectador se convierte en el coprotagonista. Se asemeja a un monólogo más que a otra cosa, y todo el guion está muy bien escrito y medido para incluir al espectador”, comenta la actriz, sentada en una de las lujosas mesas del restaurante.

Un papelería, el sueño de Leonor Watling

Uno de los primeros puntos de giro de la historia que plantea Nasdrovia se produce cuando los dos personajes protagonistas deciden dejar su exitosa vida profesional para montar un restaurante sin tener ni idea del negocio. Le preguntamos a la actriz si ha tenido alguna vez la tentación de frenar de manera radical y dedicarse a otra cosa. “Yo ya dejé un ratito de actuar y también he parado cuando me he dedicado más a cantar. Y si montara un negocio sería una papelería que fuera también ferretería, pero seguro me arruinaría pronto. Tengo millones de fantasías que cambian cada semana, cada vez que voy a una ciudad que me gusta pienso que estaría bien vivir allí”, asegura Watlling entre risas. 

A Hugo Silva lo de dejar de actuar se le pasa por la cabeza de vez en cuando, pero la idea le abandona de una manera muy rápida: “ A veces pienso que estaría bien irme a Cádiz y montar un estudio para ponerme a pintar, pero luego me doy cuenta de que no tengo ni puta idea de pintar (risas). Solo sé hacer esto, actuar, también te digo que me encanta. Quizá en un futuro estaría bien no tener que trabajar tanto y no estar tan enganchado. Pero yo es que lo disfruto mucho, me mola bastante tanta adrenalina. Aunque lo que hay alrededor cada vez me da más pereza”.  

La inesperada relación del surf con la actuación

@Ines Molinero/ Movistar+

Los dos actores coinciden en una cosa: no hay nada comparable al momento de los ensayos. “Porque es cuando surgen las cosas. Es como surfear, te pasas horas y horas en el agua y cuando pillas una buena ola... tiras de ese recuerdo dos semanas. Es en el momento en que tú te lo crees y el otro que tienes enfrente también se lo cree”, asegura la actriz. Y luego esa magia hay que trasladarla al momento del rodaje. En este caso están teniendo el apoyo constante de los tres guionistas y showrunners, Sergio Sarriá, Luismi Pérez y Miguel Esteban, que ya habían coincidido previamente en El intermedio. “Están aquí todos los días, por si pasa algo o nos encontramos algo en el guion, aquí están para solucionarlo. Creo que eso es muy importante, además del trabajo de quien dirige, que es el que hace realmente la lectura del texto”. 

El director en este caso es Marc Vigil, que ha decidido dar a la serie un tono que se parece al de Malditos bastardos de Quentin Tarantino o a Fargo, de los hermanos Coen. Ha aprovechado, además, que la distancia que separa televisión y cine a casi todos los niveles, principalmente desde el punto de vista artístico, es cada vez más reducida. 

“Lo realmente importante son los guiones y lo que quieran hacer los productores. Ya hace tiempo que no hay diferencia entre rodar cine o tele. Date cuenta que los medios técnicos son los mismos, se rueda ya todo en digital, y yo me encuentro con los mismos equipos humanos cuando hago cine o tele”, cuenta Hugo Silva. “Lo importante es que haya trabajo”, zanja su compañera en la serie, que llegará a Movistar + el próximo año.