A Maya Hawke le gusta caminar. Especialmente, cuando la entrevistan. "Tengo que caminar, de lo contrario, me pongo demasiado nerviosa", dice. Si por casualidad, una tarde a principios de septiembre, estabas en Nueva York, en algún lugar entre la Segunda Avenida y la 14, es posible que hayas visto a la actriz caminando mientras me hablaba por teléfono. Su acento neoyorquino recubre una una voz que te encantaría dejar que te cubriera durante horas.

También estaba caminando cuando escuchó por primera vez que había sido elegida en Stranger Things "...a través de Los Ángeles", recuerda. “No utilicé Uber allí, porque era demasiado caro, y no sé conducir, así que simplemente caminaba a todas partes, lo que lleva mucho tiempo. Estaba en uno de estos viajes de dos horas de una audición a otra, y recibí una llamada para decir que había conseguido el papel". Nadie camina en Los Ángeles, no hace falta decirlo, pero, como Hawke bromea,"los neoyorquinos de 19 años sí lo hacen".

Clément Pascal

La imagen de la actriz que viaja a pie a las audiciones de Hollywood habla del ambiente frío que ha proyectado desde que entró en la vida pública, una actitud que se siente notablemente contraria a la multitud de otros actores en la cresta de la Generación Z. Aunque tenía una papel principal en la adaptación de Little Women de la BBC en 2017 (por el que dejó la escuela de teatro Juilliard), la introducción de Hawke al estrellato del celuloide propiamente dicho llegó este año, a través de su actuación en la película independiente Ladyworld (piense en El señor de las moscas con ocho adolescentes), y un papel pequeño pero fundamental como un personaje inspirado en Linda Kasabian, Flower Child, en Once Upon a Time in Hollywood.

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Pero es su participación como Robin en una de las más queridas series de Netflix, Stranger Things, lo que ha lanzado a Hawke al olimpo actoral. A pesar de ser una recién llegada en unos de los elencos más admirados de la televisión, su actuación realmente atrapa, y ha causado un profundo impacto que la ha sellado como una de las actrices más emocionantes de su generación.

"¿Sabes?, no estaba totalmente segura de si estaba lista para entrar en esta cosa cultural gigante, como Stranger Things", admite. "Pero después de haber conocido a Joe Keery [Steve Harrington] y a los [creadores del show] hermanos Duffer ... solo las energías que tienen, y la creatividad, y la espontaneidad, y la alegría ... No sentí que estaba haciendo un gigante gigante de Netflix; sino algo mucho más íntimo". Y sigue: "Es divertido porque no me parece tan drástico o extremo", continúa, sobre su creciente fama. "Pero sé que si algún joven está preparado para manejarlo, probablemente sea yo, solo por la forma en que crecí".

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Los padres de Hawke son los actores Ethan Hawke y Uma Thurman. Se divorciaron cuando ella tenía siete años. No hablamos mucho de ellos, pero surgen de maneras interesantes a lo largo de nuestra conversación, como cuando llama a la forma en que vemos a los niños pequeños crecer en Stranger Things "algo tipo Boyhood, la película que Richard Linklater dirigió con mi padre", o describe su felicidad cuando se dio cuenta de que la mujer que hizo el trabajo de acrobacias en su escena en Once Upon a Time in Hollywood era igual que Thurman en Kill Bill.

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Tal vez sea porque no es una niña de Los Ángeles: sus padres han dejado de lado a Hollywood por la costa este y han tenido papeles más interesantes en el teatro, pero Hawke parece estar a un mundo de distancia de lo que entendemos por fama. Pero hay que hablar con ella directamente para darse cuenta. La Maya que ves en Instagram o en entrevistas de televisión parece frívola, sin fondo, liderando una improvisada Macarena en el set de su nueva película, o entusiasmándose por usar el mismo traje de Gucci que Harry Styles.

Lo más cerca que estaremos de la verdadera Maya, dice Hawke, está en su música. Con un álbum de debut a finales de este año, Hawke ya se estrenó en agosto con dos singles, ambos canciones de amor folk a corazón abierto: Stay Open y To Love a Boy. Me pregunto si, como actriz, Hawke aprovecha sus dotes interpretativas en sus conciertos. "Cada momento en un show en vivo es el único momento que vas a tener, ¿verdad?", responde ella. “Todavía estoy tratando de descubrir mi personalidad en el escenario. Ahora es como ensayar frente a mucha gente, en lugar de hacerlo en privado, pero está bien".

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Es tentador pensar que Hawke, con sus Polaroids y su estilo vintage, podría alinearse con la década en la que no nació. Pero a pesar de la mayoría de edad en uno de los períodos más tumultuosos de la historia política de Estados Unidos, dice que ama todas las épocas, incluso la suya, la mayor parte del tiempo. Ella estaba con sus amigos de la escuela de teatro mientras se desarrollaba el horror de la noche electoral de 2016: “Y luego nos despertamos por la mañana y tuve que participar en una competición de baile de salón. A las 8 de la mañana. Con música pop. Fue un momento icónico, cuando todas las diferentes clases vienen a apoyar a los nuevos estudiantes de primer año en esta ridícula competición, ¡pero todos estábamos tan deprimidos! Sabes, había algo en la atrocidad de que suceda algo así y ser forzada a bailar, y tuve que autoconvencerme de los siguiente: ‘El mundo continuará; no ha terminado. Todos ustedes tienen que seguir viviendo aquí, y estar vivos’. Creo que terminó siendo una experiencia positiva: no que saliera elegido Trump ... sino la competición de baile de salón, ¡que quede claro!"

Hawke también ha trabajado en Mainstream, la esperada película de Gia Coppola, secuela de Palo Alto,  que ahora está en fase de post producción, y que protagoniza junto a Andrew Garfield y Nat Wolff. Una historia del lado oscuro de las redes sociales, de la que Hawke espera que tenga un impacto similar al de su predecesor: “Palo Alto fue una de las primeras películas que pensé que realmente capturaban el espíritu de mi generación, así que espero que capturemos algo similar y revolucionario". El día después de de esta cita viajaría al Festival de Cine de Toronto para promocionar Capital Humano, una historia de "crimen, clase y culpa". También ha rodado este año un cortometraje inspirado en los diarios de Kathy Acker. A la edad de 21 años, está claro que Hawke se ha dedicado a su oficio, y ya está metida hasta el cuello. 

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“Siempre me he guiado por las cosas que me hicieron feliz. Al igual que ese libro ... El hábito alucinante de ordenar, o hacer lo que sea, pero que siempre conlleve una experiencia feliz", se ríe, su voz ahora sin aliento después de patearse unas 50 manzanas de Manhattan. “Lo sorprendente y lo difícil de este negocio es que siempre te estás reinventando, todos los días. Cada vez que eliges un nuevo trabajo, estás haciendo una nueva elección, tomando un camino en vez del otro. Y es agotador tomar decisiones, realmente agotador y difícil”.

No suena a queja, más bien al contrario. Hawke ha vivido el estrellato de sus padres desde que nació. Ahora, le toca vivir el suyo propio. Y mientras esté ahí, seguirá caminando. Veamos hasta dónde llega.