"Mi padre y mi madre son actores. Y yo crecí viéndolos todo el tiempo jugar como niños. ¿Cómo no me iba a enganchar a la interpretación? Ves a tus papás pasándolo bien en una obra de teatro y lo único que puedes decir es: “Yo quiero hacer lo mismo”. Según fue pasando el tiempo me di cuenta de que no tenía escapatoria, pero no quería vivir la misma vida de ellos. Soñaba con ser periodista, futbolista, filósofo o médico, es lo que quería. Incluso una mezcla de todas estas cosas. Pero el punto medio, o el común denominador de todas estas profesiones, es la actuación. Es lo que te habilita, te da el 'chance' de conseguir ese deseo. Es la posibilidad de vivir un cachito de otras vidas. Por ejemplo, yo nunca soñé con ser director de orquesta. Pero cuando empecé a interpretar a Rodrigo en la serie Mozart in the Jungle (2014-2018) descubrí otra profesión en la que me hubiera gustado trabajar. Sin embargo, no me sentí actor hasta después de Y tu mamá también (2001), de Alfonso Cuarón, cuando me llamaron de Argentina para trabajar enVidas privadas (2001), de Fito Páez. Ahí decidí que me iba a dedicar a la actuación. Cuarón es increíble, y junto con el 'Negro' Iñárritú, con el que hice Amores perros (2000), me presentó el cine. Trabajar con Alfonso Cuarón significa tocar con las manos la historia, te obliga a tomar decisiones todo el tiempo. Y él también me dio la oportunidad de trabajar con Diego Luna. Diego es mi carnal, mi 'charolastra'. Un hermano con el que crecí. Fue por elección, pero también fue una imposición bonita de la vida. El destino nos dijo que teníamos que estar juntos. Nos conocemos desde que somos bebés, porque nuestras madres eras muy amigas. Trabajamos muy bien juntos, pero a la vez mantenemos una amistad muy sólida. Conozco a gente que trabaja muy bien, pero que no son amigos. Pero nosotros fluimos. Solo puedo poner un pero: que nos reímos mucho y es muy difícil controlarnos. Después hice La ciencia del sueño (2007), de Michel Gondry, que es una película que todo el mundo me recuerda, y creo que ha perdurado en el tiempo, pero no ganó ni un solo premio. Este tipo de cosas son las que te empujan a relativizar los galardones y los festivales. Sin embargo, yo aprendí mucho y si alguien pregunta al resto de los actores, por ejemplo a Charlotte Gainsbourg, te dirá lo mismo. Tras estas tres películas, y después de rodar Diarios de motocicleta (2004), de Walter Salles, donde interpretaba al Ché Guevara, no volví a recuperar la alegría en el cine hasta que rodé No (2012) con el chileno Pablo Larraín. Era una época en la que yo andaba un poco cansado, creo que tiene un poco que ver con la paternidad. En cuanto tienes niños hay algo que te aleja de tu trabajo, lo que quieres es estar con ellos. Larraín me trajo de vuelta la alegría del cine. Me dio la oportunidad de sentir la misma complicidad, telepatía y maldad para explorar los misterios. De usar el cine para irse por los grises que tiene la vida. Y ahora llego hasta el Festival de San Sebastián con otra película de Larraín (Ema), otra con Oliver Assayas (La red avispa) y también con mi segunda obra como director (Chicuarotes). Mi trabajo no es ser cineasta, pero quiero dirigir películas. Porque es algo que tiene que ver con esa preocupación mía de cuando era niño, en la que quería tener varias profesiones, y satisfacer una necesidad de dar mi propia visión de una historia. Lo que yo pienso como actor no importa a la hora de hacer un personaje. Sin embargo, como director sí. El punto de vista es el mío. Puedo elaborar hipótesis y generar accidentes. Me gusta dirigir como me gustaría que me dirigieran. De pequeño practicaba ese juego ligero de soñar con ser varias cosas, pero ahora mismo, en este justo momento en que hablo contigo, estoy encantado de ser actor".