En plena campaña electoral, el candidato de ERC a la alcaldía de Barcelona, Ernest Maragall, lanzó el pasado jueves una idea novedosa que ha sido acogida con escepticismo por algunos de sus rivales. Se trataría de crear una nueva autoridad municipal, el ‘alcalde nocturno’ o ‘alcalde noche’, con competencias en seguridad, atención social y sanitaria y oferta de ocio. Manuela Carmena había lanzado días antes una idea similar, asegurando que creará esta figura en caso de que resulte reelegida el próximo 26 de mayo.

Instituciones como la patronal de ocio Fecalon han recibido de manera muy favorable la iniciativa, destacando que sería muy útil que una autoridad municipal presidiese una comisión técnica que defienda “el ocio cívico y sus buenas prácticas”.

¿Es eso lo que hace un alcalde de noche? A juzgar por la experiencia de las ciudades en las que ya existe esta figura, no exactamente. O no exclusivamente. El alcalde nocturno es algo más que un mediador social que vela porque se respeten unas normas de convivencia que hagan posible el ocio nocturno de unos y el derecho al descanso de otros. Tampoco es un simple policía de la noche.

 

Un interlocutor privilegiado

Uno de los últimos profesionales en estrenar este cargo, Shawn Townsend, ‘alcalde nocturno’ de Washington DC desde diciembre de 2018, concedió una entrevista a un medio local de su ciudad en la que explicaba en qué consisten sus funciones: “En realidad, soy el director de la oficina municipal de Cultura y Vida Nocturna. No me dedico a implementar normativas municipales sobre asuntos como si es legal o no consumir alcohol en la vía pública, de eso se encargan otros departamentos. Soy más bien un mediador y un intermediario entre el sector de negocios nocturnos y los organismos públicos”.

Una función de importancia capital en una ciudad como Washingron, cuya escena nocturna mueve alrededor de 3.500 millones de euros anuales. “Gran parte de mi rutina”, explicaba Townsend, “consiste en servir de interlocutor a los empresarios y ayudarles a resolver los problemas prácticos con que puedan encontrarse. No se trata de resolver cualquier conflicto que pueda suscitarse cerrando locales e imponiendo multas de manera indiscriminada. A veces, informar bien y ejercer una mediación constructiva puede hacer que los intereses de todos los implicados sean compatibles”.

Townsend rechaza el título coloquial de ‘alcalde de noche’ (o ‘zar de la noche’, como le han llamado también en alguna ocasión), porque considera que “le da un aura innecesaria de poder y misterio” a lo que en realidad no es más que un trabajo administrativo de mediación social. Sin embargo, el hombre que estrenó el cargo sí se llamó a sí mismo ‘alcalde de noche’. Hablamos de Mirik Milan, que desempeñó esa función entre 2012 y 2018 en una de las ciudades del mundo más orientadas al ocio nocturno, Ámsterdam. Milan fue también el anfitrión de la primera cumbre internacional de alcaldes nocturnos, que se celebró en su ciudad en 2016 y reunió a 20 cargos municipales de varios países.

A Milan le encargaron una tarea compleja. Se trataba, entre otras cosas, de contribuir a la reducción de la criminalidad en el entorno de la plaza Rembrandt y demás lugares con intensa vida nocturna. Pero no a través de un incremento de la actividad policial ni del hostigamiento a bares, clubes y demás negocios, sino mediante un diálogo constructivo entre las autoridades y los empresarios de ocio. De ideas progresistas, Milan declaró en la cumbre de 2016 que “la cultura y el ocio son excelentes barreras contra el populismo y la intolerancia. Mi tarea consiste en asegurarme de que la noche de Ámsterdam sea, además de atractiva tanto para la población local como para los turistas, inclusiva, diversa, tolerante y segura”.

 

Una idea exportable

En 2016, el alcalde de Londres, el laborista Sadiq Khan, tras estudiar la labor realizada por Milan en Ámsterdam, decidió nombrar a la periodista y actriz de origen estadounidense Amy Lamé ‘zar de la noche’ de la capital británica. Un cargo informal, independiente y de atribuciones un poco difusas que, sin embargo, la ha permitido servir de puente entre el ayuntamiento y la escena nocturna, con logros tan llamativos como su mediación en las negociaciones que llevaron a la reapertura de Fabric.

El célebre local del barrio de Farringdon había sido cerrado por las autoridades en marzo de 2016. Lamé medió entre los propietarios y el ayuntamiento cconsiguiendo que se llegase pocos meses después a un acuerdo condicional de reapertura. Dos años después, el local ha podido adaptarse a las normativas municipales y sigue funcionando, en lo que Sadiq Khan considera “una demostración de las virtudes del diálogo como vía para reconducir conflictos”.

Siguiendo el ejemplo de Ámsterdam y Londres, varias ciudades europeas, como Berlín, Estocolmo, Helsinki, Zurich, París o Toulouse empezaron a nombrar a sus propios alcaldes de noche entre 2016 y 2017. En casi todos los casos se ha seguido un esquema similar: se trata de una figura independiente, no integrada en el equipo de gobierno municipal, y por tanto sin competencias ejecutivas, pero sí con un amplio margen discrecional de actuación y con una oficina a su cargo.

Nueva York se unió al club en 2018 con la designación como mediadora de la gestora y activista Ariel Palitz, a quien el alcalde, Bill de Blasio saludó con una frase muy significativa. “Nos va a ayudar a tratar la vida nocturna de la ciudad no como un problema, sino como una riqueza y una oportunidad”. En eso consiste, en esencia, la tarea de un alcalde nocturno.