El lío que se ha montado con los debates electorales –falta de regulación, fechas, participantes, televisión pública o privada- no es ni mucho menos exclusivo de España, tan insegura de su salud democrática. También en otros países hay confusión, dudas y candidatos ausentes. Aquí, como en el resto de los países, los debates televisivos van de gestos, de palabras gruesas, de rapidez, lenguaje corporal y supuesta empatía con los problemas de los votantes. Y aquí, como en el resto de los países, están dirigidos a los indecisos. 

El primer debate televisado entre dos candidatos presidenciales de la historia de nuestro país sucedió el 24 de mayo de 1993, en una televisión privada: José María Aznar y Felipe González se vieron las caras ante 9 millones de espectadores. A la semana siguiente se celebró el segundo 'round' en la otra privada nacional, Telecinco, que incluso batió esas cifras, con 10 millones de televidentes y un 75% de audiencia. En la primer vuelta, según los medios, salió Aznar reforzado por varias torpezas de González, como cuando le espetó que las cifras de recaudación que le estaba dando eran "falsas". El candidato popular le respondió, sin pestañear y con un incontenible rictus triunfal: "Las he cogido de su ministerio". González se preparó muy bien durante siete días la segunda vuelta en el canal de Mediaset, donde fue su rival quien encajó los golpes más directos. Aznar sacó su programa electoral y le retó: “Son 120 páginas, podemos leerlo si quiere, pero estaríamos tres horas”. González esperaba justo ese desliz para lanzar su crochet: “No vamos a tardar ni un segundo. Yo le pido que lo abra por la página donde exponen sus medidas de apoyo a los desempleados. Y esa página no existe”. 

PEPE ABASCAL (A3TV)

Cuando los debates electorales llegaron a nuestro país, llevaban tiempo celebrándose en otras partes del mundo. Desde el primero en Suecia en 1956, estos son clave en el calendario electoral de Occidente. Estados Unidos no puede vivir sin ellos. Empezaron con el famoso Kennedy contra Nixon en 1960, hito en la historia de la televisión americana con más de 66 millones de telespectadores que vieron al republicano pálido, sudoroso, sin maquillaje, frente a un joven y calmado Kennedy que acabó ganando las elecciones. Y batieron récord en las presidenciales de 2016: 84 millones de televidentes en el primero de los tres debates entre Donald Trump y Hillary Clinton. Argentina lo estrenó en 2015 y ganó en audiencia a la pasión nacional: el fútbol. En Francia, las posiciones enfrentadas de Emmanuel Macron y Marine Le Pen quedaron meridianamente claras en un estudio de televisión en 2017. Y en la República Checa pudieron ver hasta 37 contiendas televisivas antes de las presidenciales de 2018. 

Los votantes confiesan que estos debates son una oportunidad para ver cómo se manejan los candidatos en la distancia corta, sin ayuda de asesores o teléfonos móviles, obligados a contestar en el momento las preguntas de moderadores y ciudadanos. Están entre los espacios más vistos porque revelan cómo reaccionan ante la presión y la inmediatez que no muestran los mítines o las visitas a un mercado de barrio. Los preparan y ensayan, sí, pero deben parecer espontáneos. De lo contrario darán la impresión de ser falsos, lo peor que le puede pasar a un candidato. 

Los debates también ponen a los contendientes al mismo nivel, una lucha de igual a igual que no suele interesar a quienes encabezan las encuestas o están en el poder. Para qué correr riesgos. Por eso son importantes: todo el mundo, desde su casa, puede intuir debilidades. Después los medios publican sus apuestas, hablan de ganadores y perdedores, señalan quién conectó con los votantes, tuvo la mejor ocurrencia o protagonizó el momento estelar. Estos son algunos de esos momentazos televisivos históricos, en clave electoral.

1976: Ford vs. Carter. “No hay dominación soviética en Europa del Este”. 

Los americanos tuvieron que esperar 16 años entre el primer debate presidencial televisado en 1960, el famoso Nixon contra Kennedy, y el de 1976 que inauguró la era de los debates regulados. Desde entonces en Estados Unidos los hay entre candidatos a las primarias de los partidos demócrata y republicano, a la Casa Blanca y a la vicepresidencia. Todos tienen su momento para brillar o meter la pata hasta el fondo, como cuando el presidente republicano Gerald Ford declaró, con el telón de acero en lo más alto: “No hay dominación soviética en Europa del Este y nunca la habrá con la Administración Ford”. Aquel noviembre perdió frente al demócrata Jimmy Carter por un escaso margen. 

1984: Reagan vs. Mondale. Cuando la edad fue el tema. 

En las elecciones de 1984 Ronald Reagan era, a sus 73 años, el presidente de más edad que había ocupado la Casa Blanca. Y la edad era un problema para los votantes. En su primer debate frente a Walter Mondale, exvicepresidente y exsenador demócrata de 56 años, Reagan pareció confuso por momentos y empezó a perder ventaja en las encuestas. Pero en el segundo debate dio en el clavo con una frase que ha pasado a la historia. El moderador le preguntó si su edad debía estar presente en la campaña. “No voy a explotar por razones políticas la juventud e inexperiencia de mi contrincante”. Hasta Mondale se rió tras escucharlo. Los medios repitieron el chiste una y otra vez. Y Reagan ganó las elecciones por segunda vez.  

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1988: Bush vs. Dukakis. Los vicepresidentes y JFK. 

Lo que el candidato demócrata Michael Dukakis perdió por falta de emoción y pasión ante el republicano George H. W. Bush lo ganó su compañero Lloyd Bentsen frente a Dan Quayle, demostrando que también los debates entre candidatos a la vicepresidencia tienen sus momentos estelares (recuerden los disgustos que Sarah Palin le dio a McCain). A Quayle lo comparaban con JFK por su juventud y aspecto físico. Y cometió el error de nombrar al presidente asesinado durante el debate, intentando enlazar con su legado. Bentsen aprovechó el desliz. “Trabajé con Jack Kennedy [sus íntimos le llamaban así, “Jack”, en lugar de “John”]. Le conocí bien. Era mi amigo. Senador, usted no es Jack Kennedy”. La audiencia aplaudió ante aquella frase lapidaria. Cuatro años después, George H.W. Bush perdió las elecciones frente a Bill Clinton.

2000: Gore vs. Bush. Contra todo pronóstico.

Aunque la sustancia estaba del lado de Al Gore frente al entonces gobernador de Texas George W. Bush, al demócrata le fallaron las formas. Apareció irrespetuoso y agresivo, y eso se volvió contra él en un debate en el que Bush se presentó como el candidato afable frente al rígido Gore, que se había ganado una gran reputación como vicepresidente en la Administración Clinton. Sin peso intelectual frente al que daban como ganador, Bush no solo no se estrelló, sino que acabó ganando el debate contra todo pronóstico. Desde entonces, los principales partidos rebajan las expectativas de sus candidatos y los preparan para casi todo. 

2012: Obama vs. Romney. “Carpetas llenas de mujeres”.

En el primer debate de 2012, Obama no pareció tan enérgico ni dio ninguna de esas rápidas respuestas que tanto esperaban los telespectadores. En el segundo, Romney fue corregido por la moderadora tras afirmar que Obama tardó dos semanas en denominar “acto terrorista” el ataque contra el consulado americano en Bengasi (Libia). Y volvió a meter la pata cuando contó que, como gobernador de Massachusetts, se esforzaba “por salir a buscar a mujeres que estuvieran cualificadas para ocupar puestos” en su gabinete. Hablé con varios grupos, les pregunté si podían ayudarnos y nos trajeron carpetas llenas de mujeres”. Un extraño comentario con cientos de memes circulando por internet al día siguiente.

Las redes sociales explotaron y la desigualdad entre hombres y mujeres, ausente en la campaña hasta entonces, fue protagonista en un debate moderado por una mujer –Candy Crowley, de CNN- por primera vez en 20 años.  

 2016: Clinton vs. Trump. “No pagar impuestos me hace inteligente”. 

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Entre los muchos y muy absurdos temas que Donald Trump introdujo en la campaña de 2016 se colaron también algunos que le tocaban directamente el bolsillo. Como hacer pública su declaración de impuestos. En uno de los tres debates televisivos, el millonario del ladrillo que acabó convertido en presidente de Estados Unidos afirmó que la publicaría cuando su oponente, Hillary Clinton, mostrara “los 33.000 emails borrados” de su servidor. “Los espectadores se tienen que preguntar por qué no publica su declaración. Yo creo que puede haber varias razones: quizá no es tan rico como dice, quizá no reparte tanto dinero a obras de caridad como asegura, quizá no ha pagado sus impuestos”, señaló Clinton. A lo que Trump respondió: “Eso me hace inteligente”. 

2006: Berlusconi vs. Prodi. Il Cavaliere irritado. 

Acostumbrados a pelear más que a debatir en televisión, los duelos entre candidatos políticos en Italia vivieron un extraño momento en las elecciones de 2006, cuando Silvio Berlusconi y Romano Prodi aceptaron batirse en la RAI en busca del voto del 24% de indecisos, según mostraban aquel año las encuestas. Hablaron de impuestos, de economía, de la Italia moderna y la competitividad. Berlusconi acusó a Prodi y a la izquierda de "estar difundiendo el pesimismo y el catastrofismo, suscitando el miedo entre los italianos". Las reglas en cuanto a tiempo, cámaras y preguntas restaron espontaneidad al debate, sin cortes publicitarios ni público. Las respuestas no debían durar más de dos minutos y medio, aunque Berlusconi se saltó la norma en varios momentos, irritado por unas reglas a las que no estaba acostumbrado. Prodi acabó convirtiéndose en primer ministro de su país por segunda vez.

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Doce años después, en 2018, Berlusconi seguía practicando la campaña del miedo en un momento en que las encuestas le daban como favorito en las elecciones generales que acabaron ganando el Movimiento 5 Estrellas de Luigi di Maio y la Liga Norte de Matteo Salvini. En plena campaña electoral y en televisión, el líder de Forza Italia soltó: “Los inmigrantes son una bomba social lista para explotar. En Italia hay al menos 630.000 inmigrantes, de los que solamente el 5% tiene derecho a permanecer. El resto son una bomba social que vive de delitos. La inmigración es una cuestión urgentísima. Cuando estemos en el gobierno invertiremos muchos recursos económicos en seguridad”. Salvini, por su parte, se negó a debatir en televisión con Matteo Renzi, a lo que este declaró que las campañas sin duelos televisivos son absurdas.  

2010: Reino Unido estrena duelo televisivo 

Los candidatos suelen negarse a estas batallas en la televisión británica (la última que dijo no, Theresa May en 2017), que tuvo su primer contacto con esta fórmula en 2010. Entonces se celebraron tres debates entre tres candidatos: Gordon Brown, David Cameron y Nick Clegg. Ninguno de ellos está ya en primera línea de la política. El Brexit ha podido con todo.

Stefan Rousseau

Pero en 2010 fue Clegg, líder del Partido Liberal Demócrata y hoy vicepresidente de comunicación y asuntos globales de Facebook, el que emergió con fuerza frente a sus dos contrincantes. Hablaron de inmigración, economía, corrupción (en pleno escándalo por los gastos de los diputados), el euro y Europa. En aquellas elecciones los liberal demócratas ganaron 57 escaños en la Cámara de los Comunes y formaron coalición con los conservadores de Cameron. 

2015: Cinco candidatos debaten por primera vez en Argentina

El primer debate presidencial de la historia argentina reunió a todos los aspirantes excepto al oficialista Daniel Scioli, representado por un atril vacío, que sí se midió con Mauricio Macri un mes después en un cara a cara. Fue en las presidenciales de 2015, que ganó Macri, cuando los candidatos a suceder a Cristina Kirchner hablaron durante más de dos horas sobre pobreza, creación de empleo, corrupción o economía. La izquierda propuso la legalización de la marihuana y el aborto gratuito y seguro “para que no mueran más de 300 mujeres cada año”. Y todos hicieron causa común contra el narcotráfico.  “Cien de las 650 toneladas de cocaína que se producen en el mundo salen en aviones y barcos de Argentina con los trabajadores de aduanas como cómplices. Nunca hubo tantos funcionarios enriquecidos por el narcotráfico ni se han pagado tantas campañas electorales con la plata de la droga”, apuntó Margarita Stolbizer, de Progresistas.

2017: El tono venenoso de Macron y Le Pen

Fueron más de dos horas de desencuentros y mala onda entre los dos candidatos presidenciales franceses, Emmanuel Macron y Marine Le Pen, que discreparon en todo, desde la educación pública hasta la Unión Europea. Era la primera vez que debatían cara a cara, y el tono fue venenoso desde el principio. Ella le acusó de ser el heredero político del impopular François Hollande y de querer “vender Francia al mejor postor”.

Eric Feferberg / GTRES

Él respondió que Le Pen es la candidata “del odio, la derrota y la negatividad”, y que no entiende la complejidad de la economía. “Respecto a su idea de mantener una moneda común en la eurozona y utilizar una nacional en Francia, ¿cómo funcionaría eso?”, le preguntó Macron a Le Pen. También chocaron en política exterior, acusándose el uno al otro de “ponerse de rodillas” ante Alemania o Rusia. Aquella contienda electoral la ganó el actual presidente Macron, pero en el debate ninguno supo convencer a los indecisos. 

2018: Golpes bajos, abrazos, insultos y bromas en México

Acusaciones de "mentiroso", golpes bajos, abrazos, insultos y bromas. El segundo debate televisivo de los candidatos que aspiraban a la presidencia de México fue una mezcla de todo eso, y especialmente un examen para quien acabó ganando las elecciones, Andrés Manuel López Obrador. Uno de los momentos más comentados de la noche fue cuando Ricardo Anaya, el hombre del PAN que iba segundo en las encuestas, atacó al exalcalde de Ciudad de México porque uno de sus hijos estudió en España. López Obrador, a continuación, aludió a la fortuna del conservador, mostrando los ingresos injustificados de su familia. Y zanjó: “Es un corrupto este señor. Creo que ya se le acabó su teatrito”. 

2018: La inmigración enciende el debate en Suecia  

En el último debate televisivo antes de las elecciones del 9 de septiembre de 2018, el líder de la extrema derecha sueca lanzó una dura crítica contra la política migratoria de su país, afirmando que pone a los extranjeros primero, y acabó discutiendo con todos sus rivales. “En los últimos 10 años han venido un millón de personas más por estas políticas irresponsables”, subrayó Jimmie Akesson al frente de Demócratas de Suecia. Por su parte, Jan Björklund, líder de los Liberales, acusó a su oponente de no tener corazón mientras la jefa de los Verdes, Isabella Lövin, dijo que Akesson “lanza palabras llenas de veneno” y la candidata de centro, Annie Loof, recordó los beneficios que los inmigrantes han llevado al país: “No podríamos hacerlo sin ellos”. La extrema derecha obtuvo un 17,5% de los votos y 62 escaños en el Parlamento, convertida en la tercera fuerza del país, que finalmente y tras tres votaciones de investidura logró alumbrar un gobierno socialdemócrata y aislar al partido de Akesson con la abstención de los excomuistas y de dos partidos conservadores.