Si hay un par de compañías automovilísticas cuyos nombres suelen sinónimo de lujo y distinción sobre ruedas, esas son Rolls-Royce y Bentley. Desde los años 30 del pasado siglo, ambas compañías británicas convivieron bajo el mismo paraguas empresarial. En 1998, separaron sus caminos y cada una de ellas quedó integrada en un gran grupo automovilístico: la primera fue a manos de BMW, mientras que Bentley pasó a formar parte del gigante Volkswagen.

Fundada por Walter Owen Bentley en 1918, esta firma inglesa adquirió pronto un enorme prestigio por la calidad y prestaciones de sus automóviles, pues no en vano fueron quienes más triunfos cosecharon en la famosa carrera de las 24 Horas de Le Mans durante los años 20. En 1932, Rolls-Royce compró Bentley y ambas compañías iniciaron una trayectoria conjunta, fruto de la cual surgió la fábrica de Crewe, el único centro donde, todavía hoy, se proyectan, diseñan y construyen los coches con la “B” alada en su frontal. Originariamente, la factoría de Crewe, un pequeño pueblo situado al noroeste de Inglaterra, se destinó a la realización de motores Rolls-Royce para abastecer a la aviación aliada durante la II Guerra Mundial. Llegó a tener 10.000 empleados en 1943, frente a los 4.000 actuales. Al final de la contienda, se transformó en una planta de automóviles. El primer vehículo salió de sus instalaciones en 1946.  

Otro detalle de los pulcros acabados del Birkin Mulsanne.   | Material cedido por Bentleymedia

 

Orgullo local

Hoy, en Crewe conviven reputados ingenieros de la industria del motor con artesanos que, en muchos casos, son ya la tercera generación de familias de la zona que hace varias décadas ligaron su destino al de esos excepcionales automóviles. La mayoría de habitantes de la localidad trabaja para Bentley, en especial en esas labores manuales de extrema precisión que suelen pasar de padres a hijos. El programa de aprendices de la marca, que dura tres años y medio, contempla que los participantes estudien en el colegio tres días a la semana y dediquen otros dos a formarse en la factoría.

La singularidad de la fábrica de Crewe es que tan pronto encontramos en ella naves completamente robotizadas como otras con cientos de operarios junto a máquinas de coser, focos especiales y tijeras. Ellos seleccionan la piel natural de la tapicería, que siempre procede de un mismo paño para que no haya diferencias de tonalidad, y descartan cualquier zona en la que se vea la más mínima imperfección. Así, de todo el material recibido, se rechaza un 50%, que se revende a otras industrias, simplemente porque los animales de los que procede se han podido rozar en una alambrada o porque hay una minúscula marca fruto de una pelea entre ellos. Lo mismo sucede con la madera, de la que apenas se aprovecha el 10% de lo que llega. El salpicadero está hecho de una sola pieza y el resto de lo utilizado para puertas o consolas mantiene la uniformidad de la veta, cortada con esmero a partir de un tronco único.

Un Mulliner R-Type Continental de 1952, depurado ejemplo de la elegancia artesanal de Bentley. | Material cedido por Bentleymedia

Esto se traduce en que, por ejemplo, un Bentley Mulsanne tarde en fabricarse una media de 500 horas, mientras un turismo convencional se hace en poco más de 20 horas. El motor, firmado por el operario que se ha ocupado de él, exige 30 horas de ensamblaje; el cosido a mano del volante se prolonga 15 horas. Además, hacen falta cinco semanas para que el tronco de madera en bruto se convierta en pulidas láminas simétricas para forrar el habitáculo. Y la musculosa carrocería, moldeada de forma artesanal con unas técnicas especiales, requiere un mínimo de nueve semanas para estar lista.

En Bentley dicen que es casi imposible encontrar dos coches iguales. Sus catálogos de configuraciones ofrecen cientos de colores de carrocería, decenas de tonalidades para el cuero natural y múltiples tipos de madera de raíz, con diversas incrustaciones de marquetería. Es más, si alguien no se conforma con la oferta estándar, se analiza cualquier sugerencia siempre que su producción resulte viable.

John Paul Gregory, uno de los diseñadores de Bentley,  dibujando a mano el Continental Supersports.   | Material cedido por Bentleymedia.

En 2016, Bentley consiguió el récord de ventas de su historia, 11.023 coches, que siguen siendo absolutamente exclusivos, lujosos y elegantes, con un interior cargado de buen gusto y refinamiento, donde el aroma a cuero viejo contrasta con los modernos detalles de acero.

Toda la gama de Bentley está disponible en Bentley Madrid (calle de Alcalá, 101, 28009 Madrid, 91 458 55 59). Más información en www.madrid.bentleymotors.com.

 

En la fábrica de Bentley conviven las naves robotizadas con salas en las que artesanos locales trabajan a mano entre máquinas de coser, focos especiales y tijeras. | www.maxearey.com