Las gafas, lentes, anteojos o antiparras son instrumentos ópticos cuya existencia está bien documentada desde el siglo I de nuestra era. A Tom Broughton, fundador de la empresa de diseño óptino Cubitts, siempre le ha interesado la prehistoria de las lentes binoculares.

Su exposición London, Spectacles and Half A Millennia, es el fruto de esta fascinación por los orígenes del negocio al que se dedica. Broughton y su equipo han rastreada más de seis siglos de féril relación entre su ciudad, Londres, y las gafas, sacando a flote gran cantidad de fascinantes historias sobre miopes ilustres y los rudimentarios instrumentos que utilizaban para recuperar al menos parte de su agudeza visual.

 

Los altibajos de una industria

La muestra arranca con los anteojos londinenses más antiguos que se conservan, encontrados en Trig Lane, cerca del Támesis, y datados a principios del siglo XV, y se extiende hasta nuestros días pasando por el espectacular crecimiento de la industria óptica que se produjo tras el final de la Segunda Guerra Mundial o el glamouroso diseño de la década de los 60.

Una historia de augue, decadencia y auge renovado que tiene protagonistas tan destacados como Isaac Newton, autor de un revolucionario tratado sobre óptica, o James Ayscough, primer gran fabricante británico de gafas de sol, un pionero capaz de crear de la nada una sólida industria en pleno siglo XVIII. Por supuesto, no faltan invenciones tan británicas como el monóculo o las gafas de mango, también conocidas como impertinentes. En Port quisimos hablar con Houghton de su interés personal por la rica historia de la gafas y las razones que le impulsan a tratar de darla a conocer.

 

¿Por qué decidieron ustedes embarcarse en este proyecto?

Porque Cubitt es una comnpañía a la que encanta colaborar con proyectos artísticos y educativos. Yo fundé la compañía porque me apasiona nuestro producto, me encantan las gafas. Siempre me ha sorprendido esa costumbre que tiene mucha gente de quitarse las gafas cuando posan para una foto. ¿Por qué lo hacen? Con frecuencia, las gafas son el complemento más atractivo y mejor diseñado que llevan puesto, mejor que sus trajes, sus corbatas y sus zapatos. ¿Por qué no las exhiben con orgullo? En los últimos años, nos hemos esforzado por difundir lo mucho que sabemos sobre la tradición y la cultura del diseño óptico. Esperamos que eso ayude a la gente a valorar más sus gafas, a entender la creatividad, el talento y los siglos de hisoria que hay detrás de ellas.

 

¿Fue difícil convencer a otras marcas para que estuviesen presentes en la exposición?

En aboluto. Cutler & Gross o Goldsmiths estuvieron encantados de colaborar en este proyecto, porque comparten la pasión que sentimos por nuestro producto. Creo, además, que les gustó el planteamiento. Porque nuestra exposición pretende contar una historia apasionante, y a cualquiera le gustaría formar parte de una historia así.

 

Cubitts debe su nombre a los hermanos Cubitt, tres ingenieros de la Inglaterra victoriana que revolucionaron la industria de la construcción. ¿Cómo pretenden ustedes revolucionar la industria óptica?

Elegimos ese nombre porque queríamos recoger la filosofía innovadora de los Cubitt y llevarla a otro campo. Ellos transformaron profundamente una industria tan antigua como el género humano, pero que se había estancado en su época. En la Inglaterra de finales del siglo XIX se construía muy mal, de manera lenta, cara y poca atractiva. Ellos consiguieron trabajar de manera mucho más rápida y económica sin por ello descuidar la elegancia ni trabajar con materiales de mucha mejor calidad. La prueba del excelente trabajo que hicieron es que sus edificios permanecen, están ahí para demostrarnos lo muy innovadores y eficaces que resultaban los métodos que aplicaron. Cuando nosotros llegamos a esta industria, en 2012, la mayoría de las compañías se orientaban a una agresiva política de venta al por mayor y reducción de costes que implicaba diseños rutinarios, abuso de plásticos y materiales no ecológicos y de dudoso valo estético en las monturas e incluso unas pruebas de graduación que parecían visitas al dentista. Yo siempre pensé que las cosas se podían hacr mucho mejor. Cuando tenía 20 años y vivía en Leicester, me gasté parte de mi primer sueldo en unas gafas Cutler & Gross preciosas. Recuerdo la sensación de felicidad y orgullo que tuve al sacarlas de la caja y ponérmelas. Quiero diseñar y vender gafas que hagan que la gente se sienta así.

 

¿Cuáles son los principales cambios que se han producido en esta industria en los últimos siglos?

El principal, el que de alguna manera lo resume todo, es que hasta que llegó el siglo XIX las gafas eran un intrumento óptico que servía para hacer cosas. Te la ponías para leer el periódico o para ver mejor un espectaculo deportivo. Pero luego llegaron innovadores como Edward Scarlett que las convirtieron en una especie de prótesis, algo que podías llevar siempre puesto y que te facilitaba y enriquecía la vida. Scarlett trató la miopía como lo que es, una pequeña discapacidad (de hecho, la discapacidad más extendida del mundo) a la que por suerte no hay que resignarse, porque las gafas la corrigen por completo. El siguiente paso fue convertirlas en algo más que una prótesis, en un complemento de moda y estilo que te apeteciese llevar puesto, y eso lo consiguieron diseñadores de la década de los 50 y 60 como Michael Birch, apoyados también en la imagen de gente a la que le sentaban tan bie las gafas como a Cary Grant, Peter Sellers o Michael Caine. Si eso le unes lo mucho que ha mejorado el diseño en los últimos diez años, creo que finalmente hemos conseguido que las gafas sean algo cool.

 

Ustedes suelen decir que centran sus esfuerzos en el diseño de monturas, pero a mismo tempo no pretenden que sean nada más que monturas.

Exacto. Cuando Lewis Cubitt diseñó la estación de Kings Cross en 1847 no pretendía que fuese nada más que una estación. En cambio, la estación de St. Pancrass, también en Londres, es un edificio neogótico con sus gargolas y demás. Claramente, pretende ser una especie de catedral gótica, y la idea no funciona, hubiese sido much mejor que se conformase con ser una estación. Nuestras monturas son elegantes y atractivas, pero funcionales. La obra de Lewis Cubitt será admirada por su sensatez, funcionalidad y belleza dentro de 300 años. A menos que Inglaterra no sobreviva al Brexit, por supuesto, y esto acabe hecho un solar.

 

Usted que tan bien conoce el pasado de la industria óptica, ¿cómo ve su futuro?

Creo que la innovación por la innovación no funciona. Basta con ver lo que ha ocurrido con las Google Glasses, un experimento fallido porque no ha tenido del todo en cuenta cómo miramos en realidad y cómo funcionan nuestros cerebros. El problema no era tecnológico, sino de concepto. Un estudio neurológico reciente muestra que nuestro subconsciente es capaz de procesar más de 2.000 bits de información por segundo, pero que nuestro cerebro racional no puede hacer uso de más de 150. En una conversación, por ejemplo, solemos emplear unos 60 bits por segundo. Así que el reto de la tecnología aplicada a la industria óptica es partir de esa realidad y ver cómo pueden diseñarse objeos que sean capaces de ir más allá de las limitaciones de nuestro cerebro.

London, Spectacles & Half a Millennia, exposición de Cubitts, se ha exhibido en el James’s Marke Pavilion de Londres.