Aunque sea uno de los países más preocupados por el cambio climático, España es también el país de la Unión Europea que incurre en mayor número de infracciones medioambientales. Los estudios indican que alrededor de la mitad de la sociedad está dispuesta a renunciar a determinados hábitos nocivos desde un punto de vista ecológico, pero casi el 40% rechaza cambiar sus hábitos si ello supone algún tipo de esfuerzo o renuncia. El grupo demográfico más comprometido son las mujeres de entre 45 y 66 años y con un nivel formativo medio o alto.

Estos datos cobran especial relevancia considerando que acaba de arrancar en Madrid la Cumbre del Clima de la ONU (COP25), cuyo objetivo es consensuar un protocolo internacional de actuaciones que contribuya a frenar el cambio climático, un fenómeno sobre cuya gravedad existe un alto grado de consenso científico.

 

Una calidad de arte deficiente

Precisamente la capital de es una de las ciudades españolas (la otra es Barcelona) que sobrepasan con frecuencia el nivel de emisiones de dióxido de nitrógeno que se considera aceptable. En una encuesta de hábitos y aptitudes relacionados con el medio ambiente que ha publicada AIMC, se observa como al 73,3% de los españoles les preocupa la contaminación provocada por los vehículos particulares. Ese dato entra en contradicción con los hábitos de la gran mayoría de la población, que en un porcentaje abrumador prefiere desplazarse en coche a recurrir a cualquiera de las alternativas. También es significativo que, según una encuesta reciente publicada por IPSOS, el 93% considere un grave problema la contaminación del aire y el 72% apoye restringir el tráfico por el centro de las ciudades. Una vez más, no se aprecia una correlación directa entre preocupación medioambiental y pautas de comportamiento.

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Infracciones reiteradas

Las contradicciones que se aprecian entre los ciudadanos se hacen extensivas a la esfera institucional. Según datos de la ONU, cerca de 7 millones de personas mueren anualmente en todo el mundo debido a dolencias relacionadas con la contaminación medioambiental. De esas muertes, 4 millones se producen en la zona geográfica de Asia y el Pacífico. En España, son alrededor de 9.000 las muertes anuales debidas a la falta de calidad del aire. España ostenta el dudoso honor de ser el país más sancionado por la Unión Europea por no respetar las directrices medioambientales. La Comisión Europea se ha referido en reiteradas ocasiones a la incapacidad de España para proteger adecuadamente a sus ciudadanos, así como de adaptar su política medioambiental a leyes comunitarias que, en algunos casos, llevan ya ocho años en vigor. De hecho, fue una directriz comunitaria la que impidió revertir el proyecto Madrid Central.

 

Consenso (relativo) en torno al reciclaje

Como dato positivo, las encuestas reflejan un ligero cambio de hábitos producido en los últimos años. El 90,3% de los consultados afirma que ha adquirido la costumbre de llevar su propia bolsa a la compra y el 90% recicla o separa residuos de manera habitual o con cierta frecuencia. Los hombres siguen siendo más reacios que las mujeres a este tipo de cambios. Sin embargo, resulta sorprendente la resistencia a renunciar a hábitos de consumo de ese 40% que se declara poco o nada dispuesto a hacer "sacrificios", de la población, porcentaje que es incluso algo superior entre los más jóvenes. Solo el 5%, según la encuesta IPSOS, no separa ningún residuo, un dato prometedor (sobre todo si lo comparamos con lo que ocurría hasta hace muy pocos años), pese a que son más del 45% los que consideran que esa separación de residuos resulta poco o nada útil.

 

Desconfianza con respecto a las marcas

Ese escepticismo del español medio se extiende a la supuesta sensibilidad ecológica de las marcas comerciales. Según la encuesta de la encuesta AIMC, casi 60% considera que el tan pregonado cambio de actitud no es sincero, sino más bien un argumento de marketing, y el 84% se muestra a favor de imponer por ley directrices medioambientales más estrictas a las empresas.

También la OMS aporta datos que invitan a la reflexión. Según sus estudios, la deficiente calidad del aire está relacionada con más de 1.000 muertes prematuras diarias en la Unión Europea, diez veces más que las atribuibles a accidentes de trafico. A su vez, la ONG ambientalista Greenpeace ofrece un mapa virtual en el que muestra las acciones medioambientales tanto positivas como negativas que se realizan en cada punto concreto de nuestro país. Un ejemplo significativo es lo que está ocurriendo en la costa de Lanzarote, donde hay 22 hoteles ilegales que siguen funcionando a pesar de que la justicia ha ordenado su derribo.

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Ni un euro más

Sin embargo, el punto que mejor evidencia las contradicciones entre la conciencia medioambiental de sus ciudadanos y su comportamiento cotidiano es la economía: según la encuesta realizada por IPSOS en 2018, el 94% de los consultados está en contra de pagar más impuestos para que el Gobierno ponga en marcha nuevas políticas de reciclacje, aunque un 32% se muestra favorable siempre que esos impuestos afecten exclusivamente a empresas de consumo, en especial grandes superficies comerciales. Como dato curioso, la contaminación del agua preocupa a un porcentaje muy reducido de ciudadanos de la Unión Europea, pero es motivo de inquietud muy frecuente en América Latina.

Los datos apuntan, en definitiva, a que a nuestro país le queda un largo trecho por recorrer. Las preocupaciones medioambientales se han extendido entre la población, pero no hasta hasta el punto de impulsar un cambio profundo de estilos de vida. De momento, siguen siendo legión los españoles que piensan que el esfuerzo por revertir la situación, ya sea adoptando nuevas costumbres o pagando más impuestos, deben hacerlo otros.