Mientras lee estas palabras, Netflix está financiando un proyecto basado en el rescate exitoso de 12 escolares y su entrenador de una red de cuevas tailandesas inundadas: fue en el verano de 2018, y la historia se apoderó del mundo durante aquella dura experiencia de dos semanas. Pero el germen de esta película existió de alguna forma desde el momento en que la cueva apareció por primera vez en los canales de noticias de todo el mundo, gracias a la capacidad de reacción instintiva del mundo del entretenimiento para cuantificar el valor de estos "eventos" en la pantalla grande.

Hay algunos directores que se sienten atraídos por tales desafíos, de forma repetida. A finales de 2018, Paul Greengrass hizo una película para Netflix (22 de julio) sobre el asesinato de 77 personas en una playa noruega en 2011. No era la primera vez. Antes había rodado United Flight 93 (2006), Bloody Sunday (2002) y  The Murder of Stephen Lawrence (1999). Del mismo modo, Peter Berg ha tenido éxito con películas basadas en tragedias estadounidenses. Convirtió el atentado del maratón de Boston y el desastre natural del Deepwater Horizon en películas, ambas lanzadas en 2016.

Lo que Peter Berg tiene de su lado, de lo que Greengrass carece, es la localización. Berg es un director estadounidense que dirige a estadounidenses sobre historias estadounidenses. En cierto sentido, él es parte de la gran historia. Al rodar 22 de julio, Greengrass, que es británico, tuvo que localizar una zona de grabación en Noruega, así como contratar a actores y un equipo técnico en el país escandinavo. ¿Estaba obligado? No. Pero el hecho de que lo hiciera así sugiere que calcula cada movimiento significativamente más. No tanto en términos de precisión, sino en términos de respeto y responsabilidad.

Hay un esfuerzo masivo en toda la industria de vincular estas películas a su núcleo étnico o nacionalista, ya que las historias que realmente impactan en el corazón de una nación rara salen de ella. El mencionado proyecto de Netflix ha caído en manos de John Chu, un director de pedigrí de éxito de taquilla estadounidense, y a Nattawut Poonpiriya, un prometedor director tailandés. ¿Es esto una coincidencia? Por supuesto no. Pero es interesante la industria claramente lo considere necesario para legitimar sus esfuerzos. No hay leyes que dicten cómo se deben manejar las adaptaciones, solo son entretenimiento, pero quitarle la historia a su gente parece ser un gran paso en falso. Incluso John Chu tuiteó para asegurar a sus fans que no habrá “blanqueo” del elenco actoral en su versión de la película.

Será interesante ver cómo estas películas manejan la muerte de Saman Kunan, buzo de rescate y ex SEAL del ejército tailandés que falleció heroicamente entregando botellas de oxígeno en la red de cuevas. La muerte de Kunan focaliza la historia en la de un hombre que perdió su vida voluntariamente para salvar a niños que ni siquiera conocía. Como tal, su muerte es significativa y debería aparecer en estas películas, pero la pregunta es hasta qué punto puede variar dependiendo del tono de las películas.

Filmes como Nightcrawler de Dan Gilroy, aunque aterradores y provocadores por su cercanía con una realidad social, no ponen los pelos tan de punta porque no están arraigadas a verdades específicas. No es necesario, por tanto, cambiar los nombres ni las ubicaciones. Las opciones más seguras para adaptar la tragedia que sí es real sin frivolizar están en los documentales, pero dependiendo de cuán afilado sea el cuchillo narrativo, aún se puede encontrar controversia. Bowling For Columbine no tuvo exenta de polémica, igual que Going Clear y Leaving Neverland, dos de las películas más importantes de los últimos años en cuando a su incidencia en la opinión pública.

El público siempre tendrá su opinión, y algunas veces, incluso tomará cartas en el asunto: el año pasado, el cineasta irlandés Vincent Lamb se encontró con más de 260.000 firmas solicitando que su película sobre el asesinato de James Bulger fuera boicoteada. A pesar de esto, Detainment, la película independiente de 30 minutos que participó en Cannes y el Odense Film Festival, ganó el Gran Premio de 2018 de este último. Se ha mostrado en Francia, Polonia, Grecia, Irlanda, Dinamarca, Austria y Estados Unidos, pero no en Reino Unido, donde su transmisión en Amazon Prime está bloqueada. 

Aunque la adaptación de Netflix será posiblemente la producción a mayor escala sobre el rescate, la película The Cave, de Tom Waller ya ha terminado de rodarse y se estrenará en noviembre. Una vez más, encontramos un hilo conductor, ya que Waller, medio tailandés, es quien se ha puesto al frente de este proyecto a nivel personal.

 

Estas son solo dos de al menos seis películas supervisadas actualmente por el gobierno tailandés, y todas ellas de alguna forma parecen compensar a las familias de los niños involucrados. Así como Greengrass donó el 10% del fin de semana inaugural de United 93 al monumento de las víctimas y Spielberg usó las ganancias de La lista de Schindler para financiar varios documentales sobre el Holocausto, estas películas generalmente tienen que devolver algo para ser reconocidas y aceptadas.

A la luz de los recientes tiroteos en El Paso, Gilroy y Dayton, Universal Pictures ha decidido archivar The Hunt, una película sobre individuos perseguidos por la élite rica exclusivamente por deporte. Aunque probablemente sea una medida temporal. Después del 11 de septiembre, el estreno de la película Collateral de Schwarzenegger se retrasó 4 meses, el de Death Wish de Eli Roth se retrasó cinco meses después del tiroteo de Las Vegas en 2017 y Última llamada se aplazó el mismo tiempo después de los ataques de francotiradores de Beltway. Con eso en mente, es muy probable que podamos sentarnos en un cine y ver The Hunt con palomitas en algún momento a principios del próximo año.

Aparentemente, el mundo aún no ha visto un desastre del que no está dispuesto a hacer una adaptación. El Holocausto, Chernobyl, el 11 de septiembre, Hillsborough, el Titanic, los genocidios armenios y ruandeses... todo aparentemente juego limpio. Las tragedias venden, y todo lo que se necesita es una cantidad suficiente de tiempo y distancia emocional antes de que estemos dispuestos a recibir estos temas como entretenimiento directo. Pero si tenemos en cuenta que la inmediatez es lo que cada vez prima más en todo lo que nos rodea, y de eso no se salva la industria del cine y la ficción en general, dependerá de nosotros, en gran medida, decidir cuándo se cruza realmente una línea roja.