Originalmente publicado el 14 de diciembre de 1979, London Calling está considerado uno de los grandes álbumes de rock & roll de todos los tiempos. Posee todos los ingredientes necesarios para ello. Fue creado por un grupo que alcanzó su verdadera identidad a la vez que tocaba el cielo. Posee unas cuantas canciones que trascienden a la obra y a la época en la que fue registrada. Y cuenta con una portada que capta ese momento de gloria y confusión, de energía sin control que llevó The Clash a coronar su cima artística y que fue plasmada gracias a la fotografía que Pennie Smith tomó, casi de casualidad, durante un concierto del cuarteto en Nueva York. 

Una de las ironías del disco es que, viniendo firmado por una de las bandas líderes del punk británico, marcó el final definitivo de aquella música, o al menos, de la primera generación de punks, la surgida a finales de 1975 con los Sex Pistols a la cabeza. London Calling pulveriza los dogmas del punk y se queda únicamente con su espíritu combativo y furioso.

Es un álbum doble. De hecho, según escribió el prestigioso crítico americano Robert Christgau en su día, “era el mejor disco doble desde la aparición de Exile On Main Street”, uno de los título clásicos de los Stones. O sea que la herejía también fue doble: The Clash no sólo hacían álbumes ambiciosos como los dinosaurios del rock ante los cuales se habían revelado, también se ponían a la altura de sus clásicos. London Calling era el tercer álbum del cuarteto formado por Joe Strummer, Mick Jones, Paul Simonon y Topper Headon, pero en realidad era el primero en el que le sacaban el máximo partido a su identidad.

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El descubrimiento de América

La culpa de todo este proceso la tuvo Estados Unidos. La malvada América, el país del cual se habían burlado poco tiempo atrás con la canción “I’m So Bored With The USA”. The Clash no actuaron allí hasta enero de 1979. Ese año se editó allí, con dos años de retraso, su primer álbum. The Clash, vendió alrededor de 100.00 copias pero, el brazo estadounidense de Epic, el sello discográfico que editaba sus discos, no tenía el más mínimo interés en ellos.

El público yanqui tenía ganas de punk británico pero, según Strummer, “el desinterés hacia nosotros era tal que parecía que fuésemos leprosos; creo que si alguien hubiese mostrado interés en promocionarnos, habría sido despedido”. Nada de esto impidió que la comunión norteamericana de The Clash fuese toda una epifanía. El grupo descubrió allí tanto sus raíces como el futuro por el cual debía discurrir su música. Porque otra de las características destacables de London Calling es su aperturismo hacia estilos que hasta entonces no tenían cabida en una banda punk. Están presentes el blues y el rockabilly, además del ska y el reggae; incluso hay un ligero ramalazo funky en “The Guns of Brixton”. Las dos giras americanas que realizaron durante 1979 les acercaron a esas otras músicas, algunas de ellas íntimamente ligadas a las minorías étnicas y sociales reprimidas o ignoradas por Ronald Reagan.

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Así fue como The Clash dejaron de ser un grupo punk para  transformarse en un grupo de rock & roll. América les enseñó cómo hacerlo. Para su primera gira, y para mayor cabreo de Epic, eligieron como teloneros a dos nombres legendarios: Bo Diddley y Lee Dorsey. Cuando actuaron en Nueva York, la élite cultural de la urbe fue a verlos, de Warhol a Scorsese. The Clash se empaparon también de la imaginería del imperio, tanto de la  oficial como de la marginal. Fue en San Francisco que Strummer, a través del activista y veterano del Vietnam Moe Armstrong, descubre la existencia del ejército sandinista. El disco que grabarían bajo ese título en 1980, ampliando al máximo su perfil político y musical, tiene su semilla en London Calling, aunque debido al exceso de ideas intenciones, no consiguió superar a este.

 

Puertas abiertas al futuro

En 1979, el punk había empezado a diluirse en otras músicas. Previamente ya había mutado a un pop más colorista, el que dio cuerpo a la new wave. Pero la libertad que toda una generación había conquistado gracias a aquella imprevista revolución abrió las puertas a un nuevo abanico de posibilidades. Los géneros negros segregados como el reggae, el ska y el funk cayeron en manos de grupos como The Slits o The Pop Group. Las estructuras arquetípicas del rock & roll fueron sustituidas por el dub o el krautrock.

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Nació también una música más oscura y decadente, con la mirada puesta en Europa. Los primeros brotes de pop electrónico llegan de la mano de OMD y Human League. Los discos alternativos que definen 1979 son obras frías -Metal Box de PIL, Unknown Pleasuresde Joy Division-, protoelectrónicas –Reproduction de Human League, Orchestral Maneuvres In The Dark, de OMD- o de funk rock marxista o anarquista –Entertainment! de Gang of Fourde The Pop Grop. El único disco grabado por una banda británica ajena a la experimentación que dejó una huella profunda en la música en aquel año de mutaciones fue London Calling. Una revisión del rock & roll a manos de una banda que nació para exterminar dicho género.

El contenido político de las canciones, otra de sus bazas, iba más allá de lo que implica reivindicar el blues de New Orleans o el reggae. La letra de 'London Calling', el tema que da título al álbum, captaba la paranoia propiciada por las políticas conservadoras de Reagan y Thatcher, la debacle ecológica y el miedo a la energía nuclear y la omnipresente de la Guerra Fría. Sus versos, escritos por Strummer a instancias de su entonces esposa, fueron reescritos varias veces por insistencia de Mick Jones. “Spanish Bombs” fue producto de la pasión que Strummer sentía por Lorca y, una vez más, fue Gaby, la entonces pareja del músico, quien le animó a que la escribiera cuando la pareja escuchó en la radio la noticia sobre los atentados de ETA en el País Vasco.

A su manera, London Calling fue un estallido de energía liberado con el control necesario. La imagen borrosa de Paul Simonon (Pennie Smith tuvo que apartarse para que el instrumento no la golpeara, de ahí el ligero desenfoque de la imagen) estampando su bajo contra el suelo del escenario añadía un punto adicional de furia a la obra.

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