The Beatles anunciaron su separación en abril de 1970, pero su muerte por desgaste ya era un hecho cuando terminaron de registrar Abbey Road, su última aventura en el estudio. Poco antes habían concluido la tortuosa grabación de Let It be, el disco que en origen iba a devolverles a sus orígenes musicales –de ahí la tentativa de llamarlo Get Back (Vuelve)- y a los escenarios, pero que terminó erosionando la unidad del cuarteto. Let It Be se publicó un mes después de la noticia de la disolución del grupo, acompañado por un documental homónimo que refleja el mal estado de las relaciones entre sus cuatro componentes. Sin embargo, antes de que cruzaran el punto sin retorno, fueron capaces de crear una despedida a la altura de sus autores, su última obra maestra. Un disco que debía terminar, quizá no por casualidad, con una breve canción llamada The End, que a su vez concluía con los versos: “Y al final, el amor que das / es equivalente al amor que tomas”.

Del enfado, la obra maestra

Abbey Road se gestó entre borrascas que de alguna manera ejercieron como acicate para el talento de Lennon, McCartney y Harrison. Acostumbrados a existir y crecer sumidos en el vértigo, los Beatles recibieron al año 1969 con un surtido de acontecimientos que resultaron determinantes. En marzo se celebran dos bodas; la de Paul y Linda tiene lugar el 12 de marzo, el mismo día en que arrestan a George y a su esposa, Patty Boyd, por posesión de  marihuana. El 20 de marzo, John y Yoko celebran su boda en Gibraltar y su primera "encamada por la paz" (aquella icónica foto) tiene lugar cinco días después, en Ámsterdam.

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En mayo Apple Records lanza Electronic Music, de Harrison, y Unfinished Business Nº 2. Life With The Lions de Lennon y Ono, dos obras experimentales muy alejadas del imaginario musical de los Beatles. Pero el hecho que mayor impacto tendrá en el grupo es la entrada de Allen Klein como director de Apple. Klein llega impuesto por Lennon y en contra de los deseos de McCartney, que será el único que se niegue a firmar contrato con él. No le falló el olfato. Un par de meses después, fruto de los tejemanejes de Klein, el grupo pierde el control de la editorial Northern Songs, y por consiguiente, el control sobre el uso de sus canciones. Una situación que a la larga permitiría que Michael Jackson se hiciera con el catálogo del grupo en 1985.

Ese era el escenario en el cual los Beatles comenzaron a crear su último álbum. Tan sólo un mes después del histórico miniconcierto en el tejado de los estudios Apple en Saville Row, entraban en Abbey Road acompañados de nuevo por George Martin –ausente en Let It Be, cuya producción acabó firmando Phil Spector- y el ingeniero Geoff Emerick, que había abandonado las sesiones de The White Album por el mal ambiente que reinaba ya entre los miembros del grupo, cuando McCartney insistía en que volvieran a actuar y Harrison se oponía frontalmente a ello. Durante la sesiones de Abbey Road, que se iniciaron en julio, los desencuentros fueron aumentando. El detalle más tonto podía desencadenar una discusión, como cuando Yoko cogió sin permiso un poco de chocolate de Harrison. El mito de Ono como culpable de la muerte del grupo nace seguramente aquí. Lennon, todavía afectado por la pérdida del bebé que esperaban, ordena que monten una cama en el estudio para tener cerca a su esposa mientras esta se recupera de un accidente de moto. La imagen de Yoko recibiendo invitados en el estudio mientras el grupo grababa canciones no contribuyó a relajar el ambiente. Así y todo, las peleas sólo eran sonadas cuando los cuatro miembros del grupo coincidían en el estudio, cosa que, por aquel entonces, ya no era habitual.

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La dinámica de trabajo que inauguraran con The White Album se mantuvo en Abbey Road. Una vez graban las pistas básicas, cada miembro trabaja por su cuenta sus propias composiciones, como si se tratara de una grabación en solitario. Pero McCartney sigue oficiando como piloto de la nave, preocupándose de que la variedad sonora mantenga una coherencia. Su perfeccionismo terminará por sacar de sus casillas a Lennon en más de una ocasión. McCartney les hizo repetir Maxwell’s Silver Hammer tantas veces que hasta Ringo acabó detestándola. El rencor hacia Klein también dio sus frutos artísticos. You Never Give Me Your Money (nunca me das tu dinero) y Carry That Weight (cargar con ese peso) están inspiradas en él, aunque esta última terminaría siendo interpretada para siempre jamás como el momento en el cual los Beatles asumen que la obra posterior de sus miembros estará siempre a la sombra de la creada como grupo. En cierta manera, los cuatro sabían que aquel era su último disco y todas las señales apuntaban hacia ello. A pesar del optimismo de  Here Comes The Sun, que daba a entender que quizá, tras las tormentas, iba a llegar al fin la calma. A pesar de que, en medio de las diferencias creativas, aún mantenían esa química que les hacía ir más allá y aventurarse en nuevos territorios sonoros, como hacen cuando Harrison lleva su Moog al estudio y deja pinceladas electrónicas en Maxwell’s Silver Hammer. A pesar de todo eso, la realidad es que durante unas semanas, Lennon quiso que sus canciones ocuparan una cara del álbum, para  que estuvieran separadas de las de Paul.

Abbey Road estuvo a punto de llamarse Everest. Era la marca de tabaco que fumaba Emerick y durante unos días, acariciaron la idea de usar ese nombre como metáfora de una cima imposible conquistada. Pero el disco se tituló como el estudio donde se gestó su música. El 8 de agosto Iain MacMillan tomó la célebre fotografía que se convirtió en la portada del álbum y que también dio peso a la teoría sobre la muerte de McCartney, que cobró vida con la cubierta de The White Album, la primera sin foto del grupo. Un día más tarde, inspirados por una lectura alucinógena de la canción Helter Skelter, la familia Manson asesinaba a Sharon Tate y a varios de sus amigos en Hollywood. El 20 de septiembre, Lennon anuncia que deja el grupo. Abbey Road se publica seis días después. La última canción grabada por la banda es un collage de apuntes de canciones titulado Medley que debía concluir con The End. Por uno de esos felices accidentes tan habituales en la vida del grupo, uno de esos fragmentos, Her Majesty, inicialmente descartado por McCartney, ponía el verdadero final al disco tras unos segundos de silencio.

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