Crisis en el Executiu

La consulta de Junts pone en juego el Govern y amenaza con romper el partido

El choque interno aboca al Govern a una remodelación que salve la legislatura con independencia del resultado de la votación

Jordi Turull y Laura Borràs, en una rueda de prensa en la sede del partido.

Jordi Turull y Laura Borràs, en una rueda de prensa en la sede del partido. / ELISENDA PONS

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Júlia Regué
Júlia Regué

Responsable de la sección de Política.

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Xabi Barrena
Xabi Barrena

Periodista

Especialista en información sobre el Govern de Catalunya, de ERC y en el seguimiento de la actualidad del Parlament.

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La campaña interna en Junts, a cuenta de la consulta que celebra el partido para decidir si permanece o abandona el Govern, se ha convertido en la exhibición pública de una profunda división en las filas que amenaza con romper el propio partido. A la espera de que se cierre este viernes la votación, los 6.465 militantes andan sumidos en una suerte de mítines territoriales y llamadas telefónicas para decantar la balanza favor de una u otra opción.

Más allá de cábalas interesadas sobre el resultado, pocas certezas, hasta que a las 17 horas se cierren las urnas y, media hora después, se reúna la ejecutiva para analizar las cifras que, más allá del impacto que supondrá para el 'president' Pere Aragonès, se interpretará inevitablemente como un pulso entre las almas que se enfrentan en el partido- los partidarios de la ruptura y los de la gobernabilidad- y hay voces que no descartan una escisión.

Pero, sobre todo, será otro termómetro del poder interno. La presidenta de JxCat, Laura Borràs, apuesta sin matices por una salida inmediata del Govern -ya no quería entrar en él cuando se forjó el pacto con ERC-, mientras que el secretario general, Jordi Turull, se ampara en la instrucción de la sindicatura electoral interna para evitar posicionarse públicamente.

Sea como sea, sus afines están movilizados, al igual que los 'consellers' que optan por permanecer en el Consell Executiu -Jaume Giró, Victòria Alsina, Lourdes Ciuró y Violant Cervera-. En la vía de la gobernabilidad destacan también dirigentes como Jordi Sànchez, Josep Rull, Damià Calvet, Joaquim Forn o Xavier Trias; mientras que en la confrontación a ERC desde la oposición se ubica en el círculo del 'expresident' Carles Puigdemont (Toni Comín, Josep Rius y Albert Batet), y de los afines a Borràs (Francesc de Dalmases, David Torrents, Jaume Alonso Cuevillas y Aurora Madaula).

Los aliados en espera

En tanto, en el Palau de la Generalitat prosigue el dibujo de escenarios. El caso más traumático es sin duda el que acaba con la salida de la mitad posconvergente del Govern. Con 33 diputados sobre 135, Aragonès precisa, en el momento económico más delicado desde que es ‘president’, garantizarse algo parecido a una mayoría parlamentaria. Ni que sea variable, ni que sea precaria.

Siempre bajo ese escenario de salida de Junts, Aragonès puede tratar de convencer a los ‘comuns’ para que entren en el Govern, de manera inmediata o tras la aprobación de los presupuestos. Hay sintonía estratégica entre ambas fuerzas basada en dos patas: establecer como prioridad la lucha contra los efectos de la inflación y en la vía canadiense.

Si los ‘comuns’ no entrarán en el Executiu, a buen seguro seguirán siendo el socio prioritario del Govern monocolor. Pero sus ocho diputados tampoco se antojan decisivos porque ERC precisa de otro grupo parlamentario numeroso para sacar adelante la legislatura, Junts o el PSC.

Es decir, habría que ver en qué términos se produce la separación con Junts y si es posible llegar a acuerdos puntuales en cuestiones del ‘procés’, pero para el resto, entendiendo que el enfado posconvergente será mayúsculo aún varios meses después de su salida, los republicanos deberán afrontar la posibilidad de borrar la línea roja que han fijado, desde 2017, que no es otra que la de alcanzar grandes pactos, de calado, con el PSC.

Impermeabilizar el Executiu

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En cuanto al otro escenario, aquel en que la militancia decide que su partido se mantenga en el Govern, la principal preocupación de ERC es hallar una forma de impermeabilizar el Executiu del huracán interno que vivirá Junts. La situación de debilidad ante Aragonès será evidente. No solo no ha cedido un milímetro ante los ultimátums y exigencias de Junts, sino que esa inmovilidad ha acabado por dibujar un partido que se mantiene en el Govern contra los designios tanto de su padre-fundador y banderín de enganche electoral, Puigdemont, y el de su presidenta, Borràs.

La primera parte de ese escenario será la elección por parte de Junts de un sucesor a Jordi Puigneró en la vicepresidencia del Govern. Aragonès puede hacer valer la fuerza acumulada en este embate contra la posconvergencia para vetar según qué nombres. Y hacerlo, además, con el apoyo soterrado de los ‘consellers’ que conservan sus cargos y se hayan manifestado por la continuidad. Iniciada la remodelación por fuerza, no es disparatado que el republicano se cobre la cabeza de los posconvergentes que se hayan puesto de perfil, en un intento de nadar y guardar la ropa. La elección de un escenario u otro, pendiente de la militancia de Junts.