Debate de política general

Pere Aragonès enfila la vía canadiense ante el enfado de Junts

Los posconvergentes se anclan en sus demandas del ultimátum y aventan una posible moción de confianza que el 'president' despacha pidiendo a sus socios que aclaren si quieren o no permanecer en el Govern

Aragonès propone al Estado un acuerdo de claridad para pactar un referéndum. / FERRAN NADEU / VÍDEO: EFE

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Xabi Barrena
Xabi Barrena

Periodista

Especialista en información sobre el Govern de Catalunya, de ERC y en el seguimiento de la actualidad del Parlament.

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Tras el paréntesis por el 'Catalangate', Pere Aragonès primó, en la mesa de diálogo con el Estado del mes de julio, la pata 'anti-represiva' en detrimento de la otra, la de la autodeterminación. Consciente de que la mesa cojeaba, el 22 de agosto, una semana antes del ultimátum de Junts, el 'president' anunció que en el debate de política general haría una propuesta "amplia e inclusiva" para un nuevo referéndum.

El día llegó. Y este martes, Aragonès, en su largo discurso en el Parlament, en el que presentó su plan de choque para combatir los efectos de la inflación, planteó elaborar desde Catalunya una propuesta de "acuerdo de claridad democrática" para una consulta sobre la autodeterminación con la que plantarse en Madrid y forzar su celebración, siendo esta vinculante y acordada.

El cotejo de fechas demuestra que la vía canadiense es previa al plazo dado por la posconvergencia. Y así fue expuesto por Aragonès, como si el órdago de Junts nunca hubiera existido, reforzado, claro está, por el hecho que los socios lo hayan escondido en un cajón, viendo que se convertía en una peligrosa amenaza para su propia estabilidad interna. Esperaba la bancada de Junts algún tipo de guiño reconciliatorio, que no se produjo. Y esa poca atención causó el enfado de JxCat. Y si una imagen vale más que mil palabras, ahí quedan las muecas de Laura Borràs, en la tribuna de invitados tras ser suspendida como diputada y presidenta de la Cámara, y de Jordi Turull, a su lado.

De hecho, Albert Batet no abordó la vía canadiense de Aragonès, sino que volvió a los tres puntos del ultimátum, sin amenazar con dejar el Executiu. Esta vez, amagó con forzar una cuestión de confianza si el 'president' no cumple sus tres peticiones, aunque solo puede convocarla el jefe del Govern. Y este les abrió la puerta de salida de par en par: "No voy a entrar en juegos que desestabilicen las instituciones de este país", aseveró antes de pedir "celeridad" a Junts en la toma de decisiones.

Antes, el líder del grupo parlamentario de Junts había preguntado directamente al 'president' si pensaba cumplir con el pacto de gobierno. Antes había señalado que el independentismo no iría a ninguna parte si un partido trataba de imponer su estrategia al otro. "¿Cómo podemos confiar en su nuevo plan si no ha cumplido el pacto anterior?", espetó Batet, exigiendo "concreción y garantías" para recuperar la "confianza".

Fuentes republicanas de alto nivel pusieron sordina a la reacción de los socios. "Es normal que el plan sea rechazado por los dos extremos, el inmovilismo español y el unilateralismo mágico. Ninguna sorpresa, ningún drama. ERC es la centralidad entre dos posiciones extremas que no sirven para resolver el conflicto".

Jordi Pujol y el Quebec

El término "claridad democrática" ni es casual ni neutro. Remite, evidentemente, al proceso soberanista del Quebec, curiosamente, uno de los primeros referentes en los que se fijó el catalanismo autonómico de los años 80, el 'pujolismo'. Transporta, también, a lo que defendía Xavier Domènech cuando ejercía como líder de los 'comuns', en 2017 y a quien pocos en el independentismo hicieron caso, sí el hoy 'conseller' de Empresa, Roger Torrent.

Junts amaga con una cuestión de confianza si Aragonès no cumple con sus tres exigencias, aunque solo el jefe del Govern puede convocarla

No tardó en llegar, en el primer turno de réplica, el primer portazo al plan del 'president', el de Salvador Illa, coherente con el inmediato desmarque de la Moncloa, apenas minutos después del anuncio de Aragonès. El líder del PSC insistió en que un referéndum crea ruptura y apostó por votar un acuerdo. Jéssica Albiach, por su parte, reclamó la paternidad de la propuesta, pero no se entregó incondicionalmente a ella. Viendo el estado de las relaciones entre los socios de Govern, consideran los 'comuns' que cualquier propuesta corre peligro de convertirse en puro humo. "No haremos de cascos azules en sus batallas en el Govern", avisó la líder de En Comú Podem.

El mismo argumento, el de la inestabilidad del Executiu, lo esgrimió para lanzar una advertencia sobre la más codiciada de las piezas a cobrar por Aragonès: los presupuestos de 2023. "El Govern necesita tener un rumbo", si quiere el apoyo de los 'comuns' a las cuentas, dijo. Con todo, Albiach reconoció que su fuerza "encara con ganas" la negociación. Doble recelo, pero, a la vez, doble puerta abierta, tanto a la vía canadiense como a los presupuestos.

Y es que Aragonès anunció un paquete de medidas para paliar los efectos de la inflación en Catalunya al que dedicará, como mínimo, 300 millones de euros, y que certifica su intento de amarrar a los 'comuns'. Se trata de una batería de propuestas entre las que se incluyen ayudas para que los jóvenes paguen el alquiler, una paga para la escolarización de los hijos, la ampliación de la T-Jove de los 24 a los 30 años y el aumento del 50% del bono térmico para hogares vulnerables.

Illa rechaza el plan del 'president' y los 'comuns' desconfían de la concreción de la iniciativa soberanista

El ejemplo canadiense

La ley de claridad democrática fue aprobada por el Parlamento federal canadiense y fija bajo qué condiciones el Ejecutivo canadiense podría, o más bien debería, abrir negociaciones con una región (provincia) que quisiera independizarse.

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El plan del 'president' no pasa por acogerse a esta literalidad, es decir, no pretende hacer una ley este tipo, sino que se basa en su espíritu, en la fijación de las reglas de juego en forma de acuerdo. Marcar un umbral que se convierta en objetivo y acabar, así, con la sensación de callejón sin salida que aboca a parte del independentismo a la frustración y a la vía unilateral.

El acuerdo de claridad democrática es definida por el jefe del Executiu, asimismo, como el "camino más rápido para volver a votar" y para que la comunidad internacional lo reconozca.