Reunión maratoniana

La cumbre entre ERC y Junts intensifica la crisis en el Govern

Los republicanos exigen "lealtad" a la posconvergencia, que insiste en coordinar la estrategia independentista

Pere Aragonès y Laura Borràs participan en la  tradicional entrega de la Llama del Canigó

Pere Aragonès y Laura Borràs participan en la tradicional entrega de la Llama del Canigó / QUIQUE GARCÍA/EFE

Xabi Barrena
Júlia Regué
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El vertiginoso principio de curso político, especialmente en lo que se refiere a las relaciones entre los socios de Govern, ha propiciado, en apenas 15 días, un ultimátum, por parte de Junts, y el desmarque de ERC de la unidad independentista alrededor de la manifestación de la ANC. La coletilla a la Diada, la sorprendente propuesta de la Assemblea de hacer una declaración de independencia en otoño de 2023 ha sido la gota que ha colmado el vaso en esa tortuosa relación entre socios, no tanto por el fondo, ambas partes coincidieron en rechazarla, sino en las formas.

Por todo ello, Pere Aragonès y Laura Borràs, presidenta de Junts, se han reunido este miércoles junto a sus respectivas comitivas, según ha podido saber EL PERIÓDICO. Sobre la mesa, de lo general, las relaciones en sí, a lo concreto, la creación de ese 'estado mayor' del independentismo, que unos conocen como "dirección estratégica" (Junts) y los otros, como "espacio estratégico de consenso" (ERC), y las dos otras exigencias de Junts: la unidad en el Congreso y el Senado, y que en la mesa de diálogo tan solo se aborde la amnistía y la autodeterminación.

La comida discreta, prevista desde la semana pasada, se ha alargado durante más de seis horas en el Palau de Pedralbes. Hubo menú a elegir en el almuerzo (alguno se pidió dos primeros platos) y fruta y cruasanes pequeños, de merienda. Fuentes presentes sostienen que ha sido "dura y exigente", pero que ha sido el primer paso para volver a tender puentes y pacificar el Govern. A la cita han acudido, además de Aragonès y Borràs, la 'consellera' de Presidència, Laura Vilagrà, la portavoz de Esquerra, Marta Vilalta; el presidente del grupo parlamentario, Josep Maria Jové y el director de la oficina de estrategia y comunicación del 'president' y del Govern, Sergi Sabrià, por parte republicana. Al otro lado, en la parte posconvergente, el secretario general de Junts, Jordi Turull; el vicepresidente del Govern, Jordi Puigneró; el portavoz del partido, Josep Rius, y el líder del grupo parlamentario, Albert Batet.

Según fuentes de Junts, el partido puso sobre la mesa como prioridad que se articule una nueva dirección estratégica del 'procés', con la presencia de las fuerzas políticas independentistas y de las entidades, aunque voces de Esquerra mantienen que antes debe haber "confianza y lealtad" entre los socios.

Rechazo unánime

La paradoja es que la cumbre al más alto nivel se produce después del unánime rechazo a la DUI de la ANC. Y no solo del Govern, también de la AMI y de la CUP, lo que deja a la Assemblea sola. Nadie más apuesta por fijar plazos para la independencia y mucho menos en 2023, a un año vista y a mitad de un ciclo electoral que les medirá en las urnas. Que la entidad independentista elevara la apuesta y en la reunión con el ‘president’ pasara del ultimátum “independencia o elecciones” a exigir una DUI en 2023 “restó credibilidad” a la entidad, opina un destacado dirigente del ‘procés’. “Si en la Diada, con miles de personas en la calle, no lo dices, es que no estaba sobre la mesa”, añade. 

Y es que la enésima disputa parte del relato, de la contundencia, del acento: “En Catalunya hay un Govern de coalición, no monocolor”, recalcan los posconvergentes, “así que las cosas se tienen que hablar y pactar”, apuntan fuentes posconvergentes. “El debate sobre el calendario es ridículo, lo que hay que hacer es buscar un espacio estratégico y crear las condiciones”, defiende esta voz de Junts. Ahora bien, que la ‘consellera’ de Presidència, Laura Vilagrà, enmarcara los encuentros del ‘vicepresident’ en el entorno “privado, cuando recibió a las entidades en su despacho" y que rechazara sin matices el plan de la ANC, se interpretó como un ataque. Los republicanos alegan que la cita de Puigneró no aparecía reflejada en la agenda oficial, "como ocurre con las reuniones privadas".

El dos contra la tres

Pero, lo que más cuece, es que Vilagrà sea vista como la número dos del Govern, no como la número tres. “Es muy difícil gobernar con tanto ruido”, añaden los posconvergentes, y recuerdan que han puesto sobre la mesa tres condiciones para mantenerse en el Consell Executiu.

Sobre la figura de Puigneró, las voces republicanas se limitan a señalar que los primeros que deben creerse la figura del vicepresidente son los propios posconvergentes. En cuanto al ultimátum, ERC considera que las demandas de Junts no tienen la suficiente entidad para merecer una crisis o "chantaje" como el que llevan a cabo. "Con el otoño invierno que se avecina, con una crisis que golpeará a muchos y a muchos que no se lo esperan, lo último que se puede plantear es quebrar el Executiu que debe de hacerle frente", subrayan estas fuentes.

Precisamente esto se pretendía remediar en la cita de este miércoles. El objetivo es encauzar una solución pactada para que Junts no salga del Govern y sin que ERC ceda en sus principales banderas -la del diálogo y el poder de su representatividad en Madrid-. La fecha límite para forjar un pacto: el debate de política general, así que las negociaciones continúan.