JUEGO DE TRONOS

¿Le puede interesar a Feijóo que el diálogo con Catalunya funcione?

Pedro Sánchez y Pere Aragonès se saludan.

Pedro Sánchez y Pere Aragonès se saludan. / MONCLOA / FERNANDO CALVO

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Albert Sáez
Albert Sáez

Director de EL PERIÓDICO

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El diálogo entre los gobiernos de Pedro Sánchez y Pere Aragonès ha reverdecido. No porque las partes hayan movido pieza, sino porque el calendario les da una oportunidad basada en la necesidad, no en la convicción. La Moncloa quiere tener presupuestos para el año 2023 por varias razones: la mejor gestión de la inflación y de su impacto en la economía y en el gasto público; la imagen de Sánchez en la UE donde adivina su futuro; la voluntad de no llegar a las municipales de la primavera como un proyecto agónico; y, finalmente, ese gusto que tiene Sánchez por hacer posible lo imposible que ya configura su marca personal, lo único que tiene ahora. Sant Jaume tiene menos incentivos: a Aragonès le conviene que el Estado tenga presupuestos por la inflación; no quiere dar por acabado el diálogo hasta que la Moncloa cambie de interino; es su principal factor de diferenciación con Junts de manera que ahora es una subasta a la baja; y, no es menor, las perspectivas de sus candidatos municipales son buenas por lo que no precisa ni desea sobresaltos. De manera que hasta final de mes, y si lo de los presupuestos sale bien hasta diciembre, vamos a estar en modo diálogo. La cuestión es entre quién, sobre qué y para qué. 

¿Solo entre gobiernos?

Esta etapa de diálogo se ha planteado hasta ahora como una negociación entre gobiernos. Para el de Madrid es una manera de colocarlo en sus relaciones habituales con las comunidades autónomas. Para el de Barcelona es alimentar la estética bilateral como antesala de la independencia. Seguramente, el diálogo solo podría empezar por los gobiernos. Si este intento actual da algún fruto, entonces deberán intervenir otros actores, porque sin partidos y sin parlamentos, lo que se puede acordar es leve y volátil. El ala iliberal de Junts quisiera plantear el siguiente paso como una negociación entre “el Estado” y los independentistas. Como si España no fuera una democracia y Catalunya no fuera una nación tan diversa como la española. El ala conservadora del PSOE quisiera mostrar al independentismo que su fuerza en Barcelona no es nada en el marco español de manera que llevar el asunto a las Cortes sería condenarlo al fracaso. Pero cualquier persona que quiera recomponer la posición de Catalunya en España sabe que ello debe afectar a las leyes y, por lo tanto, implicar a los parlamentos y a los partidos. Y, según qué leyes, a partidos que no están en los gobiernos. ¿Acaso no puede estar interesado Alberto Núñez Feijóo en que esto no se encabrone y de alas a Vox retro alimentado por los iliberales de Junts? ¿Acaso no le puede interesar a Illa que, llegado el caso, tenga el camino allanado si gobierna en la Generalitat mientras el PP manda en Madrid? Toda persona que viva con los pies en el suelo, sabe que este diálogo debe avanzar entre gobiernos y será una vía de solución cuando los supere.

‘Ho tornarem a fer’

Este brote de diálogo que se sustanciará el viernes en la entrevista entre presidentes versa, según lo acordado, sobre medidas para desjudicializar el mapa político catalán. Para el PSOE es una manera de ponerse una camiseta que diga “no somos el PP” y para Esquerra es el camino para arropar a los que se la jugaron el 1-O. Aragonès ha dado la orden de “no dejar ningún soldado atrás”. Y Sánchez ya ha cargado todo el peso en la policía patriótica de Fernández Díaz. Pero, para que además de arreglar los destrozos del pasado, el debate independentista se maneje de otra manera hacen falta cambios legislativos que limiten mejor la persecución de los delitos y la persecución de las ideas. Pero eso es imposible mientras siga la cantinela de “lo volveremos a hacer” porque eso es una fábrica de futuros perseguidos por la justicia.

El día después

Si el diálogo acabara mañana no habría dejado de ser una forma de pasar el tiempo entre gobiernos mientras se ayudaban en los respectivos parlamentos. ¿Qué se puede esperar de esta prórroga mútuamente deseada? Como mucho, algún cambio legislativo que ayude a la Abogacía del Estado y a la Fiscalía a evitar las peticiones de prisión si lo consideran oportuno en los casos abiertos. Como poco que el Estado tenga presupuestos para afrontar la inflación. Si nadie está dispuesto a hacer algo no previsible, es difícil que la cosa de para mucho más, aunque, visto en las perspectiva de tres años atrás, no es poco.