Baltasar Garzón: "El 80% de los jueces y fiscales en España son ultraconservadores"

Baltasar Garzón.

Baltasar Garzón. / CARLOS RUIZ

  • El jurista, que fue inhabilitado por el Tribunal Supremo en 2012, publica el libro 'Los disfraces del fascismo', donde alerta de la deriva ultra que se ha instalado en la política y la judicatura española

  • El ex juez se declara "preocupado" por el cambio de parecer del Supremo sobre los indultos del 'procés' y pide al Tribunal que explique sus motivaciones para evitar "que los ciudadanos sospechen que aquí se cuece algo diferente a lo estrictamente jurídico"

9
Se lee en minutos
Juan Fernández
Juan Fernández

Periodista

ver +

Que lleve una década sin poder investigar delitos ni dictar sentencias –fue inhabilitado por el Tribunal Supremo en 2012 por grabar las conversaciones de los acusados de la trama Gürtel con sus abogados en la cárcel, dictamen revocado el año pasado por el Comité de Derechos Humanos de la ONU-, no le impide seguir en el mundo de las leyes –dirige un despacho de abogados y en los últimos años ha sido asesor de la Corte Penal Internacional- ni continuar interesándose por los asuntos de la vida pública.

Acaba de publicar ‘Los disfraces del fascismo’ (Planeta), donde alerta de la deriva ultra que se ha instalado en la política y la judicatura española (y en otros ámbitos), pero su mayor satisfacción no la encuentra en los papeles, sino en la calle. “La gente me sigue llamando ‘juez Garzón’, como si esa palabra formara parte de mi apellido”, dice sin disimular un gesto de orgullo.

-En su libro introduce un concepto novedoso, los 'microfascismos', inspirado en la idea de los 'micromachismos', ese término que nos hizo ver a muchos hombres que éramos más machistas de lo que pensábamos. ¿Dónde se dan esos tics?

-Son los disfraces del fascismo y en España se expresan en muchos ámbitos de la vida. Ocurren cuando se hace un uso político de los menores no acompañados o se pasa de puntillas ante los casos de tortura. En este país sigue siendo imposible investigar qué pasó durante el Franquismo y, si lo intentas, te pasa lo que me pasó a mí. Pero luego ves al nuevo gobierno de Castilla y León descolgándose del pacto contra la violencia de género. Todos esos comportamientos son 'microfascismos'.

"En España tenemos un problema, y es que el estamento judicial ha evolucionado muy poco desde el Franquismo"

-¿Los hay en la justicia?

-En España tenemos un problema, y es que el estamento judicial ha evolucionado muy poco desde el Franquismo. Aquí nos acostamos en una dictadura y nos levantamos en una democracia, pero las cosas no van así de rápido, hay que hacer una transición. Se hizo en la política, pero no en la judicatura, y se permitió que siguieran administrando justicia los mismos que lo habían hecho antes sin pedirles ninguna explicación.

-¿Qué se debió haber hecho y no se hizo?

-Le cuento un detalle: yo tomé cargo como juez en 1981 y mi promoción fue la primera que juró la Constitución. De ahí para atrás, todos habían jurado los Principios Fundamentales del Movimiento. ¿No habría sido una terapia democrática exigirles que jurasen la Constitución? No se hizo. En la justicia nunca hubo transición y eso explica que hoy siga habiendo jueces, magistrados y fiscales que niegan que el Franquismo fue un régimen fascista.

"Si Vox no es un partido fascista, va camino de serlo; en el Congreso no aspiran a hacer oposición, sino a destruir"

-¿Quién debe decidir el gobierno de los jueces, el Parlamento o los propios jueces?

-Las dos opciones son perversas, pero me quedo con la fórmula parlamentaria. La otra tendría sentido si solo afectara a asuntos corporativos como los ascensos o los traslados, pero el CGPJ tiene muchísimas más competencias. Quienes defienden que solo los jueces puedan decidir, en realidad buscan imponer su visión política, y resulta que en España la judicatura es ultraconservadora. Ese es el perfil del 80% de jueces, magistrados y fiscales.

-¿Qué le ha parecido el cambio de parecer del Tribunal Supremo sobre los indultos de los presos del 'procés'?

-Cuesta entenderlo. No es normal que unos magistrados de una sala dicten una resolución contraria a la que habían acordado antes otros magistrados de esa misma sala sin que medie más que un simple escrito de recurso donde los partidos demandantes exponían los mismos argumentos que antes habían sido rechazados. Me preocupa sobremanera.

-¿Por qué?

-Porque, tratándose del ‘procés’, esta decisión va a producir efectos que van más allá de lo estrictamente judicial. Está claro que los tres partidos demandantes, PP, Ciudadanos y Vox, quieren utilizar los tribunales con fines políticos para combatir al Gobierno y devolver al presente un asunto que ya estaba superado. Es un claro caso de 'lawfare', o guerra jurídica.

-¿Se está intentando gobernar desde el Poder Judicial?

-El Tribunal Supremo debe explicar con claridad meridiana su cambio de parecer. En caso contrario, a los ciudadanos nos quedará la sospecha de que aquí se cuece algo diferente a lo estrictamente jurídico y se generará desconfianza en la Justicia. Hay que recordar que el derecho de gracia es una potestad del Gobierno, no lo dictan los jueces. Es lo que dice la ley. 

-El titular de su libro es impactante. Hay quien afirma que se debe cuidar el uso de la palabra 'fascismo', porque si todo es fascismo, al final nada lo es. ¿Qué opina?

-Entiendo esa advertencia y la que hace el historiador Emilio Gentile, que sostiene que hablar del fascismo puede hacer que muchos jóvenes acaben sintiéndose fascinados por el supremacismo, el culto al líder y el afán grupal que traen consigo el fascismo, que no es otra cosa que la anulación del individuo y la sumisión a la manada. Pero me parece más peligroso minusvalorar lo que está pasando, porque esto puede hacer que triunfen los planteamientos autoritarios que amenazan a la democracia y que acabemos viviendo situaciones como las que se dieron hace un siglo.

"El fascismo se alimenta de decir que todo es un desastre y todos son iguales. En España se ha dejado crecer ese sentimiento y ahora tenemos un problema"

-¿Hace 10 años habría tenido sentido esta advertencia?

-Probablemente no, o no se habría entendido, pero en este tiempo han ocurrido hechos importantes, como la irrupción de la extrema derecha en nuestro país. Si Vox no es un partido fascista, sin duda va camino de serlo, y desde luego ya ha pasado la fase del populismo. Están en el Congreso, pero no aspiran a hacer oposición, sino a destruir. Lo suyo es el insulto y la mentira sin contención, no aportan nada más.

-En 2016, Vox reunió 40.000 votos. En 2019 sumó 3,6 millones. ¿Cómo lo explica?

-El fascismo se alimenta de decir que todo es un desastre y todos son iguales. En España se ha dejado crecer entre la población ese sentimiento, que es al que ha apelado Vox, y ahora tenemos un problema. ¿Culpables? Quizá lo somos todos un poco, porque hemos creído que el sistema democrático estaba consolidado y que todas las conquistas estaban logradas y aseguradas, pero no era así. Sobre todo, responsabilizo a quienes han ejercido el poder desde hace muchos años en este país.

-¿Por qué?

-Porque no han querido ver ni oír lo que estaba pasando. El poderoso tiende a aislarse en una burbuja donde solo oye lo que le gusta oír y pierde el contacto con la calle. Pero esto no es de ahora. Le contaré una anécdota: en 1993, en una cumbre hispano-lusa a la que asistí como secretario de estado del Plan Nacional sobre Drogas, iba paseando con Pepe Borrell y de repente me preguntó: "Tú que estás en contacto con la gente, ¿qué piensan de nosotros?" Me quedé de piedra, no podía creer lo que estaba diciendo.

-¿Qué le contestó?

-La verdad: que la gente no hablaba muy bien de los políticos. Me dijo que había perdido el contacto con la gente y se sorprendió de que yo fuera todos los días andando desde mi oficina al Congreso. ¿Y te atreves?, me decía. Le tengo mucho cariño a Pepe, pero aquella anécdota me hizo ver la peligrosa distancia que hay entre los políticos y la sociedad. Esto acaba generando un espacio de indiferencia que es aprovechado por la ultraderecha. Vox ha crecido tanto porque había un hartazgo en la población contra la burocratización del poder que nadie ha querido ver hasta que nos ha estallado delante de nuestros ojos. Ahora el problema es otro, y más grave.

"Los fascismos funcionan siempre igual: surgen de la nada y van creciendo hasta a un punto de inflexión a partir del cual decaen o despegan: es donde estamos ahora"

-¿Cuál?

-Los movimientos fascistas funcionan siempre igual: surgen de la nada y van creciendo poco a poco hasta que llegan a un punto de inflexión a partir del cual decaen o despegan. Es donde estamos ahora miso. Por eso es fundamental que Vox no siga creciendo en las próximas citas electorales. Vivimos un momento muy delicado para la historia democrática de este país.

-¿Tiene ganas de volver a ser juez?

-Lo que quiero es que se cumpla el dictamen del Tribunal de Derechos Humanos de Naciones Unidas que anula mi inhabilitación y que se repare lo que se hizo mal, pero parece que el Estado no tiene prisa, porque solo me da largas. Estoy esperando a volver a la carrera judicial, seguiré reclamando y, si no me responden, me jubilaré litigando.

-Igual hay quien teme verle de nuevo vistiendo la toga.

-A estas alturas ya sabemos todos dónde estamos, quién hizo lo que hizo y por qué lo hizo. Yo jamás he tenido que agachar la vista por la calle, por más que mis enemigos me llamen juez prevaricador. No tengo ganas de ajustar cuentas, no soy un hombre vengativo ni sé odiar, pero tampoco olvido.

-¿Cómo cree que está su imagen pública a día de hoy?

-Las muestras que percibo en la calle son de afecto. Me llaman ‘juez Garzón’, como si esa palabra formara parte de mi apellido, y me preguntan cuándo voy a volver. Los que me querrían atacar no se atreven, quizá porque me ven de gran envergadura y temen que les pueda contestar.

-¿Cómo se compagina defender el antifascismo y ser amigo del comisario Villarejo, exmiembro de la Brigada Político Social franquista?

-Hoy no mantengo ninguna relación con José Manuel Villarejo. En el pasado sí, y lo reconocí. Él era un funcionario de policía, pero en ningún momento supe que pudiera estar haciendo algo fuera de la ley. Quienes ahora dicen que lo sabían, mienten. Lo sorprendente es que quienes debían haber sido mis defensores me hayan atacado por este asunto y hayan manipulado mis palabras.

"Hoy no tengo ninguna relación con Villarejo. En el pasado sí, porque era policía, y lo reconocí, pero nunca supe que pudiera estar haciendo algo fuera de la ley. Quienes ahora dicen que lo sabían mienten"

-También se le afea que en su bufete de abogados se lleve la defensa de antiguos miembros de las cloacas de Interior.

-Yo tengo un despacho, pero no llevo la defensa de ninguna de esas personas y tampoco controlo lo que hacen otros abogados en el ejercicio de su responsabilidad. Me pregunto si a los socios de Cuatrecasas o Garrigues les plantean estas cuestiones. Por otro lado, solo espero que esos casos se esclarezcan y que la verdad material se acomode en la medida de lo posible a la verdad procesal. Porque en caso contrario siempre quedará la duda de si esas personas han recibido el trato judicial que merecen.

Noticias relacionadas

-Habla de política con mucha pasión. ¿Se plantea volver a esa arena?

-Me gusta hablar, leer, escuchar y opinar de política, pero ese espacio de mi vida ya pasó.