"Se le fue de las manos"

Villarejo matiza la responsabilidad del CNI en el 17-A y dice que no quería un atentado

Sostiene que pretendía "dar la apariencia de riesgo para que Catalunya viera la necesidad de la protección del Estado"

El expolicía José Villarejo en una imagen de archivo. EFE/ Chema Moya

El expolicía José Villarejo en una imagen de archivo. EFE/ Chema Moya

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Ángeles Vázquez
Ángeles Vázquez

Periodista

Especialista en Tribunales y Justicia

Escribe desde Madrid

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El excomisario José Villarejo está aprovechando para hacerse oír el altavoz mediático que le permite la presencia de medios a las puertas de la sede de la Audiencia Nacional donde está siendo juzgado por espiar a la competencia o a rivales de sus clientes. Si este martes respondió a la pregunta de por qué grababa el CNI sus encuentros si eran para favores personales o asuntos particulares, responsabilizando al exdirector del CNI Félix Sanz Roldán del 17-A, este miércoles ha matizado sus palabras al indicar que la intención no sería provocar un atentado, pero pasó porque "se le fue de las manos" al morir el líder de la célula, el imán del Ripoll, Abdelbaki Es Satty, en la explosión del chalet de Alcanar donde preparaban los explosivos.

A su llegada al tribunal donde se le juzga por tres de las treintena de piezas abiertas en su contra en la causa donde se investigan las cloacas policiales, Villarejo se ha referido expresamente a sus palabras del día anterior, que ya han llevado al independentismo catalán a pedir una comisión en el Congreso: "Lo que he dicho en relación con lo del susto (a Catalunya) es que muchas veces se han provocado comandos ficticios para tranquilizar y tal. Y que probablemente la intención en absoluto fuera provocar ningún atentado, pero sí dar la apariencia del riesgo para que Catalunya sintiera la necesidad de la protección del Estado".

Según Villarejo, el problema fue que al CNI "se le fue de las manos cuando el imán muere" en Alcanar y los miembros de la célula que había creado en Ripoll -a los que llama- "los pequeños, los jovencitos, no saben cómo reaccionar" y provocan los atropellos de La Rambla y Cambrils. A continuación se remite a la actual fiscal general del Estado, Dolores Delgado -como si hubiera sido la fiscal del caso, pese a que en realidad fue Ana Noé-, para utilizar unas declaraciones suyas en las que dice que admitió que pudo haber errores, porque si no los atentados no se habrían cometido.

Ofendido con que los medios hayan reflejado que sus palabras no están corroborado con pruebas, Villarejo aseguró que estaba todo en sus agendas particulares, que es uno de los documentos que precisamente la fiscalía utiliza para acusarle. El excomisario argumenta entonces que no le dejan acceder a ellas, para que no pueda recordar lo que ocurrió.

Sus reuniones

Sostiene que en esos archivos constan sus encuentros con el juez que instruyó los atentados, Fernando Andreu, y el entonces director del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), José Luis Olivera, "así como con todos los responsables y con los servicios de inteligencia de Arabia Saudí". Se da la circunstancia de que OIivera también está imputado en el caso Tándem y Villarejo le propuso como director adjunto operativo.

A partir de ahí, con su habitual verborrea un tanto inconexa, se pregunta "por qué al imán se le detiene a principios de 2000 cuando se dedicaba a meter a marroquíes con pasaportes falsos fabricados por el servicio de inteligencia marroquí y por qué cuando en un momento dado se le detiene por tráfico de drogas en 2005 se le pincha el teléfono, por un señor llamado Marlaska (en referencia al ministro del Interior), que igual les suena, en relación con los atentados del 11-M (en Madrid), con los grupos que provocaron el atentado contra la casa de España" en Marruecos.

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En su línea de no aportar más prueba que sus palabras, afirma que el juez que anuló su expulsión tras cumplir condena por drogas en la cárcel de Castellón porque "unos señores del CNI hablan" con él. Para él sirve de prueba de sus palabras que dos meses antes de su arresto, en noviembre de 2017, le siguiera "un dispositivo de 20 funcionarios del CNI" a una comida "provocada por un agente, el abogado José Aliste, el primero que visitó a (el exgeneral venezolano Hugo) Carvajal en Estremera". Sin transición añade que sabe cómo funciona la información en las cárceles y que "el 90% de la información valiosísima que se hace en las cárceles las hacen funcionarios de prisiones, pero luego se apunta el tanto el CNI".

"Debemos de pensar de una vez por todas que la ciudadanía no es menor de edad, no podemos utilizar la ley de secretos para ocultarlo todo. Es una ley franquista, obsoleta", dijo para a renglón seguido criticar que "se ha borrado casi todo" del golpe de Estado del 23-F y reclamar que "la ciudadanía se merece la verdad de las cosas como lo que pasó el 11-M" por los atentados madrileños.