Cuarto aniversario

6 y 7 de septiembre: el independentismo descubre su talón de Aquiles

  • Tras los indultos, voces relevantes del secesionismo inician una autocrítica sobre el "error" que supusieron las leyes de desconexión

  • El grupo de Junts pel Sí lideró la aprobación de las normas y el Govern no supo cómo detenerlo

Pleno del Parlamento en el que se aprobó la ley del referéndum.

Pleno del Parlamento en el que se aprobó la ley del referéndum. / FERRAN NADEU

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Xabi Barrena
Xabi Barrena

Periodista

Especialista en información sobre el Govern de Catalunya, de ERC y en el seguimiento de la actualidad del Parlament.

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Daniel G. Sastre
Daniel G. Sastre

Periodista

Especialista en política catalana y española

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"El 6 y 7 de Septiembre de 2017 es el talón de Aquiles del relato independentista”, espeta una de las cuatro voces de partidos secesionistas o soberanistas que han accedido a conversar, con la perspectiva que da el tiempo, sobre lo que fue el primero de los tres actos del ‘otoño catalán’. Después vendrían el 1-O y la DUI del 27-O. En la mitología griega, Aquiles es un poderoso y veloz guerrero al que solo una flecha envenenada en el talón, su punto débil, logra derrotar. Hasta ese septiembre, el independentismo había dibujado públicamente un perfil de apariencia imbatible: popular, multitudinario, dialogante, cívico y profundamente democrático.

Pero en esos días de septiembre, en especial el día 7, una exigua mayoría del 53% del Parlament, en representación del 47,5% del electorado, aprobó acabar con el statu quo creado en 1978 con el apoyo, entonces, del 91,09% de los catalanes. Y transcurridos, justo ahora, cuatro años y tras vivir el juicio, condena e indulto del grueso de los actores implicados en esos actos, parte del independentismo ha pasado del silencio a una conato de autocrítica que, es posible, vaya creciendo según se vaya poniendo tierra temporal de por medio.

De entrada, ya hay algún testigo directo de aquellas jornadas tormentosas, como el entonces portavoz de Catalunya e imagen de la resistencia al rodillo independentista, Joan Coscubiela, que admite haber detectado ciertos cambios. Lo explica: “El 6-7 de Septiembre ha desaparecido del relato independentista. No se ven con fuerzas de defender lo sucedido”, argumenta. Y en la línea de lo sugerido por Coscubiela, algún relevante soberanista consultado para esta crónica retrospectiva afianza la tesis. “La verdad es que no nos gustamos nada”, asevera, sin querer aparecer con nombres y apellidos. “Esta no era la vía de inicio, nace del bloqueo del diálogo que impone el Estado. No nos supimos explicar bien”, se excusa otro de los consultados. 

De 'la ley a la ley'

¿Pero cómo se llega a ese punto sin retorno? “Una de las claves es lo de ‘de la ley a la ley’”, señala otra de las voces relevantes del independentismo que aún no había aparecido en este texto. El ‘momentum’ independentista nace cuando las bases de CDC, y en menor medida, el electorado más soberanista del PSC, tras el fiasco de la sentencia del Tribunal Constitucional “no ven otra salida que la independencia”. Son votantes de partidos centrales, instalados en la arquitectura constitucional. “Gente de orden”, resume uno de los interpelados. “Y a esta multitud, que dispara el apoyo a la secesión del 15% a casi el 50%, se le tranquiliza diciendo que no iba a haber salto al vacío. Pero el Estado no se sentó a negociar. Y se pensó que la perspectiva de un vacío legal tras una declaración de independencia que siguiera al referéndum podría retraer el apoyo de muchos”. “Es el espíritu garantista de Artur Mas ejecutado por Marta Rovira” se atreve otro, de manera aislada sin saber que su relato, al integrarse en esta crónica, complementa al de otro compañero que también se ha sometido a la preguntas de EL PERIÓDICO.

“Es el fruto de la improvisación, porque la votación de la ley de transición se decide el 6 por la noche, tras votar la del referéndum; de la pugna entre el Govern, más conservador, y el grupo parlamentario de Junts pel Sí, más atrevido y más pendiente de que la CUP de Anna Gabriel no les acuse de traidores, y de una falta de liderazgo, sobre todo, de Puigdemont”, asevera la última voz. interrogada para elaborar esta pieza. “Porque el ‘president’ no quería que se votara la ley de transición del día 7, pero no pudo impedirlo” se explica, para sentenciar: “Si se hace lo contrario de lo que quiere un ‘president’ es que este no ejerce liderazgo alguno, por mucho carisma que tenga”.

Joan Coscubiela y, en el atril, Lluís Rabell, en el pleno del Parlament en el que se debatieron las leyes de desconexión.

/ Ferran Nadeu

Coscubiela, por su lado, lo disecciona desde su mirada más asépticamente: “Es la suma del autoengaño del independentismo, que no quiere ver la realidad; de la ficción de poder ir de ‘la ley a la ley’, cuando ello solo es posible si el poder saliente lo permite (como en el franquismo) o si se asalta por la fuerza, y de la astucia, de manejar el reglamento del Parlament a su conveniencia. Aunque al final no tuvieron que echar mano de ello”.

Y es que en los meses previos, el independentismo (Junts pel Sí -CDC y ERC- y la CUP) había propiciado un cambio del reglamento de la Cámara para permitir la tramitación urgente de leyes, como las de desconexión, que eran dos: la que daba cobertura legal al referéndum y la que, en caso de vencer el sí, creaba una nueva legalidad en sustitución de la española. 

Y como dice Coscubiela, esa modificación de la norma interna de la Cámara catalana no fue utilizada, porque, coinciden todas las fuentes soberanistas consultadas, la oposición de Carme Forcadell a que fuera el Parlament, en lugar del Govern, el que diera curso a las normas retrasó la convocatoria del Pleno hasta que se saltaron los plazos. Motivo por el que se tuvo que improvisar otra argucia. Muy polémica en su día, pero que, al final, el propio Tribunal Constitucional avaló: la lectura única.

Quejas y discusiones

Antoni Bayona, letrado mayor de la Cámara en aquel periodo, confirma que Forcadell se resistió a incluir en el orden del día del Pleno la admisión a trámite de la propuesta de ley del referéndum. "Y eso generó discusiones dentro de la Mesa, sobre todo por las quejas de la oposición. Pero ella no lo hizo hasta el día antes del Pleno, lo que provocó extrañeza", afirma Bayona.

Puigdemont verbalizó a su entorno que si fuera por él no se hubiera sometido a votación la ley de ruptura

“No es que ‘pasaran’ de Forcadell, es que se lo encontró hecho, no la tomaron en cuenta, lo que es más humillante”, pondera una voz. La jefatura de Junts pel Sí, con Jordi Turull, hasta que fue nombrado ‘conseller’, y después Lluís Corominas, por parte convergente, y Rovira, por parte de ERC decidieron liderar la cuestión toda vez que detectaron cierta “desidía” en el Executiu. “no caben lecturas partidistas de convergentes contra republicanos, en este momento. Sino de Palau de la Generalitat versus Parlament, con Forcadell enmedio”.

Pleno tormentoso

“Cuando Forcadell no tuvo otra que seguir adelante, se prometió que no iba a pasar a la historia por impedir el uso de la palabra a una oposición enardecida. De ello se aprovechó, singularmente, Ciudadanos, que empleó todo el desprecio y todo el filibusterismo en las formas hacia la presidenta”, rememora uno de los cuatro consultados por este diario, que prefieren aparecer en formato de fuentes, y que acusa a los partidos de la oposición de haberse “coordinado”. Algo que Coscubiela niega: “Lluís Rabell y yo solo hablamos con Miquel Iceta y Eva Granados sobre cómo querían los independentistas saltarse al Consell de Garanties”. 

Pero, ¿había dudas en las filas de Junts pel Sí? Otra voz de la oposición aporta detalles a pie de hemiciclo. “Si había dudas, nadie las expresó abiertamente. Eran muros. El 27 de octubre, antes de la reunión de la mesa previa al pleno de la DUI, uno de los jefes de JxSí aun aventuraba un ‘Maidan’ de 30.000 personas”, en referencia a la ocupación durante tres meses por parte de los manifestante europeístas y antirrusos de la plaza de la Independencia de Kiev, Ucrania, en 2013. 

Firma del decreto convocatoria referendum en el Parlament


/ FERRAN SENDRA

Según el póquer consultado sí que esas dudas existían, pero sin expresarse. En una especie de ‘espiral del silencio’, los que veían que ese ‘chicken game’ (juego del cobarde) conducía a un precipicio profundo callaron “porque la ola nos pasaba por encima, era imposible domeñarla”. “Y todo ello”, añade, “sin ser necesario. porque la ley del referéndum se fue al traste cuando se sacó del tablero a la sindicatura electoral y porque no hacía falta explicitar que la Constitución quedaría sin efecto para hacer el 1-O”.

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Otro va aún más allá. “Menos mal que vinieron los ‘piolines’ y sucedió el 20 de septiembre, con el absurdo y coaccionador cerco sobre la sede de la CUP y con la entrada en la Conselleria de Economia”, ironiza, “porque la represión actuó como un revulsivo que permitió el éxito del 1-O”. “El Estado dio un paso en falso, como lo hizo tras los atentados del 17-A”, sentencia.

“Y es que Puigdemont mismo quería pasar con lo mínimo, y ni aprobar un decreto gubernamental ni propiciar un pleno del Parlament de alto voltaje”, señala uno de los cuatro secesionistas que se ha prestado a la conversación. En concreto el que escuchó al propio ‘president’ entonces, dentro del Parlament, afirmar a alguien de su entorno, sobre la votación del día 7, la que pretendía desconectar de la legalidad constitucional que si fuera por él "no la hubiera sometido a votación".