Bandera republicana

Verdades y mentiras sobre la Segunda República

José Luis Martín Ramos, catedrático de Historia Contemporánea de la UAB | 14 abril 2021

La década de los años 30 del siglo pasado es la etapa de la historia de España sobre la que se han lanzado más bulos y medias verdades para justificar lo injustificable. Tratemos de aclarar qué hay de verdad y qué de mentira detrás de la bandera tricolor. [Lee también nuestro especial multimedia 'Cómo fue la proclamación de la Segunda República'.]

¿Ganaron los republicanos las elecciones municipales del 12 de abril de 1931?

Las elecciones se ganan y se pierden y eso no solo depende del resultado aritmético, sino de su objetivo. Las del 12 de abril no pretendían, simplemente, renovar los ayuntamientos. El objetivo del Gobierno del almirante Aznar, que las convocó, fue frenar la deriva hacia un proceso constituyente, en el que la Monarquía pudiera ser rechazada, mediante una sucesión de convocatorias electorales de las que aquellas eran las primeras. Luego habrían de producirse elecciones provinciales (el 5 de mayo) y, finalmente, comicios legislativos (el 7 y 14 de junio). Ante el riesgo de que la celebración de unas elecciones generales de entrada se convirtieran en constituyentes de hecho –que era lo que exigía la movilización republicana–, el Gobierno ideó una peculiar solución a plazos, con la esperanza de dividir y diluir a la oposición a la Monarquía.

Manifestaciones de júbilo en Madrid por la proclamación de la República, el 14 de abril de 1931.

/ FOTOTECA SOL

Como eran elecciones municipales, los monárquicos pudieron aducir que las habían ganado porque habían obtenido más concejales, pero en realidad habían perdido en 45 de las 52 capitales de provincia, y las candidaturas republicanas habían ganado en ellas y en el voto popular. Sobre todo había fracasado el plan de la continuidad del régimen por plazos. Buena parte de los monárquicos abandonaron al rey Alfonso XIII ante la evidencia de que una mayoría en concejales no era ninguna base para seguir defendiéndolo, y ante el vacío de poder que se abrió, los republicanos impusieron su solución de ruptura: Gobierno provisional y elecciones constituyentes, que se celebraron en junio.

¿El sistema político republicano cumplió los estándares de una democracia?

Sin ningún género de dudas. Con elecciones (1931, 1933 y 1936) desarrolladas dentro de unos parámetros notables de ejercicio libre del voto; sin el recurso constante a la suspensión de garantías constitucionales que había caracterizado al régimen monárquico de la Restauración. Hubo conflicto político, como en toda democracia, sin que se resolviera de manera ilegítima, violando la Constitución desde el poder. Pudo haber ejercicio de abuso de autoridad en circunstancias concretas y revueltas sociales, pero nada de ello llegó a quebrar el sistema democrático en sus estándares básicos.

El primer Gobierno provisional de la República, en 1931

/ ARCHIVO EFE

¿La República fue una etapa de avances en derechos sociales y políticos o un proyecto fallido que no llegó a aplicar reformas efectivas?

Para empezar, hay que recordar que la República solo existió durante nueve años, de los que tres fueron de guerra civil. Es decir, que solo vivió seis años de normalidad institucional, en los que, además, se produjeron dos cambios políticos generales (el de 1933, a favor de las derechas, y el de 1936, a favor de las izquierdas), con los consiguientes parones y rectificaciones legislativas. Aun así, se produjo ese avance, interrumpido por la excepcionalidad de la guerra provocada por la sublevación.

La lista es larga, señalo algunos ejemplos: reconocimiento de igualdad de derechos de los trabajadores del campo con los de la ciudad; acceso a la explotación de la tierra mediante los decretos de intensificación de cultivos; plan de reforma agraria –moderada– que no dio tiempo a desarrollar; pleno reconocimiento del matrimonio civil; reorganización del Estado mediante la introducción del sistema autonómico; concesión real del sufragio universal al ampliar el voto a la mujer, en condición de igualdad con el hombre.

A lo que hay que añadir el plan profesional de formación de maestros, vital para el desarrollo de la educación pública, y el fomento de una actividad cultural sin el peso de las censuras vividas en el pasado monárquico. Progreso educativo y cultural que eran cimientos fundamentales del desarrollo democrático.

¿Hubo persecución a los católicos y a la Iglesia? ¿De quién y a partir de qué momento?

No hubo tal persecución por parte institucional. Lo que hubo fue la instauración de un sistema de separación del Estado, que es de todos, y la Iglesia católica, que es de muchos pero, en definitiva, de una parte. La jerarquía católica española lo tomó como una persecución, pero eso fue falso. El hecho fue que las relaciones entre el Vaticano y la República se mantuvieron hasta la sublevación de julio de 1936. Otra cosa era que en la sociedad existía un conflicto cultural y de poder, centenario, entre católicos y no católicos. Ese conflicto se manifestó, en ocasiones, con estallidos puntuales de violencia, como los asaltos de iglesias, nunca alentados desde las instituciones y el gobierno republicano.

¿Fue la violencia una característica de este periodo? ¿Por parte de la izquierda, de la derecha o de ambas?

Todo el periodo que va desde 1914 hasta 1945 se caracterizó en Europa por la incidencia de la violencia política y social, ejercida desde casi todas partes y mayor en los momentos de crisis o de cambio político. Ni España ni la República fueron diferentes. Hubo violencia episódica y espontánea, sobre todo en el campo, con enfrentamientos entre propietarios y jornaleros y campesinos pobres, en ocasiones agravados por intervenciones inadecuadas de la guardia civil local y reacción contra ellas. También hubo los mencionados incidentes de violencia anticlerical.

Francesc Macià se dirige a la multitud desde el Palau de la Generalitat, el 24 de abril de 1931

/ ARCHIVO

Y hubo violencia organizada. La de las izquierdas: los conatos insurreccionales anarquistas de 1932 y 1933 y la rebelión de octubre de 1934. La de las derechas, el golpe fracasado del general Sanjurjo en agosto de 1932; la represión del movimiento de octubre de 1934, con ejecuciones sumarias y torturas, en particular en Asturias; los desahucios masivos de rabasaires en Catalunya en 1935; la estrategia de la tensión, con atentados, desarrollada por Falange en 1936.

No obstante, en el periodo en el que quedó como más conflictivo –por la propaganda antirrepublicana–, el que fue de febrero a julio de 1936, la responsabilidad mayor, de largo, del ejercicio de la violencia correspondió a la derecha y a elementos de orden público que actuaron por cuenta propia como mandos locales, como ha demostrado con rigor Eduardo González Calleja.

¿Tras la victoria de las derechas en 1933, la izquierda se radicalizó y cuestionó el sistema democrático?

Es innegable que se radicalizó, en particular el socialismo. Sin embargo, sería inexacto decir que se cuestionó de manera generalizada el sistema democrático, aunque algunos pudieran llegar a hacerlo. Lo que se cuestionó fue la capacidad de la derecha republicana, el Partido Radical, para garantizar la supervivencia de la república democrática, sobre todo si en su compromiso con la CEDA llegaba a concederle el acceso al Gobierno.

¿Qué provocó la revolución de octubre de 1934? ¿Fue la semilla de la guerra civil?

La rebelión de octubre de 1934 fue la respuesta a ese acceso. Santos Juliá explicó cómo Francisco Largo Caballero, apoyado en esta ocasión por Prieto, concibió la propuesta de huelga general insurreccional como una maniobra preventiva para impedir la entrada de la CEDA en el gobierno; fue el oxímoron de una rebelión defensiva, a la que Largo Caballero no habría querido llegar, que no tuvo ni programa alternativo ni preparación insurreccional real. El PCE discrepaba de llevar adelante la insurrección, pero se sometió entonces al plan de Largo Caballero. Fue, en resumen, una llamarada sin futuro.

En 1935, la izquierda española, con el impulso del sector centrista del PSOE, liderado por Prieto, el republicanismo de izquierda de Azaña y el PCE volvió a un programa de defensa de la república democrática y restauración del reformismo social de 1931-1933. Octubre de 1934 fue un episodio, un grave error de la izquierda, encerrado en sí mismo. No fue ninguna semilla de la guerra; la única semilla de la guerra fue la opción de golpe contra la democracia que tomó una parte del ejército apoyada, e instigada, por la derecha antirrepublicana.

¿Fue legal la victoria de Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936?

Por completo. El historiador Javier Tusell ya estableció hace más de 40 años la legalidad de esa victoria, que no tuvo incidentes significativos suficientes para ponerla en entredicho. Se produjeron, pero incluso descontando el hipotético beneficio que hubieran podido producir al Frente Popular –también hubieron a favor de las candidaturas contrarias–, la victoria política y la mayoría parlamentaria habría seguido correspondiendo a la coalición de izquierdas.

Sesión inaugural de las Cortes constituyentes el 14 de julio de 1936

/ ANTHONY BEEVOR

Con una participación del 72%, el Frente Popular ganó ya en la primera vuelta, del 16 de febrero, en 33 de las 60 circunscripciones, logrando 259 diputados del total de 473 (22 por encima de la mayoría absoluta). Solo él quedó en condiciones de formar el nuevo Gobierno de la República. La propaganda de la sublevación de julio de 1936 pretendió que ese resultado no había sido legal, y algunos historiadores han querido resucitar ese infundio, pero más allá de constatar que hubo incidentes, incluso estos últimos tuvieron que reconocer que el resultado de la mayoría absoluta del Frente Popular fue indiscutible.

¿El objetivo del Frente Popular era implantar un régimen comunista en España?

Otra falsedad. Tal cosa no estuvo en el programa electoral de febrero de 1936, ni en la acción del Gobierno, integrado exclusivamente por republicanos, entre febrero y julio de 1936. Y aunque la idea de responder a la sublevación con una revolución social estuvo presente en los primeros meses de la guerra civil, por parte anarquista, no fue compartida por el bloque frentepopulista, que mantuvo hasta el final de la guerra a la República en el campo de las democracias occidentales, a pesar del nulo apoyo del Reino Unido y el muy escaso de Francia.

 Proclamación de la Republica en la Puerta del Sol de Madrid, el 14 de abril de 1931

/ ARCHIVO

¿Acontecimientos como la muerte de Calvo Sotelo explican el golpe del 18 de julio de 1936?

No. Esa falsedad es también simple propaganda de la sublevación. La conspiración militar arrancó en febrero de 1936, con sus planes iniciales, y quedó decidida de manera concreta durante las maniobras militares militares en el Llano Amarillo, en el Norte de África, tras de las cuales Yagüe comunicó el 12 de julio a Emilio Mola que todo estaba preparado para el levantamiento “el 17 a las 17”, por la tarde para que la aviación republicana no pudiera entorpecerla. José Calvo Sotelo fue asesinado el 13 de julio.

Los trabajos de Ángel Viñas han demostrado lo que toda la historiografía seria ya venía estableciendo. El golpe se explica por la decisión de la derecha antirrepublicana, después de fracasar su coalición con el Partido Radical en 1935 y su derrota electoral en febrero, de hacerse con el poder por la vía de las armas y acabar por la fuerza con la República democrática.

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