Perfil Allen Sanginés-Krause

El benefactor del rey emérito pliega velas en Madrid

  • Ante la fiscalía admitió que regalaba grandes sumas a Juan Carlos I porque admira su figura
  • Desde que han trascendido sus donaciones hace más discreta su presencia en los negocios de la ciudad
POLITICA Allen Sangines-Krause

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Cuando trascendió que Juan Carlos de Borbón presentaba una declaración complementaria al fisco con una cuota superior a los 678.000 euros y supuestamente por unas donaciones de base liquidable mucho mayor, un veterano de la inspección de Hacienda comentaba a este diario: “Regalos como estos no tienen precedente fiscal. Nadie tiene amigos tan generosos”. Pero Allen Jesús Sanginés-Krause sí puede serlo si le motiva la “admiración”, según ha dicho a la fiscalía.

En diciembre de 2018, en el Madrid que no imaginaba pandemias ni crisis, el consorcio mexicano RLH Properties se hizo con el hotel Villamagna, y en el mundillo inmobiliario señalaban ya a un empresario anglomexicano amigo del rey emérito y ex dirigente de Goldman Sachs en Europa como artífice de la compra. Cambiaba de manos una de las joyas de la corona hotelera de la ciudad, pero el inversor del que se hablaba no iba a durar mucho en la operación. En menos de un año Sanginés-Krause salió del hotel vendiendo su parte de RLH.

Ahora se atan hilos de esa salida con el inicio de una de las investigaciones de la fiscalía sobre las cuentas de Juan Carlos de Borbón. De la discreción en la que se mueven algunos altos financieros –que se quebró en el caso de Allen con la aparición de su nombre en los papeles de Panamá- ha pasado el amigo de Juan Carlos I a una intensa popularidad como mecenas, un inopinado sponsor del rey cuyos regalos construyen como ladrillos un relato sobre la fortuna oculta del monarca retirado.

Y se remonta la historia oficiosa de su amistad con el rey a periodos de ocio compartidos con él y la amiga común Marta Gayá en Irlanda y las islas griegas, la coincidencia de una de las hijas del mexicano con Victoria Federica Marichalar Borbón en el elitista colegio Saint Mary’s de Ascot, o, en fin, amistades cruzadas de los dos hombres con Corinna.

El empresario, uno de los investigados clave de un caso que aún no es diligencia judicial, después de su declaración ante la fiscalía ha aligerado su presencia en España. Recientemente ha rescindido su contrato con los representantes que explicaban parte de sus inversiones en este país desde un lujoso despacho en la plaza de la Lealtad de Madrid, entre el Ritz y la sede de la Bolsa, y ha replegado operaciones a su herramienta financiera de siempre, BK Partners, con sedes en Londres y México DF.

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Es la misma firma con la que concurrió a un deporte de moda de millonarios latinoamericanos en la capital: la caza de edificios suculentos. Su principal trofeo, un inmueble de la calle Ayala reformado por Bardají, uno de los estudios de arquitectura más cotizados del país, se ha convertido en lujosa residencia para clientes de altísimo poder adquisitivo. 

Al hotel madrileño, por cierto, lo gestiona hoy la cadena Rose Wood. Es la misma que gobierna el resort Mayakoba, en la costa caribeña mexicana, desde que lo vendiera la española OHL. Es un hotel de a 600 dólares la noche que forma parte de pesquisas informativas de la fiscalía sobre supuestas regalías a Zarzuela desprendidas de su venta. Pero es que el alto negocio hotelero es un pañuelo.