30 mar 2020

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PACTO DE INVESTIDURA

Los entresijos de las negociaciones PSOE-ERC

El gran obstáculo que sortearon PSOE y ERC fue el de la mutua acusación de fuerza poco fiable

Jové, encausado por el 1-O, emerge como artífice del acuerdo

Xabi Barrena

Los negociadores del PSOE: Illa, Ábalos, Lastra, con los representantes de ERC, Rufián, Vilalta y Jové.

Los negociadores del PSOE: Illa, Ábalos, Lastra, con los representantes de ERC, Rufián, Vilalta y Jové. / JOSÉ LUIS ROCA

Tras el 10-N solo dos cosas unían a PSOE y ERC. La voluntad de pacto y la desconfianza mutua. El 'gen loco' republicano versus los bandazos de Pedro Sánchez. 

Pero el pacto era estratégico para ambos. ERC adaptó el comité de campaña del 10-N y creó un equipo comandado por Pere Aragonès y en el que estaban los tres negociadores (Marta Vilalta, Gabriel Rufián y Josep Maria Jové), además de Sergi Sabrià y miembros del equipo de comunicación, entre otros. Ya desde la primera reunión, los trayectos hasta la estación de Atocha, donde Jové y Vilalta tomaban el AVE de vuelta, servían para poner a Aragonès al día de lo sucedido.

En la primera reunión, ni media sonrisa en los momentos previos. Después, alguna broma sobre la alicantinidad de José Luis Ábalos y, por ende, su 'pertenencia' a los Països Catalans. 

Jové y su Moleskine. Especialista en negociaciones, todas las fuentes subrayan su papel en la negociación. Y eso que su expediente judicial a cuenta del 1-O no pasó en ningún momento desapercibido. En una de las reuniones, el propio Jové avisó a los presentes: "Estáis aquí tan tranquilos con los móviles encima de la mesa. Ya sabéis que nos están grabando, ¿verdad?". La frase fue tomada como una ocurrencia por la delegación socialista, hasta que Jové, con mirada grave apuntó que lo decía absolutamente en serio. Por experiencia.

Austeridad. Solo agua en las reuniones y, en una ocasión, en la única que tuvo lugar sin que los medios lo supieran, en los despachos del Congreso, alguna cerveza. En el último cónclave,  la semana pasada, también hubo alguna cosa para picar. Salado, en concreto. 

Citación sobre la mesa

En la primera reunión se constató que ambas partes iban "en serio", así lo verbalizó Adriana Lastra. Los republicanos acudieron con la citación del Tribunal de Cuentas a Oriol Junqueras por el 1-O. Y la blandieron. La desconfianza se cortaba con cuchillo. Con todo, ese día se fijó la definición de "conflicto político", término que los socialistas se encargaron de desdemonizar utilizándolo en público.

Es en la tercera reunión (3 de diciembre) cuando el PSOE aprieta por el calendario. Deseaban que la investidura se celebrara una semana después. Ahí se sanciona que el acuerdo se basaría en la creación de la mesa y que los aspectos sociales, vista la gran sintonía, se desarrollarían a lo largo de la legislatura. El PSOE insistió en abordar los presupuestos, algo a lo que ERC se negó. Nunca estuvo  sobre la mesa la discusión de traspasos, como el del aeropuerto.

Es en las dos reuniones consecutivas en Madrid (2 y 3 de diciembre), con el resbalón de Lastra en las escaleras del Congreso (algo a lo que Vilalta y Jové asistieron desde la tribuna del público) por enmedio, cuando se aceptó que la mesa de diálogo sería entre gobiernos y de igual a igual. Y empezó el debate sobre la seguridad jurídica, los socialistas insistían en que la mesa pendiera de alguna arquitectura legal existente. ERC alegó que el modo de evitar que fuera recurrida era desligarla de todo. 

Entre las reuniones de Madrid y las dos de Barcelona, Lastra y Rufián se intercambiaron, y los equipos enmendaron, documentos vía Signal, una aplicación codificada de mensajería. El 10 de diciembre, Vilalta, a la vista de que los socialistas se hacían los remolones con la definición de la mesa les advirtió de que para "ERC no supone un coste decir que no". En esa reunión también se pidió que Sánchez llame a Torra. El PSOE aceptó, pero señaló que la llamadase haría tras la investidura. ERC presionó para que fuera antes.

Ya desde la segunda reunión, ERC fue preparando a los socialistas sobre que el fallo del TJUE del 19 de diciembre obligara a un replanteo. El PSOE se tomó el aviso no muy en serio. "Queremos cerrar ya, porque hay mucha gente que quiere dinamitar esto", alegó Abalos para meter prisa.

El dictamen del TJUE fue mejor de lo que esperaba ERC. Se solicitó al PSOE que hiciera "un gesto" vía Abogacía del Estado, "no un chantaje. Porque, si tras el fallo, Abogacía no variaba su discurso y se mantenía en la vía judicial, ¿qué futuro le esperaba a la mesa?", razona a posteriori una voz republicana. ERC nunca vieron el escrito de Abogacía antes de que se hiciera público. La única señal del PSOE que recibieron fue un escueto "os gustará".