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Agria victoria del PSOE

Sánchez gana pero pierde escaños y se ve obligado al 'multipacto' para garantizarse el Gobierno

Rivera lleva a Cs al fracaso y abre la puerta a su relevo mientras Vox arrasa con 52 diputados

Gemma Robles

Pedro Sánchez saluda a Cristina Narbona, presidenta del PSOE, antes de la reunión de la ejecutiva del partido, este lunes.

Pedro Sánchez saluda a Cristina Narbona, presidenta del PSOE, antes de la reunión de la ejecutiva del partido, este lunes. / JOSÉ LUIS ROCA

Que el PSOE salda el 10-N con una victoria agria, áspera y espinosa, sin un horizonte claro para lograr una investidura y, sobre todo, la gobernabilidad, es tan solo una de las tres certezas que deja una escalofriante jornada electoral. La segunda es que Ciudadanos, con sus incomprensibles vaivenes ideológicos  de la mano de Albert Rivera, ha dejado de tener sentido para muchos de los que le acompañaron en los últimos años: su líder, con 47 diputados menos que en el 28-A, abre la puerta ahora a su relevo. Y la tercera, la más alarmante, es que a una buena parte de España -¡52 diputados!- ha dejado de preocuparle que la ultraderecha campe a sus anchas en las Cortes e imponga, en pleno siglo XXI, debates retrógrados y humillantes para la mujer y los inmigrantes. Gracias a esta repetición electoral, Vox se ha ganado el derecho a ser uno de los principales guionistas de la próxima legislatura en el Congreso, donde será la tercera fuerza política. 

Desde allí  intentará sin duda reventar el «liberticida» Estado de las autonomías, su obsesión, para volver a esencias ya caducas que lejos de apoyar el diálogo con los que quieren más autogobierno o directamente independizarse, apostarán por la réplica con mano de hierro. Vaya un jugadón estratégico para todos aquellos que creían tener planes de futuro lejos del peligroso terreno del ‘cuanto peor, mejor’.

Pactómetro en marcha

 Así, mientras un pletórico Santiago Abascal le da vueltas en los próximos días a cuántas leyes o proyectos de ley que intuye en el horno legislativo se dispone a recurrir próximamente en el TrIbunal Constitucional, gracias al enorme puñado de escaños que ahora atesora, otros tendrán que ir pergeñando cómo salen de este lío monumental. La investidura y la fórmula para agarrar el timón de España, en juego.

El PSOE sale de esta con tres diputados menos que en  abril -120 parlamentarios-; con casi todos los potenciales socios vía izquierda debilitados o sin suficiente relevancia y un panorama a la diestra que corta la respiración. La firmeza frente a los independentistas o el factor exhumación de Franco no parcen haber sumado en una campaña que nacía amenazada por el fantasma de la abstención. Del hastío. Sánchez, que tampoco gozará ya de la mayoría absoluta que hace unos meses cosechó en el Senado, lleva semanas diciendo que querría tener cuadrado el círculo de la gobernanza antes de que llegue el año nuevo. Hasta hace unas horas apuntaba a una abstención general de la oposición, por aquello de la responsabilidad y del desbloqueo. Este domingo, desde la tribuna en que celebró junto a los suyos el resultado, prometió que sabrá tener «generosidad» y que, esta vez «sí o sí» conseguirá tener un gobierno progresista.

A la espera de comprobar si eso significa que en esta ocasión estará dispuesto a integrar a Pablo Iglesias, de Unidas Podemos, en un Ejecutivo de coalición o a ofrecerle otras fórmulas de pacto, el jefe de los  morados movió rápidamente ficha y mandó veloz un mensaje a Sánchez para confirmar que le tiende la mano, sí, pero para coaligarse. Para que no hubiera dudas de dónde están las líneas rojas de una organización que cuenta actualmente con 35 sillones, siete menos que en primavera

Desde Catalunya, los comunes, por boca de Ada Colau, recordaron que no está el ambiente para fiestas con la extrema-derecha tan crecida y apremiaban al progresismo a llegar a acuerdos sin más demora. En Más País, que estará en la Cámara Baja con tres escaños, se apuntaba en esta misma dirección de abandonar los rodeos y entender la urgencia del momento.

Las abstenciones

 En cualquier caso los ciudadanos han castigado a sus políticos y, lejos de ponerles más sencillas las operaciones aritméticas con una segunda vuelta en las urnas, les han encargan deberes aún más complejos. La respuesta de los españoles se resume en un 'si quieres caldo' que obligará a los socialistas a no poder desechar de entrada ninguna vía, ni siquiera la que cuente en segunda vuelta entre otros factores con la abstención «patriótica» de PP (88 diputados, 22 más que en las últimas generales)  y Cs, aunque de momento Pablo Casado se hace el interesante y Albert Rivera tiene que pensar en su futuro tanto o más que en el del país.

Casado subrayó su distancia con Sánchez y su poco interés en ayudar a que sea presidente, pero no fue más allá. Dijo que la pelota está en el tejado del PSOE y ganó tiempo. Vox la asfixia.  El PNV, dispuesto a ponérselo fácil al socialismo, ganó un escaño y se coloca en siete. El independentismo catalán tiene su peso, con más votos, pese a que la sentencia no le ha dado excesivo rédito. El PSOE dice no contar con esos escaños. Todo por hacer.