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DEBATE DE POLÍTICA GENERAL

Torra sostiene que "Catalunya va bien" y guarda sus cartas ante la sentencia

Solo la disposición de los 'comuns' a negociar los presupuestos abre una puerta al diálogo mientras ERC y la CUP marcan perfil

El 'president' ratifica que mantendrá la pancarta independentista en el Palau de la Generalitat pese a la orden judicial

Fidel Masreal / Xabier Barrena / Júlia Regué

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el debate de política general en el Parlament.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el debate de política general en el Parlament. / FERRAN NADEU

El debate de política general del Parlament era el más importante del año en Catalunya. Era. Al actual contexto de división en bloques radicalizados, y de dificultades del Govern para presentarse con una mayoría parlamentaria, se le han añadido unas nuevas elecciones a la vista y los nervios crecientes por la inminente sentencia del 'procés'.

Un cóctel que mostró este miércoles, además del debate real sobre políticas sociales o económicas -el presidente de la Generalitat, Quim Torra, dedicó escasos 25 minutos a toda la oposición en bloque en lugar de contestar uno a uno-, la ausencia de autocrítica. También exhibió la tensión añadida por un 'president' que, mientras seguía el debate, desafiaba el plazo dado por la justicia para que retire la pancarta independentista del Palau de la Generalitat por la inminencia de las elecciones.

Entre un montón de monólogos mitineros, solo una brecha al diálogo: la puerta abierta de los 'comuns' a negociar los presupuestos del Govern. En cambio, la CUP de nuevo se alejaba del abrazo que trataba de darle el 'president'.

De entrada, en dos horas de intervención inicial matutina, el 'president' Torra impuso un tono triunfalista pero poco vigoroso en cuanto a la gestión interna ("Catalunya va bien", llegó a decir por la tarde a los 'comuns'). Y, exento de autocrítica, un tono más elevado contra el Estado, pero con una hoja de ruta inconcreta respecto a la famosa respuesta unitaria que el independentismo trata de hilvanar ante la inminente sentencia del Tribunal Supremo para los inculpados por el 1-O.

En la gestión, Torra sacó pecho por la reducción del paro y las exportaciones, y desgranó medidas sociales como el despliegue de la renta mínima o los decretos sobre fomento del alquiler y control de los precios de este. En todos estos frentes, obvió las cifras que alertan del aumento de las desigualdades, la lentitud del despliegue de la renta garantizada (hace un año se aprobó, en este mismo debate, una resolución exigiendo aprobar el reglamento de la ley, que sigue pendiente, como tantas otras) y la crítica interna y externa al decreto sobre vivienda. En las réplicas, Ciutadans y las fuerzas de izquierdas -excepto ERC- enmendaron de forma contundente la visión optimista de Torra.

Las cuentas

Pero la principal bandera que trató de levantar el 'president' fue la de negociar y aprobar las cuentas del 2020. Y para tratar de atraer a la izquierda hizo un amago de subida de impuestos ambientales y en el tramo autonómico del IRPF. "Se puede dar un paso más: para elevar el volumen de la inversión, porque necesitamos estos presupuestos con esta inversión, no descartamos reformas en algunas figuras impositivas como el tramo autonómico del IRPF o impuestos mediambientales", propuso. Y cifró en 2.313 millones de euros el aumento del gasto que prevén las cuentas. Incluso, ya por la tarde, llegó a prometer que los presupuestos revertirán todos los recortes. El 'president' apeló reiteradamente a la responsabilidad de la oposición para dotar a Catalunya de unas cuentas, dado que las actuales son las del 2017 prorrogadas por falta de apoyos año tras año.

Solo los 'comuns' recogieron el guante, desde la distancia ideológica, si bien con condiciones: un "giro social, verde y morado". Así lo apuntó Jéssica Albiach en una intervención que, como la mayoría, tuvo un marcado tono electoral. En cambio, la CUP impugnó de cabo a rabo los planes soberanistas y la gestión social de Torra, en un discurso suave en las formas pero de máximos en el fondo, al que el 'president', en cambio, trató de responder con un abrazo: "¿Qué nos separa exactamente? Nos cuesta aterrizar en los conceptos, quiero decir que aterricemos juntos para salir adelante". Solo un guiño de acuerdo: una resolución conjunta de JxCat, ERC y la CUP.

La indefinición

En el terreno soberanista, a escasos días de la sentencia del Supremo, Torra pareció guardar sus cartas. Y respecto al discurso de Prada de Conflent o de la reciente conferencia en Madrid, insistió en su apuesta por la confrontación democrática con el Estado, aunque apuntó a una respuesta en positivo a la resolución del Supremo. Sí, mostró firmeza cuando avanzó, ante, dijo, la falta de negociación por parte del Estado: "Nosotros seguiremos adelante y no pararemos". ¿Qué significa eso? "Volveremos a ejercer todos los derechos que nos sean negados, incluido el derecho a la autodeterminación". Sin más concreciones. Mientras, ERC marcaba perfil con un discurso defendiendo ampliar la base social independentista como prioridad ("ser más para ganar por desbordamiento") e ir a unas elecciones -que son anatema para Torra y JxCat- para superar el 50% de votos independentistas. Y la CUP, en cambio, apelaba al poder popular y el desacato.

Sí mostró firmeza en contra de la detención de los independentistas acusados de terrorismo, que calificó de operación política y mediática. Y también respecto a la cuestión de la pancarta, confirmando en su réplica a Ciutadans que la mantendrá.