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POLÉMICA

Dimisiones en la CUP por la gestión de la agresión machista a Mireia Boya

Tres miembros de la dirección abandonan la cúpula por no haber apartado al agresor

El partido asegura que ofreció "mediación" y que algunas acusaciones "no son ciertas"

Júlia Regué

La exdiputada de la CUP Mireia Boya.

La exdiputada de la CUP Mireia Boya. / ACN / SALVADOR MIRET

Tres dirigentes del secretariado nacional de la CUP han abandonado el órgano debido a la gestión interna que se ha hecho de la agresión que sufrió la exdiputada Mireia Boya por parte de un militante anticapitalista. Boya hizo público a finales de marzo que había recibido la "agresión psicológica continuada" de un compañero y abandonó la primera línea del partido. Ahora, tres mujeres más -Maria Ballester, Aina Delgado y Núria Alcaraz-, han seguido sus pasos después de ver que no se cortaron las relaciones entre la organización y el presunto agresor cuando consideran que era "evitable" porque no requería nada más que "no invitarle a una reunión consultiva en la que nadie era imprescindible". Las dos primeras redactaron una carta dirigida a su asamblea territorial, que ha adelantado Nació Digital y a la que ha tenido acceso este diario, en la que exponen sus motivos para dejar la dirección.

Según ha podido saber EL PERIÓDICO, las tres dimitieron a principios de abril y redactaron la misiva detallando los motivos para dar explicaciones sobre su dimisión ante la territorial que les propuso el cargo. Reclamaron igualmente que la misma se hiciera llegar al resto de la militancia pero la dirección se negó por desacuerdos con el contenido y les emplazaron a realizar una reunión mediada con un colectivo que gestiona agresiones machistas. Finalmente, enviaron el documento a su asamblea una vez pasadas las municipales para no interferir en el proceso electoral, para explicar su parecer al menos ante la asamblea en la que deben rendir cuentas. 

"Incomprendidas y agotadas"

En el texto, cargan contra los militantes anticapitalistas que cuestionan "el grado de formalidad de la denuncia" y los que entrevén "supuestas motivaciones ajenas insinuando una posible instrumentalización política". Ballester y Delgado razonan que "algunos agresores tienen mucho poder formal o informal" debido a sus amistades y proponen que, en ese caso, se arrinconen a los cercanos de la gestión de estas violencias y que se suprima cualquier presión a los que se encargan de abordar la situación. 

"Tenemos que garantizar que situaciones como las que han precipitado nuestra dimisión no se vuelvan a repetir", exponen, y abundan en que no quieren "que ni una mujer más deje la militancia, ya no solo por haber sido agredida, sino sobre todo por no haber recibido el apoyo que se esperaba por parte de la organización".

Las militantes sostienen que dimiten para "asegurar un cambio inmediato" y porque ellas no han sido "capaces de propiciarlo", ya que alegan que se han sentido "incomprendidas" y se han "agotado para hacerse valer".

La CUP considera falsas "algunas" acusaciones

Fuentes de la CUP han confirmado su dimisión, aunque han alegado que, al conocer la denuncia de Boya, "el secretariado impulsó un proceso de mediación con las tres compañeras" al solicitar el envío de la carta a la militancia. "Esta carta, de un lado, contiene acusaciones que no son ciertas, y, de otra, plantea debates de profundidad sobre modelos de gestión de agresiones en el seno de las organizaciones", apostillan.

Añaden que la mediación "tenía como finalidad trasladar el debate a los espacios asamblearios" del partido: la asamblea nacional de mujeres, grupos de trabajo de lucha feminista, consejo político, entre otros. "Con una de las compañeras seguimos con el proceso de mediación iniciado", afirman. 

La CUP aprobará este sábado en el consejo político un protocolo contra las agresiones machistas en la organización que hace cerca de un año que trabajan y debaten en las distintas asambleas locales.