29 mar 2020

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JUICIO DEL 'PROCÉS'

Guardias civiles relatan episodios de insultos y acoso en Catalunya

Hasta 15.000 personas protestaron ante el cuartel de Manresa y se lanzó un artefacto contra el de Igualada

La fiscalía interroga a víctimas de situaciones violentas, sin entidad en opinión de las defensas

Ángeles Vázquez

Os vais a cagar, os vamos a matar, detalla en el juicio del ’procés’ un agente de la Guardia Civil sobre un incidente en Lleida. / SEÑAL SUPREMO (EFE)

El juicio del 'procés' transcurrió este jueves entre los distintos escraches, acosos y protestas que sufrieron guardias civiles en Catalunya durante el otoño del 2017. Episodios que acreditan el odio que los agentes sentían que suscitaban entre cierta parte de la población que se enfrentó a ellos como si gozara de inmunidad total. Pero ninguno ha parecido de una gravedad suficiente, especialmente, en opinión de las defensas, como para sustentar el delito de rebelión por el que se sientan en el banquillo nueve de los 12 acusados. 

El más grave de los relatados, sin duda, el lanzamiento de un artefacto incendiario contra el acuartelamiento de Igualada que provocó llamas en el patio y causó miedo entre las familias que residen en él, por el convencimiento de que alguien podía haber resultado herido. Además, fue el motivo de una nueva regañina por parte del presidente del tribunal, Manuel Marchena, a Jordi Pina, abogado del expresidente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) Jordi Sànchez, cuando preguntó al testigo qué le permitía inferir que el lanzamiento estaba relacionado con el 'procés'. El magistrado le exigió "seriedad" y reservó al tribunal la facultad de inferir.

Entre los seguimientos a paseantes y protestas frente a hoteles y a cuarteles, destacó las celebradas contra el de Manresa, en el que residen unas 160 personas con edades comprendidas entre los 0 y los 80 años. La mayor, con 15.000 personas, tractores y vehículos de los bomberos, se vivió el 3 de octubre. Pero en la del 20 de septiembre, que reunió a unas 2.000, fue en la que hubo que cerrar las puertas y arriar la bandera española, para evitar "cosas no muy acordes con la enseña nacional". 

Aguantar y aguantar

El teniente al mando explicó que sus órdenes eran "aguantar, aguantar y, si se puede, aguantar un poco más, sobre todo, no protagonizar ningún tipo de incidente", porque ante la "masa", cualquier cosa "puede encender la mecha". Por eso cuando los manifestantes aprovecharon la situación para izar la estelada se optó por esperar a que se retiraran para quitarla, aunque no fue necesario porque se la llevaron consigo. También tuvieron concentración el 28 de septiembre por una huelga estudiantil, durante la que se impidió la salida de la correspondiente comisión al registro en el que se intervinieron casi 10 millones de papeletas.

El sargento de seguridad del cuartel de Valls (Tarragona), donde se concrentraron unas 150 personas, explicó cómo, cuando se dispersaban, trató de identificar a un joven que pegaba carteles contra las paredes del cuartel. El chico se zafó y se le encaró media docena de personas. Solo gracias a un pasillo que le hizo la policía local pudo retirar los adhesivos pegados.

Hoteles y paseos

El repaso por los acosos había comenzado por el hotel Nice de La Seu d'Urgell tras el 1-O. Dos de los guardias discreparon en el número de concentrados (de mil a 150), pero ambos coincidieron en los insultos recibidos y en que el dueño del hotel, cuyo trato hasta entonces había sido muy correcto, les indicó que él se iba a quedar en la localidad cuando ellos se marcharan, así que no renovaría la reserva del Instituto Armado.

A diferencia de los agentes que participaron en la operación Anubis, que reincidieron en describir el odio que veían en las caras de los manifestantes, este jueves solo apareció una vez la palabra. Fue para decir que no lo entendía, y más cuando ellos habían tenido "una intervención muy liviana el día anterior y donde no se pudo intervenir, no se intervino por evitar un mal mayor que el que se quería evitar".

Otros dos guardias explicaron cómo una persona les siguió durante un paseo por el centro de Lleida y luego comprobaron que había publicado su imagen en Facebook, mientras les identificaba como los "animales" que el día anterior habían golpeado a personas de su pueblo. Ya no volvieron a salir solos. 

Convoy de bomberos

Los bomberos también fueron mencionados con insistencia, por su apoyo a las protestas. Un agente que hacía labores de vigilancia de la comandancia de Girona vio pasar un convoy "bastante numeroso" de unos 15 vehículos de bomberos que se dirigían hacia donde estaban. "Los ocupantes de los vehículos empezaron a hacer gestos en forma de peineta, como si fuéramos unos caraduras, con los pulgares hacia abajo, nos insultaron", explicó.

La pauta de las declaraciones solo fue interrumpida por una mossa a la que el fiscal Jaime Moreno preguntó si había enviado un whatsapp localizando a agentes contra los que protestar. Ella dijo que no le sonaba, pero que no lo recordaba con seguridad, aunque reconoció suyo el teléfono del que hablaba el fiscal. El tono incriminatorio del representante del ministerio público llevó al presidente del tribunal, Manuel Marchena, a interrumpirle, porque la mujer venía como testigo.

También comparecieron dos de los cinco mossos que resultaron heridos en el registro de Joan Ignasi Sànchez Santín, en Sabadell, que coincidieron en el testimonio prestado este miércoles por sus compañeros, también lesionados.