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TRAS LAS CARGAS DEL 6-D

Torra da marcha atrás y descarta una purga en los Mossos

El 'president' cierra así una crisis que él mismo creó dando un ultimátum desde Eslovenia

Ha rectificado tras ver las imágenes y la documentación de la actuación policial

Guillem Sànchez

Quim Torra y Miquel Buch, en el Parlament, el pasado julio.

Quim Torra y Miquel Buch, en el Parlament, el pasado julio.

No habrá ninguna purga en los Mossos d'Esquadra. El 'president', Quim Torra, tras ver todas las imágenes de la actuación policial en Girona y en Terrassa durante el Día de la Constitución, ha cambiado de opinión. Y a Miquel Buch, 'conseller' de Interior, le ha tocado este lunes dar la cara ante los comisarios y los jefes de todas las regiones y unidades del cuerpo catalán y pedirles disculpas por el monumental enredo.

Si tras consultar toda la documentación existente sobre ambas actuaciones policiales, el Govern considera que fue una actuación "globalmente correcta", tal vez ahora resulte oportuno preguntarse qué información indujo a Torra, desde Eslovenia, a mandar un ultimátum a Buch para que señalara y reprendiera a los policías que actuaron -cumpliendo órdenes de la 'conselleria'- contra los manifestantes de las plataformas antifascistas que querían impedir los actos del partido ultraderechista Vox. ¿Fueron los vídeos de las redes sociales los que indignaron a Torra? ¿O las quejas de la CUP, cuya diputada María Sirvent resultó herida por un proyectil de foam? ¿Ambas cosas?

Sin respuesta a esas preguntas, queda concluir solo lo obvio: quien le informara, fuera quien fuera, para el 'president', tenía más credibilidad que Buch o que su propia policía, que defendían que en Girona y en Terrassa se actuó de forma correcta para repeler, después de los avisos por megafonía, ataques de manifestantes -en muchos casos, encapuchados y violentos- que atacaron los cordones policiales. Y que le remarcaban también que la Divisió d'Afers Interns (DAI) está para investigar posibles casos de mala praxi, como los golpes que recibió en Girona un manifestante en clara acción de huida o la cámara que, según ha denunciado un fotógrafo, rompió un antidisturbios.  

Para Torra pesó más lo que por vía extraoficial le hacían llegar hasta Eslovenia y, por eso, convirtió la Conselleria d'Interior horas después de los altercados en una olla de presión, que forzó a Buch a afirmar el día siguiente que había imágenes de los Mossos "que no se correspondían con los principios de una policía democrática" y que no iba a temblarle la mano si hacía falta "echar a agentes de la Brimo (Acrónimo de la Brigada Mòbil, unidad antidisturbios)". Tras la marcha atrás del 'president', esas palabras de Buch le han dejado en tierra de nadie, porque no calmaron a Torra, que lanzó su ultimátum, pero sí indignaron a sindicatos y agentes del cuerpo catalán, que pidieron su dimisión. 

Nueva crisis

El intervencionismo de Torra arrastró a Buch y abrió otra crisis entre Govern y los Mossos que no habría existido si el 'president' hubiera esperado a ver la película de los hechos entera, algo que finalmente hizo a escondidas el domingo por la noche junto a Buch, en el Palau de Pedralbes

En ese contexto, el 'conseller' ha acudido este lunes al complejo Egara de Sabadell para tratar de aclara el lío, solidarizarse con el jefe de la Brimo -señalado por las redes y algún medio de comunicación- y prometerles a los Mossos que trabajaran para "aislar políticamente" a los violentos. El episodio, o lo que haya sido, se da por cerrado.