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las elecciones andaluzas

Sánchez rebaja el tono con Díaz para evitar una guerra abierta

El PSOE quiere esperar a la formación del Gobierno andaluz para forzar su salida

El jefe del Ejecutivo endosa la culpa del batacazo electoral a la todavía presidenta

Juan Ruiz Sierra

Pedro Sánchez, en la reunión.

Pedro Sánchez, en la reunión. / ARCHIVO

La situación actual del PSOE tiene algo de 'dejà vu', pero con los papeles cambiados. Si hace dos años fue Susana Díaz quien maniobró para echar a Pedro Sánchez del liderazgo del partido, debido a los 84 diputados conseguidos en las últimas generales, ahora es Sánchez el que presiona para que Díaz deje su puesto en Andalucía tras el golpe de las elecciones del pasado domingo, que le sitúa a las puertas de perder el poder tras casi cuatro décadas. Pero el secretario general y presidente del Gobierno no quiere una guerra abierta, o al menos no todavía, así que este martes José Luis Ábalos, secretario de Organización, rebajó el tono que había empleado solo 24 horas antes.

En lugar de insistir en la necesidad de que el socialismo andaluz se "renueve" y "regenere", y de subrayar que "el papel" de un "dirigente" está "subordinado al éxito del proyecto político", Ábalos optó por palabras más conciliadoras. 

“La renovación es inherente al proyecto del PSOE. Por eso tenemos 140 años de historia. Yo en ningún caso he planteado dimisiones de nadie", dijo el número tres del PSOE y ministro de Fomento, que compareció por tercer día consecutivo, tras la reunión de la ejecutiva, para evaluar los recientes comicios, en los que los socialistas perdieron 14 escaños, abriendo la puerta a que la derecha gobierne la Junta si el PP, Cs y Vox se ponen de acuerdo.

La resistencia de la candidata

Ábalos vino a dar la razón a Díaz, que argumentó en la Ser que las palabras que pronunció el día anterior el secretario de Organización se habían "malinterpretado". Pero esta retórica suave no implica que la estrategia haya cambiado. La dirección del PSOE sigue creyendo que Díaz debe irse si no conserva al poder, porque considera que la culpa de la derrota es sobre todo suya. Durante su intervención en la ejecutiva, el propio Sánchez, según fuentes presentes en el encuentro, dirigió toda la responsabilidad a Díaz. El presidente del Gobierno dijo que habían pesado los 36 años de gobierno del PSOE en Andalucía, su derrota en las primarias, su “mala imagen” y el “tono regional” de la campaña que había liderado, sin reivindicar los logros del Ejecutivo central, mientras el resto de partidos se movían en clave nacional.   

Pero Sánchez no quiere desatar ahora una guerra interna con la federación socialista más numerosa, un choque que puede tener consecuencias letales para el partido, sobre todo a las puertas de las autonómicas y municipales de mayo. La idea es esperar, para que la presidenta en funciones asuma que no le queda más remedio que dar paso a otro dirigente. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, es quien más suena como relevo. 

"Si las derechas forman gobierno, Susana se tendrá que ir –señala un veterano dirigente del PSOE-. Hasta que no se concrete esa posibilidad, no debe irse. Lo ideal es que se fuera de una manera ordenada. Pero su entorno le empuja a resistir y eso sería demoledor. El problema más grave es el de la abstención de nuestros votantes, lo cual es una crítica durísima a su gestión y a su liderazgo. Es difícil recuperar esa confianza salvo que gobernara y rectificara, cosa que no ocurrirá si gobiernan las derechas, como casi seguro sucederá".

Visiones contradictorias

La visión de los socialistas andaluces sobre las causas de la derrota no coincide con el análisis de Sánchez. Para ellos, la clave del descalabro se encuentra en los gestos del Ejecutivo hacia el independentismo catalán. Pero en el fondo, señalan varios dirigentes socialistas no implicados en este nuevo choque, ambos análisis, el de Sánchez y el del PSOE andaluz, “son complementarios".

En cualquier caso, fuentes del Ministerio de Política Territorial señalan que el enfoque del Ejecutivo, basado en la distensión de las relaciones con la Generalitat, no va a cambiar. “Tenemos que seguir para revalidar el Gobierno”, dijo Sánchez en la ejecutiva socialista.