Ir a contenido

LAS TENSIONES EN LA CÁMARA BAJA

El Congreso nunca ha sido Versalles

Las algaradas protagonizadas por diputados provocadores atesoran una larga tradición

Vicente Martínez-Pujalte (PP) fue el primer parlamentario expulsado del hemiciclo

Xabi Barrena

Los exdiputados del PP Luis Ramallo y Vicente Martínez-Pujalte, en sendas imágenes del 2001.

Los exdiputados del PP Luis Ramallo y Vicente Martínez-Pujalte, en sendas imágenes del 2001.

¿Era el Congreso de los Diputados un parlamento donde primaban las formas versallescas, el ‘no, por favor, hable usted primero’, hasta que llegó, cuál caballo cimarrón, el indómito Gabriel Rufián y lo pervirtió? Contra lo que pueda parecer, no.

Hace casi 30 años, la entonces directora de RTVE, la reconocida cineasta Pilar Miró, pagó con fondos públicos piezas de ropa que ella entendía que formaban parte del protocolo y, por tanto, imputables al erario público. En una comisión de control parlamentaria del Ente, la propia Miró reconoció el “error”, como ella lo tildó. Muchos recuerdan la intervención a degüello del entonces portavoz del PP Luis Ramallo. Miró detalló su intención de devolver el importe gastado, más de un millón de pesetas. El portavoz popular la acusó de malversación de fondos públicos y  le recordó que “cualquier ciudadano que ha cometido una irregularidad con Hacienda, paga lo defraudado, una multa, e incluso, en su caso, la cárcel". Aplicándose en su cometido, el propio Ramallo denunció a Miró antes la justicia.

AZOTES DE SOCIALISTAS

Vicente Martínez-Pujalte, también del PP, tiene el dudoso honor de ser el primer diputado expulsado del Congreso. Ocurrió en el 2006 cuando Martínez-Pujalte, convertido ya como Ramallo en ‘el azote de los socialistas’, el cariñoso título que algunos dan a los diputados conservadores heterodoxos en las formas, organizó una algarada en la Cámara baja después de la detención de dos militantes de su partido en una manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). La actuación del diputado por Murcia fue jaleada por su grupo y la cúpula del partido, por ejemplo, por Ángel Acebes. En aquella ocasión hubo pataleos, gritos, insultos de “¡fascistas!”, dos apercibimientos del presidente del Congreso, Manuel Marín, y un principio de desacato a la orden de expulsión por parte del mismo Martínez-Pujalte: “¡Qué venga la policía a detenerme!”.

Martínez-Pujalte también protagonizó otro sonoro caso, con la discusión en el pleno de las conclusiones de la comisión de investigación sobre el 'caso Gescartera'. La tensión tendió a máximos cuando, sin venir a cuento, el diputado empezó a recordar todos los casos de corrupción del PSOE, desde Filesa.

El filibusterismo parlamentario, en el peor sentido de la palabra, del PP se perfeccionó con Josep Borrell. La bancada popular detectó que el brillante exministro era muy sensible al runruneó en el hemiciclo y se despistaba. Así que un grupo de diputados se espcializó en hacer más que ruido para que perdiera el hilo y los nervios.

También Alfredo Pérez-Rubalcaba, más duro de piel, sufrió en sus discursos la acción de la bancada popular. Se recuerda el debate sobre el estado de la nación del 2013 cuando, después de la hora del almuerzo (para algunos, ese dato es clave)  vio como los populares le abucheaban e interrumpían una y otra vez. Cuando aludió a la corrupción del PP, los conservadores le gritaron el nombre de los múltiples casos que han salpicado a su fuerza.

INTENTO DE AGRESIÓN

Eso sí, todo esto son minucias comparado con el intento de agresión sufrida por el propio Rubalcaba a manos del popular Rafael Hernando. Ocurrió tras una muy caliente comisión permanente del Congreso, en julio del 2005, que abordó las circunstancias del incendio de semanas antes en Guadalajara que se cobró la vida de 11 miembros del equipo de extinción.

Con los nervios a flor de piel, el entonces portavoz socialista hizo un gesto que no gustó a los diputados del PP y Hernando, natural de Guadalajara y hoy portavoz de los conservadores, se abalanzó sobre el socialista y solo la pronta actuación de Ángel Acebes y Eduardo Zaplana evitó la pelea.

En alguna ocasión, el objetivo de las formas descorteses no se hallaban en el hemiciclo. Es el caso de Andrea Fabra y su archifamoso "¡Qué se jodan!". Corría el año 2012 y Mariano Rajoy se hallaba desglosando una más de sus políticas de recorte del gasto social, en concreto, las prestaciones de desempleo. Cuando enunció la reabaja al 60% de lo que hasta entonces se percibñia, a partir del séptimo mes de desempleo, la entonces diputada por Castellón, e hija del jerarca popular de la provincia, Carlos Fabra, mientras se revenetaba la manos aplaudiendo profirió esa expresión hacia los parados.