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INVESTIGACIÓN

Rajoy ordenó preparar en secreto el 155 semanas después del 9-N

Santamaria diseñó desde el 2015, en paralelo, la respuesta judicial y la intervención de Catalunya

Hubo multitud de citas discretas y Maza, entonces fiscal general, participó en algunas ligadas al 1-O y la DUI

Gemma Robles

El presidente Mariano Rajoy junto a su número dos, Soraya Sáenz de Santamaría, en la sesión de investidura

El presidente Mariano Rajoy junto a su número dos, Soraya Sáenz de Santamaría, en la sesión de investidura / JOSE LUIS ROCA

La pseudoconsulta que se celebró el 9-N con Artur Mas en la Generalitat y Mariano Rajoy en el Gobierno no condujo a la autodeterminación, pero supuso un antes y un después para los políticos en Barcelona y en Madrid. Ambas partes –que hasta poco antes de la consulta y junto al PSOE mantuvieron reuniones secretas, a través de intermediarios, en busca de acercamiento- asimilaron que si había segundo intento de referéndum el choque de trenes sería inevitable. Que el enfrentamiento entre instituciones catalanas y del Estado sería entonces de mayor enjundia y, por ende, podría haber consecuencias en las calles y los tribunales.

Con esa certeza sobre la mesa Rajoy aguantó, los días posteriores al 9-N, las críticas que le llovieron desde dentro y fuera del PP por permitir una votación en urnas y no actuar con "contundencia". Pero en privado y con sigilo empezaba aquel invierno de 2014 a diseñarse en La Moncloa y en Hacienda, según ha confirmado EL PERIÓDICO, el embrión de lo que terminaría siendo el plan de intervención de Catalunya, además de una potencial respuesta jurídica a un segundo intento de referéndum. Ambas cosas se prepararon a la vez.

Comenzaron las reuniones por orden del presidente, que se extendieron durante el 2015 hasta la llegada de las siguientes elecciones generales y se recuperaron después en el 2016. En unas mesas iba tomando cuerpo el 155 y en otras se diseñaba una propuesta operativa, de inteligencia y jurídica ante las acciones que se sabían o intuían desde el Gobierno que podía protagonizar el independentismo.

Preocupación por imagen internacional

La mayoría de esas cumbres las dirigía la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría y por las mismas iban pasando o coincidiendo, según la cuestión a tratar, responsables del CNI; el fallecido fiscal general del Estado, José Manuel Maza; el coronel Diego Pérez de los Cobos -coordinador del operativo policial del 1-O- y algunos juristas y técnicos de los ministerios considerados de confianza de La Moncloa. Además participaban en las citas José Luis Ayllón, el entonces secretario de Estado de relaciones con las Cortes y después jefe de gabinete de Rajoy, y otros miembros del área de vicepresidencia, incluido Roberto Bermúdez de Castro, que se incorporó al equipo en el 2016 y fue el elegido, posteriormente, supervisor del 155 en Catalunya.

El presidente no participó en dichas reuniones, pero era informado de sus avances y tomaba las decisiones fundamentales junto a Santamaría, que le mantenía al tanto. Lo que sí hizo Rajoy fue dar unas directrices básicas que, según los consultados, se respetaron a rajatabla: obligación de mantener el secreto de esos preparativos y que la respuesta jurídica fuera integral. Sobre el 155, que fuera pensado para ser apoyado por el PSOE, que no levantara suspicacias por excesivo en la comunidad internacional y que generara la mínima tensión en la sociedad catalana. Aún así, los interlocutores de este periódico aseguran que tras la negociación con los socialistas se rebajaron los planes de intervención de Rajoy y su número dos en temas como TV-3, los Mossos y el Parlament, donde se pretendía un control más férreo. Desde un inicio, sostienen esas fuentes, quedó descartado el decretar el estado de excepción y el uso de la Ley de Seguridad nacional, pese a que miembros del Gobierno, seguramente desconocedores de lo que se cocinaba en Moncloa con tanto sigilo, difundieron esa tesis.

Llamada al Rey antes de la intervención

Poco a poco se fueron desarrollando los trabajos reclamados por Rajoy y la encargada de sacarlos adelante en su conjunto fue Santamaría. La misma persona a la que en la duodécima legislatura fue designada oficial y públicamente como vicepresidenta (de nuevo) y responsable del dossier catalán y de la ‘operación diálogo’ en pro del acercamiento con los independentistas. Su interlocutor en la Generalitat fue Oriol Junqueras.

Paradojas de la vida, ambos hablaban en las reuniones que mantuvieron de cuestiones como los recursos en el Constitucional contra leyes del Parlament o deuda pública mientras el uno colaboraba en la preparación de un proceso que terminaría en DUI y la otra capitaneaba una durísima respuesta judicial y administrativa, que terminó con la intervención de Catalunya. El 21 de octubre de 2017 un Consejo de Ministros extraordinario (e histórico) aprobó el 155, hasta entonces tabú en la política española. Antes de explicarlo a la prensa, Rajoy telefoneó al Rey para contarle personalmente los detalles. Mientras, en otra sala de Moncloa, el equipo de Santamaría se reunía con el PSOE para seguir limando un proyecto que aún debía tramitarse en el Senado.