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NUEVO EJECUTIVO SOCIALISTA

Sánchez se libera de sus cadenas con la llegada a la Moncloa

El presidente diseñó su Gobierno en solitario, sin atender peajes externos o con su partido

El PSOE recupera el optimismo y empieza a verse como primera fuerza en las generales

Juan Ruiz Sierra

Pedro Sánchez, en la Moncloa. 

Pedro Sánchez, en la Moncloa.  / JOSÉ LUIS ROCA

El relato no coincide con exactitud en el entorno de Pedro Sánchez. Una parte de sus colaboradores asegura que casi todo había sido previsto con anterioridad. Que el terreno se preparó durante meses, con Sánchez siempre al lado de Mariano Rajoy ante la crisis territorial, mostrando su perfil de hombre de Estado y al mismo tiempo ampliando los horizontes de posibles colaboradores, tirando hilos por si llegaba la posibilidad de echar de la Moncloa al líder del PP. Otros en su círculo explican que nada de esto es mentira, pero que la moción de censura también tuvo algo de improvisación, que echó a caminar como una exigencia democrática ante la sentencia del 'caso Gürtel', sin excesivas expectativas entre los socialistas de que fuese a prosperar. Sus impulsores fueron asumiendo minuto a minuto, en ocasiones con sorpresa, que la piscina estaba llena.

Ahora Sánchez, al que las encuestas han colocado durante el último mes y medio en tercer o cuarto lugar, es presidente del Gobierno. Ha roto con todas las cadenas que le han sujetado a lo largo de su trayectoria en la primera línea de la política, repleta de altibajos, y el optimismo ha vuelto al PSOE. La dirección del partido asegura estar en disposición de ser primera fuerza en las próximas generales, que convocará Sánchez en el momento más oportuno. El plan es durar cuanto se pueda. Como mínimo un año, pero puede que más.

Oposición descolocada

Sánchez venía de apoyar a Rajoy en Catalunya y era alabado por el líder del PP, pero no tuvo después ningún problema en apelar al independentismo para desalojar a los conservadores del poder. El movimiento, explica un dirigente de la ejecutiva del PSOE, supone también un ajuste de cuentas con los barones socialistas, que en el 2016 le ataron de pies y manos para que no echara a Rajoy con los votos de ERC y el PDECat. Y tras conseguir el respaldo de los dos partidos catalanes, los ha enervado con la llegada de Josep Borrell a Exteriores.

También Podemos, su principal aliado en la moción de censura, se revuelve incómodo ante los ministros nombrados por Sánchez, que rechazó la oferta de Pablo Iglesias de formar un Gobierno de coalición y ahora intentará continuar ganando espacio frente a los morados con iniciativas sociales. Albert Rivera, al que los sondeos colocaban a las puertas de la Moncloa, nutriéndose de antiguos votantes conservadores desencantados por la corrupción y también de los socialistas más de centro, ha pasado a un segundo plano. Su partido critica al líder del PSOE por cosechar el apoyo independentista y alaba simultáneamente a su equipo. A Ciudadanos le gustaría contar con figuras como Fernando Grande-Marlaska, titular de Interior, y Nadia Calviño, en Economía.

Sánchez ha conseguido este vuelco con la amplia mayoría de los poderes económicos y mediáticos en contra, igual que en las primarias en las que derrotó a Susana Díaz. No tiene apenas peajes, ni dentro ni fuera de su partido, y eso, subraya un colaborador, explica en parte su libertad a la hora de confeccionar su Gobierno. El ahora presidente recuperó el liderazgo del PSOE sin deber nada a nadie, con una campaña que comenzó en los márgenes del partido, así que tampoco ha tenido favores internos que devolver.

Un esfuerzo de meses

La confección de su equipo, explica un colaborador, fue un trabajo casi en solitario. Los dirigentes de su máxima confianza, como José Luis Ábalos, secretario de Organización socialista y ahora ministro de Fomento, conocían algunos de los nombres de los futuros miembros del Gobierno socialista, pero no todos.

Desde el viernes de la semana pasada, tras lograr los 180 votos a favor de la moción de censura, Sánchez comenzó a llamar a sus candidatos para dirigir los departamentos. Convenció a casi todos, con alguna excepción (el periodista Màxim Huerta no era su primera opción para Cultura), y cuando aceptaban no les decía con quién iban a compartir mesa en el Consejo de Ministros, intentando así combatir unas filtraciones que al final no pudo evitar.

Sánchez llevaba meses diseñando su Gobierno, organizando cafés y cenas con independientes como los que al final han acabado entrando en la Moncloa. Huerta en Cultura, Pedro Duque en Ciencia y Grande-Marlaska en Interior, un destino para el que el líder del PSOE no había pensado en un primer momento. Sus contactos iniciales fueron para convencerle de se presentara a la Alcaldía de Madrid.

Hace ahora poco más de un año, justo antes de la votación de las primarias socialistas, el presidente declaró a este diario: "El PSOE gobernará pronto, con una moción de censura o con elecciones". El augurio parecía entonces improbable, más un mensaje de campaña que otra cosa, pero Sánchez ha vuelto a romper todos los pronósticos.  

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