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resistencia ante el 1-O

Escuelas abiertas contra el precinto del referéndum

Voluntarios organizan actividades en los centros para evitar que los cierre la policía

Los Mossos se limitan a levantar acta y evitan desalojar a los presentes

Rafa Julve / Guillem Sànchez / Barcelona

Las personas que han pasado la noche en la escuela Tabor, de Barcelona, desayunando. / DANNY CAMINAL

Las personas que han pasado la noche en la escuela Tabor, de Barcelona, desayunando.
Las personas que han pasado la noche en la escuela Tabor, de Barcelona, desayunando.
Primer amanecer de las personas que han ocupado la escuela Tabor, de Barcelona.
Uno de los heridos leves muestra la marca del proyectil de una escopeta de balines tras el ataque en una escuela de Manlleu.
Los Mossos reunidos con los concentrados en La Sedeta, en Barcelona.
Reunión en La Sedeta para organizar los turnos de la primera noche de ocupación.
Conversaciones nocturnas durante el primer día de ocupación en el IES Miquel Tarradell, de Barcelona.

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Apuntaba maneras la semana como para pensar que el 1-O empezaría realmente dos días antes, con prematuro “alboroto” (que diría Mariano Rajoy) en centros elegidos como punto de votación. Una orden inicial de la fiscalía que instaba a los Mossos a precintar los colegios electorales desde este mismo viernes activó de nuevo el ingenio del independentismo para resistir ante cualquier desalojo con todo tipo de iniciativas lúdicas como excusa. Más tarde, el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC) evitó poner fecha y hora al cierre con tal que se produjera antes del referéndum, pero muchos voluntarios decidieron quedarse en los recintos por si acaso. Resultado: agentes de la policía autonómica se personaron este viernes en más de 2.200 locales, casi la totalidad del número de puntos de votación previstos (2.315). En algunos comentaron a los asistentes que no debería quedar nadie el domingo por la mañana y que no debían organizar nada relacionado con el plebiscito, en otros solo levantaron acta, y en ningún caso se expulsó a los presentes. Calma chicha.

Fiestas de pijamas, talleres musicales, observación de estrellas, bailes, partidos de fútbol, ‘caramelles’, cursillos de dibujo, carreras de sacos, ‘cassolades’, sesiones de ganchillo, cenas de ‘germanor’... Centros educativos de toda Catalunya tiraron de imaginación para mantener ocupados los colegios todo el fin de semana.

Aunque la ‘consellera’ de Ensenyament, Clara Ponsatí, asumió esta semana la dirección de los centros de enseñanza en un intento de reducir riesgos judiciales para los directores, decenas de ellos se implicaron en algunos casos; en otros estos rehusaron la responsabilidad y fue un grupo de profesores el que la asumió. También los hubo que contaron con el apoyo de las asociaciones de madres y padres. Fueron esas personas las que recibieron (y despidieron) a los agentes al acabar las clases. Ambiente festivo y plena cordialidad por por parte de la policía.

Contemporización

El ‘major’ de los Mossos, Josep Lluís Trapero, ya había evidenciado en una orden interna a todo el cuerpo la política de contemporización a seguir. La instrucción empieza remarcando que “el uso de la fuerza, ante conductas de desobediencia pasiva, no podrá ir más allá del acompañamiento de personas hasta el exterior del centro o de permitir que se abra un pasillo que deje acceder a la policía a fin de hacer las comprobaciones y las acciones ordenadas en el auto judicial (del TSJC). En ningún caso deberá usarse la defensa policial (la porra, traducido del argot), extensible, u otros elementos de naturaleza similar para llevar a cabo estas acciones”.

Permitido el uso de la violencia solo para autodefensa de los propios agentes o para socorrer a otras personas, Trapero indica en el documento que si los agentes visitan un centro y comprueban que se están llevando a cabo tareas de preparación del referéndum, deberán identificar a las personas implicadas y confiscar todo el material relacionado con el plebiscito. Nada de eso ocurrió en los diferentes colegios e institutos visitados por este diario.

La instrucción del ‘major’ también hace referencia a las horas calientes previas a la apertura prevista de los puntos de votación, pero guarda cierta ambigüedad. A las seis de la mañana, indica, los agentes deben “comunicar” a los presentes que tienen que abandonar el local de acuerdo con lo que dictan los jueces tras la suspensión del 1-O dictada por el Tribunal Constitucional. No aclara cuál debería ser la actuación de los policías en el caso de que haya personas que opongan resistencia. Solo subraya que si una concentración en el interior o exterior de un recinto impide el acceso de los policías al recinto o que lleven a cabo tareas de identificación y confiscación, la sala de mando optará por activar agentes de la policía local o recursos de apoyo "contemplados en el auto judicial". Con esto último se refiere a las unidades del Cuerpo Nacional de Policía o de la Guardia Civil. Es decir, si la concentración ciudadana impide la labor de los Mossos, estos terminarán pidiendo ayuda a los otros cuerpos.