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operación por el 1-O

22 largas horas de sitio

Los agentes de la Guàrdia Civil se mostraron inquietos por la manifestación durante su registro en la Conselleria d'Economía

Xabi Barrena / Barcelona

Concentración frente la Conselleria d’Economía i Finances de la Generalitat en la Rambla Catalunya.

Concentración frente la Conselleria d’Economía i Finances de la Generalitat en la Rambla Catalunya. / JORDI COTRINA

Según reza la teoría de la relatividad general, la de Albert Einstein, aquellos relojes que están sometidos a campos gravitatorios mayores marcan el tiempo más lentamente. Los cronómetros de los guardias civiles que efectuaron los registros en la Conselleria d'Economia i Hisenda el miércoles, acaso expuestos a la masa de los 40.000 manifestantes que se empezaron a congregar ya a media mañana, ralentizaron el tiempo hasta el punto de convertir su jornada laboral en la más larga en meses.

La veintena de agentes, la mitad uniformados y la otra mitad de paisano, entraron a las ocho de la mañana y se fueron pasadas las seis de la madrugada. "No tenían ni idea de dónde se metían", explica uno de los testigos de la operación policial. Y lo argumenta: "Llegaron como quien deja el coche en doble fila para comprar el periódico. Aparcaron justo delante de la ‘conselleria’, en el espacio habilitado a los coches oficiales". "Y eso fue un inmenso error. No solo porque los manifestantes destrozaron los vehículos, sino porque, como los propios agentes se dieron cuenta, habían dejado ‘el material’", apunta. ¿Qué ‘material’? "Lo único que les oí comentar era que en el maletero había gases lacrimógenos", recuerda este trabajador de la ‘conselleria’.

"Los de paisano se pusieron a trabajar. Estuvieron rato sin hacer nada esperando a que vinieran los detenidos para proceder al registro, pero no llegaron. El trato entre el personal del departamento y los agentes fue frío pero correcto", repasa cronológicamente otro trabajador del Govern. "Sí comieron, pero no les facilitamos nada porque tampoco lo pidieron. Así que se supone que se trajeron el ‘tupper’", prosigue con cierto humor.

Otras salidas

"Estaban muy nerviosos, sobre todo cuando vieron que el gentío crecía en número". Según los testigos, el trabajo policial acabó hacia las diez de la noche. Fue entonces cuando se planteó el cómo salir. "Los Mossos les apuntaron varias posibles opciones. Desde salir de paisano a acceder, por el patio interior, a otras fincas y buscar una salida alejada de la ‘conselleria’". Los agentes del instituto armado se negaron, siempre de acuerdo con la versión de los testigos de la ‘conselleria’.

Pasada la medianoche, los presidentes de la ANC y de Òmnium, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, subieron hasta la planta donde se encontraban los agentes. Tras dialogar con ellos y explicarles la situación, les avanzaron que ellos se iban ya para casa. Fue antes de su ya famosa alocución, precisamente, sobre uno de los vehículos de la Guardia Civil, imagen casi icónica de la noche. Según uno de los testigos, el teniente del instituto armado espetó: "¡Ustedes no se pueden ir! ¡Ustedes controlan a esta gente!", a lo que uno de los ‘ordis (no se ha podido precisar cuál) replicó con un "esto no funciona así, nosotros ya no tenemos el control".

Pasadas las tres de la madrugada, unos agentes de los Mossos se vistieron de paisano, como señuelo y salieron de la ‘conselleria’ llevándose imprecaciones y objetos varios. Pero los verdaderos agentes de la Guardia Civil tuvieron que esperar 180 minutos más. Para un total de 22 larguísimas horas.