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LA ESTRATEGIA DEL PARTIDO LILA

Rajoy-Iglesias vs. Suárez-González

El líder de Podemos no cuenta con el contexto que favoreció al socialista en su moción de censura a Suárez

El dirigente morado no es visto como presidenciable ni Rajoy está contra las cuerdas en su propio partido

Iolanda Mármol

Felipe González y Adolfo Suárez conversan en los pasillos del Congreso de los Diputados, en una imagen de 1980.

Felipe González y Adolfo Suárez conversan en los pasillos del Congreso de los Diputados, en una imagen de 1980. / ARCHIVO

Pablo Iglesias intenta relativizar el previsible fracaso de su moción de censura contra el Gobierno del PP, que se debatirá el próximo 13-J en el CongresoAduce que también Felipe González perdió contra Adolfo Suárez en 1980 y, sin embargo, quedó consagrado como vencedor moral y hombre de Estado. ¿Tiene posibilidades el líder de Podemos de ganar simbólicamente como lo hiciera el sosiclista? Los expertos ven diferencias insalvables para emular la gesta.

PRESIDENTE SIN APOYOS

Adolfo Suárez estaba cuestionado internamente y, a pesar de haber ganado las elecciones de 1979 gobernaba con respiración asistida. La UCD empezaba a desmembrarse y una facción del partido trataba de colocar como sucesor a Joaquín Garrigues Walker. Se filtraban incluso las deliberaciones del Consejo de Ministros. El presidente solo sobrevivió ocho meses a ese debate. El PP, en cambio, sigue unido a pesar de los escándalos de corrupción, el liderazgo de Mariano Rajoy es granítico y el partido funciona como una falange macedonia. 

MIEDO AL PARLAMENTO

Suarez tenía un miedo atávico a los debates en el Congreso y evitaba al máximo su presencia en el hemiciclo. La oposición al completo había detectado esa debilidad y el PSOE decidió aprovecharla para presentar la moción de censura. Rajoy no será recordado por su épica discursiva, pero es un parlamentario eficaz y ha demostrado que puede torcer el brazo a Iglesias en los debates y en las urnas. 

PERFIL POLÍTICO

González gozaba de una enorme valoración como líder. Había logrado reconducir al PSOE del marxismo para convertir al partido en una organización más transversal. La redeologogización le alejó de un PCE que continuaba proyectando miedo a pesar de su renuncia al leninismo. Su participación en los Pactos de la Moncloa aumentó su reputación. Iglesias tiene el control total del aparato de Podemos tras arrasar en Vistalegre 2. Sin embargo, suspende en todas las encuestas e irradia una imagen de desconfianza tal que la dirección morada ha pedido un estudio para remontar la precaria valoración del líder. Admiten internamente que la vuelta de Pedro Sánchez a la secretaría general del PSOE perjudica la proyección de Iglesias.

ALTERNATIVA DE GOBIERNO

El PSOE era percibido como un partido de Gobierno, una alternativa creíble a la UCD. González era el líder indiscutible de la oposición. Aprovechó los pactos de la Transición y el Debate de Política General (posteriormente Debate del Estado de la Nación) para construir una reputación de solvencia y honestidad. Iglesias ha optado, en cambio, por un discurso destituyente, de impugnación y choque de trenes. Sus apelaciones a la cal viva y el ‘me la suda, me la pela’ afianzan un liderazgo disruptivo alejado del tono constituyente que quiere imprimir, ahora, a la moción. Critica al Parlamento y lo usa como caja de resonancia para la agitación en las calles. Reivindica la bandera de líder de la oposición, pero las encuestas no lo consagran como tal.

ERRORES DEL GOBIERNO

La UCD cometió un error gravísimo en el debate: sacó al grueso de los ministros a replicar el programa de Gobierno expuesto por el PSOE, uno por uno. González respondió a cada de uno de ellos, desmontó sus argumentos y ganó cada enfrentamiento cuerpo a cuerpo durante dos días en los que todo el país estaba pendiente de un Parlamento que, con la democracia acabada de estrenar, era un centro neurálgico de interés ciudadano. Ese error de la UCD en el planteamiento estratégico del debate permitió a González consagrarse como estadista e impulsó su carisma épico. El PP no concederá tanta trascendencia a Iglesias. Delegará la réplica en el portavoz popular, Rafael Hernando, o en la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y tratará de restar valor al debate.

LA SOLEDAD MATA

Más allá del recuento matemático, una moción de censura la pierde simbólicamente quien se queda solo. En 1980 únicamente la UCD votó en contra de la que planteó González. El PSOE sumó a otros cinco partidos y otros seis se abstuvieron. En esta ocasión, Iglesias puede contar con tres abstenciones (PSOE, PNV, PDECat) y dos apoyos, ERC y Bildu. Muchos leerán que solo suma a los independentistas, pero aún así, parece lejos de la soledad de Antonio Hernández Mancha en 1987, cuando fracasó matemática y moralmente. Alianza Popular (AP) solo logró convencer al único diputado de Unión Valenciana