23 feb 2020

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EL DEBATE DE INVESTIDURA

Rufián dinamitero

Los ataques del diputado de ERC a los socialistas crispan la sesión parlamentaria e invitan a pensar en una legislatura a cara de perro

Juan Fernández

Gabriel Rufián, en el debate de investidura del Congreso. / EFE / JAVIER LIZÓN

Gabriel Rufián, en el debate de investidura del Congreso.
El dirigente de ERC Gabriel Rufián, en la tribuna del Congreso.

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Diez meses de Gobierno en funciones, dos elecciones generales y tres intentos de investidura pendían este sábado sobre una ausencia: la que se iba a producir en la Cámara Baja cuando la presidencia del Congreso pasara lista en el momento de la votación y al llegar a la letra ‘s’ se saltaran a Pedro Sánchez. El innombrado había renunciado a su escaño por la mañana dejando a la claras quién había ganado y quién había perdido la larga prueba de resistencia que vive la política española desde la navidad pasada, así que solo quedaba resolver el trámite de investir a Mariano Rajoy presidente.

No parecía este un trámite menor a juzgar por el despliegue policial que había montado desde primeras horas de la tarde en la sede de la soberanía popular y sus alrededores. Impresionaba el triple muro, formado por hileras de vallas, filas de agentes y ristras de furgones, que bloqueaba la desembocadura de la carrera de San Jerónimo a la plaza de Neptuno. Ni el tsunami de Indonesia habría podido franquearlo, aunque tanto hierro no impidió que calle arriba, ante el pasmo de los turistas que merendaban en los veladores, subieran los gritos de “este presidente es un delincuente” que lanzaban los participantes de la manifestación ‘Rodea el Congreso.

DESDE LA NOCHE DE TEJERO

En el patio de las Cortes también se hacía notar el fuerte dispositivo de seguridad. No se recordaba una densidad similar de uniformes desde la noche de Tejero, aunque entre tanto agente, ninguno supo detectar la bomba que Gabriel Rufián traía en su bolsillo. En la Cámara ya están avisados. Por eso, fue pronunciar su nombre la presidenta y oírse un “¡buenooooo, ahí viene este!” en medio de un murmullo general.

No defraudó Rufián a sus forofos, que los tiene a mares en las redes -y desde ayer también en Forocoches, al que nombró para ridiculizar a Ciudadanos-, pero la intensidad de sus ataques al grupo socialista, al que solo le faltó acusarle del crimen de Puerto Hurraco, hizo vivir en el hemiciclo los momentos de mayor crispación de toda la tanda de sesiones de investidura de este año.

"VETE A LA PLAYA"

En pleno chorreo, varios diputados socialistas se ausentaron para no oírle, Antonio Hernando pasaba el trago dándole la espalda y Eduardo Madina se revolvía en su escaño y le gritaba: “¡Vete a la playa!”. Pero el clímax de tensión se alcanzó al final de la sesión, cuando el portavoz socialista pidió la palabra para defender la honorabilidad de su partido y todos los diputados del PP, Ciudadanos y el PSOE se pusieron en pie para ovacionarle. En silencio, aguantando este otro chaparrón, quedaron los representantes del resto de formaciones.

Fue una ovación rabiosa, con insultos cruzados y gestos duros que invitan a pensar en una legislatura a cara de perro entre veteranos y debutantes en esto del parlamentarismo. Minutos antes se había producido otra situación inédita: la diputada canaria Ana Oramas consiguió un aplauso unánime de populares y socialistas cuando miró al grupo de Podemos y al de Esquerra y les soltó: ‘No se puede sacar nada desde el odio y el rencor, sobre todo cuando se es joven”. A su salida de la cámara, a Rufián, que acostumbra a disparar sin despeinarse, aún le humeaban los bolsillos. Ni Sánchez, ni Rajoy: de lo que se hablaba en los pasillos al final de la sesión era de la querencia del republicano por la dinamita parlamentaria.