06 abr 2020

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Desmontando la fábrica de pesadillas yihadista

Los gobiernos democráticos se movilizan para neutralizar el márketing del Estado Islámico

Guillem Sànchez

Detención de dos personas supuestamente relacionadas con una red yihadista, el pasado 28 de noviembre en Barcelona.

Detención de dos personas supuestamente relacionadas con una red yihadista, el pasado 28 de noviembre en Barcelona. / RICARD CUGAT

El Estado Islámico ha desarrollado un aparato propagandístico que se inspira en las técnicas narrativas de las superproducciones de Hollywood. Pero a diferencia de la fábrica de sueños americana, que genera ficciones para entretener a su público, el material audiovisual yihadista se produce para reclutar combatientes y para cometer atentados. Y está teniendo éxito.   

Estos asesinos saben cómo mover las cámaras y cómo actuar frente a ellas. Calcando los gestos y actitudes de los protagonistas del celuloide de acción, se convierten en referentes para jóvenes predispuestos a admirarlos.

Joan Antón Mellón, catedrático de la Universitat de Barcelona (UB), experto en yihadismo, describe al público objetivo de su publicidad como individuos desarraigados a quienes la "épica" del discurso del EI logra seducir porque ofrece la oportunidad “de trascender” y de “liderar una protesta”. Encomienda una misión que los despoja de una existencia mediocre, demasiado descarrilada para triunfar según las reglas de la sociedad capitalista.

Joan Antón Mellón

Experto en yihadismo

"La épica del discurso del Estado Islámico seduce porque ofrece la oportunidad de trascender y de liderar una protesta"

Por eso, los inmigrantes de segunda y tercera generación, que no son ni del país en el que nacieron ni del de sus padres, son objetivos ideales para las redes de captación. Unirse al Daesh significa vengarse de un mundo en el que no encajan.

Los datos son elocuentes, un país como Francia, que cuenta con una inmigración musulmana mucho más antigua que la española, ha contabilizado que unos 2.000 de sus jóvenes han huido para integrarse en las filas del EI. Por ahora, el Ministerio de Interior ha cuantificado en 139 los casos españoles.

EL ABURRIMIENTO DE AL QAEDA

“Estos terroristas han dado un salto cualitativo extraordinario, los vídeos de Al Qaeda eran un rollo”, sentencia Mellón, autor del libro 'Islamismo Yihadista. Radicalización y Contrarradicalización'. Preparan el mensaje “en función del segmento de población” al cual va dirigido. Si necesitan mujeres para sus tropas tratan de convencerlas “desde un punto de vista romántico” que esconde el trato “salvajemente machista” que les espera: las quieren sobre todo para el desahogo de los combatientes.

Para convencer a “jóvenes occidentales” de barrios periféricos de grandes ciudades como París –o Barcelona– utilizan “la estética del hip hop” y los graban en diferentes idiomas, subraya Antonio Díaz, especialista de inteligencia y seguridad de la Universidad de Cádiz (UCA). Recurren “al lenguaje visual de moda” para engatusarlos. En muchas de sus grabaciones aparecen planos que plagian el punto de vista subjetivo de videojuegos “como Call of Duty”.

Antonio Díaz

experto en inteligencia

"Se fijan en el lenguaje de moda para engatusar. Para los jóvenes de la periferia usan el 'hip hop'"

El EI cuenta con “un departamento de recursos humanos” que se ha dotado de militares del antiguo ejército iraquí pero también de profesionales de marketing y comunicación que “han estudiado en facultades americanas y europeas”. Imaginarlos “en el desierto, rodeados de arena y en compañía de un camello es un grave error”, advierte Díaz.

Si occidente quiere hacer daño al yihadismo, debe “luchar con sus armas y en su campo de batalla”, avisan fuentes del Ministerio de Interior.

LA CONTRANARRATIVA OCCIDENTAL

Los países democráticos han aprendido que interceptar y desmontar los mensajes propagandísticos que envía Daesh significa disparar contra uno de sus pilares. Interior ha creado un comité de expertos, que agrupa a psiquiatras, sociólogos y policías, para elaborar “productos audiovisuales” que tratarán de desenmascarar los datos falsos o los enfoques malvados que encierran sus mensajes.

Díaz asegura que Europa y Estados Unidos, confiando en su superioridad bélica, se han dado cuenta “tarde” del fenómeno. En el futuro “veremos más divisiones policiales de lucha cibernética”. Es una “batalla de relatos antigua” que ahora se juega en las redes sociales.

Hasta hace bien poco, la policía combatía el reclutamiento en los centros de culto –mezquitas– y las cárceles. Hoy, los servicios de inteligencia saben que el 80% de los nuevos miembros se alistan a través de internet. Facebook es “un caladero ideal para pescarlos”, detalla Díaz. Crean un perfil falso con contenido extremista en esta plataforma y esperan al “me gusta” de algún contacto. A partir de ahí, investigan quién ha picado y “le mandan los mensajes adecuados”.

Facebook, Twitter o Google han accedido a coordinarse con la policía para borrar toda la publicidad yihadista que no esté siendo investigada.

La contranarrativa reserva un papel destacado a las víctimas del terrorismo, familiares de desplazados o yihadistas arrepentidos. Difundir su experiencia, como sostiene la ONU, puede ser una vacuna contra la deshumanización de las víctimas que persigue el Daesh.

La mayoría de los reclutados no parten “de fuertes convicciones religiosas”, concluye Díaz, por eso hay tanto en juego en esta guerra de relatos.

Plan contra el radicalismo

El Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) ha diseñado un Plan Estratégico Nacional contra la Radicalización Violenta que este viernes el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, comparte con sus homólogos en la cumbre de Bruselas. El documento incluye la participación de 12 ministerios, asociaciones y policías locales.

Además de confeccionar relatos para la contranarrativa de la Coalición Global Anti-Daesh, que va en la línea de iniciativas desarrolladas por Estados Unidos, Reino Unido, Francia o Emiratos Árabes, busca la colaboración ciudadana para detectar personas en proceso de radicalización. Se podrá avisar a la policía anónimamente a través de la web ‘stop-radicalismos.es’ o del teléfono gratuito 900 822 066 y, tras identificarse, pulsando el botón ‘Stop Radicalismo’ de la aplicación ‘Alertcops’.