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BALANCE DE PRIMER ANIVERSARIO DE PODEMOS

El 'asalto a los cielos' de Pablo Iglesias "se mancha" de realidad

El partido llega a su cita crucial del 20-D erosionado por un año de lucha en la arena política

Sus líderes dicen guardarse "sorpresas" para la campaña y buscarán multiplicar su presencia en televisiones

IOLANDA MÁRMOL / MADRID

Pablo Iglesias, durante una rueda de prensa en Madrid.

Pablo Iglesias, durante una rueda de prensa en Madrid. / DAVID CASTRO

"Sucede con los grupos de música. Que los puristas dicen: 'A mí me gustaban más cuando sacaron la maqueta'. Claro, y no les conocía nadie. En el momento en que mucha más gente nos escucha, resulta que molábamos más cuando grabábamos en casa". Sonaron carcajadas cuando Íñigo Errejón pronunció esta reflexión ante centenares de simpatizantes podemistas este verano. Él, ni siquiera sonrió. El secretario político trataba de explicar con una suerte de complicidad agridulce que sí, que Podemos ha cambiado porque se ha "manchado de realidad" para no morir inmaculado en una "minoría sectaria" incapaz de amalgamar multitudes. Trataba de convencerles de que la palanca de impulso para alcanzar la hegemonía reside en la agotadora tensión entre mantener el rumbo para no desdibujarse y ser flexible a las demandas externas. 

Este domingo se cumple un año de la asamblea fundacional en el pabellón de Vistalegre (Madrid), donde Podemos se construyó como partido ante 8.000 simpatizantes. Pablo Iglesias e Íñigo Errejón lograron imponer su proyecto frente al del sector crítico, entonces encabezado por Pablo Echenique"El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto", reivindicó Iglesias y las encuestas premiaron su osadía. Podemos se convirtió en la primera fuerza en intención directa de voto el pasado enero, y exhibió músculo en una multitudinaria marcha del cambio en la Puerta del Sol, en Madrid, pero ese hito marcó también un punto de inflexión.

Pero desde entonces comenzó un lento e inexorable declive alimentado en primavera por el escándalo del 'caso Monedero' que se transformó en acusaciones de financiación ilegal a través de Venezuela y, ya en verano, por el contagio de efecto Grecia tras haber apoyado la candidatura del primer ministro Alexis Tsipras, que luego claudicó ante la troika. La cúpula de Podemos llegó a las vacaciones de agosto exhausta y noqueada.

VUELTA AL 'COLE' POLÍTICO Y COLAU

A la vuelta del curso político, la secretaria de análisis y programa, Carolina Bescansa, ha llegado a reconocer -ante la estupefacción de sus compañeros- que no están «en condiciones de ganar las elecciones». Las encuestas internas, que son las más alentadoras y se hicieron antes del batacazo electoral del 27-S, auguran una victoria del PP y un triple empate con el PSOE y Ciudadanos. Tras el correctivo de las elecciones al Parlament, Podemos tiene sus esperanzas depositadas en la lista conjunta con el aval de Ada Colau en Catalunya como revulsivo para devolver la ilusión a un electorado adormecido y enfadado.

Esa alianza será importante y clave, sin duda, aunque también llegá en un contexto complicado para Podem: se sume en una crisis interna con la secretaria general y sus afines dimitidos. Hay que sumar que el viernes uno de los focos críticos hizo en Madrid su aparición en el escenario preelectoral. Les acusan de traicionar su ADN para conseguir la centralidad del tablero. La cúpula se defiende: la hegemonía se logra con transversalidad y resultaría falaz pensar en que se podía ostentar eternamente la etiqueta de "nuevo" o "outsider de la política".

En efecto. Podemos ya no es aquel grupo de politólogos que a falta de cuartel general improvisó el análisis de las elecciones europeas en la terraza de un piso de Malasaña (Madrid) porque no tenían ni sede. Cuando la consiguieron, resultó ser un lugar de aspecto postbélico, con moquetas levantadas, paredes con desconchones, estufas de baño con falsa ilusión calefactora y puertas que se tenían que abrir con puntapiés estratégicos. Un año después, Podemos es un partido con presencia en catorce parlamentos autonómicos, tres senadores y que ha sustentado a ayuntamientos del cambio como Madrid, Barcelona o Cádiz. Tiene un 'think tank', el Instituto 25-M, una revista de pensamiento, 'La Circular', universidad de verano, y está a punto de abrir una docena de 'Moradas', centros culturales y de ocio por todo el país. 

DAR LA VUELTA A LAS ENCUESTAS

"Hemos tenido que correr y atarnos los cordones a la vez", lamentan en la dirección. Esa carrera atropellada les ha otorgado una imagen de informalidad, como cuando perdieron el 'e-mail' de la Zarzuela que invitaba a Pablo Iglesias a la recepción del 12-O, o las declaraciones del propio secretario general anunciando que si hay varapalo electoral, tal vez no continúe. Ante las complejas perspectivas electorales, los líderes tratan de multiplicarse estos días en las tertulias televisivas, que es en definitiva, el lugar donde nacieron.

Y a los malos augurios responden con enigmas. Iglesias asegura que tiene guardadas varias "balas de oro". Errejón anuncia que hay "sorpresas". ¿Son fichajes estrella después del fracaso para incorporar a Alberto Garzón? ¿Se trata de apoyos de gran poder simbólico? ¿Son solo malabares ilusorios? La ejecutiva juega a crear expectativas pero saca los dientes para evitar filtraciones. Y mientras, el tic-tac corre. Ya no solo contra Mariano Rajoy, como Iglesias se jactaba cuando en enero los vientos eran más favorables. Sino también contra Podemos.

Ya lo pronosticaba Lou Reed en el célebre 'There is no time,' (no queda tiempo, ni de optimismos, ni de circunloquios), que bien podía convertirse en la banda sonora de aquel grupo que dejó de grabar maquetas en casa. Aún así, Podemos trata de dar la vuelta a los sondeos y, "sorpresas" bajo el brazo, trata de intentar "el asalto" en las generales. Quedan semanas para ver en qué termina el sueño de "tomar el cielo".