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PASEOS ELECTORALES: BADALONA

El primer asalto a las urnas de la nueva política

JOAN CAÑETE BAYLE / BADALONA

Reyes Cortés, 46 años, casado, con un hijo de 14, licenciado en Filología Hispánica, informático del Ayuntamiento de Barcelona, se presenta a la cita para este paseo electoral con un grueso dosier que él mismo ha preparado a partir de informaciones extraídas de internet. En la carpeta hay datos que van desde el precario mapa de bibliotecas hasta la situación laboral en el Conservatori de Música de Badalona, prestigiosa institución cuyos trabajadores han sufrido esta legislatura impagos en las nóminas, víctimas de una batalla clásica entre el ayuntamiento y la Generalitat.

La cita con Reyes es en un gran descampado -un  gran pipicán, de hecho- frente a su casa. Son los terrenos de Montigalà-Batllòria donde en 1997 el ayuntamiento de Joan Blanch (PSC) aprobó construir un complejo deportivo. Casi 20 años después, un gran cartel reza: 'Aquí ja construïm l'Estadi Municipal de Badalona'. "Hace años, con motivo de unas elecciones, el entonces Gobierno socialista puso unas pancartas similares en las que se anunciaba la construcción del nuevo estadio. Ahora, con un Gobierno del PP, vuelven a aparecer", dice Reyes. Está claro por qué Reyes ha elegido este lugar: a su juicio, da igual PP que PSOE, en el fondo son lo mismo.

Según el ayuntamiento, el inicio de la construcción del estadio es ahora sí cuestión de días: está previsto para el 19 de mayo. Se trata, afirma el consistorio, de la segunda gran obra desbloqueada en este mandato por el equipo de Xavier García Albiol. La otra es el canal del puerto. Para Reyes, las dos obras (y otras, como la piscina olímpica) son simbólicas no solo de Badalona, sino de la situación política en el país. El estadio representa la desconfianza de la que se han hecho merecedores los políticos. El canal simboliza lo que Reyes considera una apuesta del consistorio de Albiol, como tantos otros, por grandes proyectos "como si no hubiera sucedido la crisis del ladrillo". Por eso, para Reyes estas elecciones van de algo más que elegir alcalde: "Badalona se juega el 24-M lo que todos los pueblos de España: que los políticos que nos gobiernan, da igual que militen en el PP que en el PSOE, tengan un aviso por parte de la ciudadanía de que ya está bien". Y añade: "Se impone una forma de cambio y este cambio empieza con las votaciones en las elecciones municipales. Hay que cambiar la forma de entender la política y de relación entre políticos y ciudadanos".

Banco de pruebas

Para los que, como Reyes, enfocan las elecciones como el primer asalto para medir la fuerza real de la desafección ciudadana y de la denominada nueva política, Badalona es un banco de pruebas: es la mayor ciudad catalana que gobierna el PP y en ella los estandartes de la nueva política (CUP, Podem, Procés Constituent), junto con exmiembros de formaciones tradicionales de izquierda como ICV y EUiA, han logrado presentar una lista única, Guanyem Badalona en Comú.

La controvertida figura de Albiol también ayuda, más allá de que defiende las desgastadas siglas del PP. Sus políticas sobre la inmigración son consideradas xenófobas por muchos y si se ha mantenido cuatro años en la alcaldía en minoría ha sido gracias a esas cosas que tiene la política: por el apoyo de CiU al inicio del mandato y por la incapacidad de la oposición para pactar una moción de censura pese a coincidir en gran medida en su crítica a la totalidad. Las encuestas hablan de un resultado incierto pero no reflejan ni mucho menos que Albiol sea un alcalde impopular, más allá de la desconfianza generalizada hacia los políticos y del desgaste de gobierno.

"Yo voté al PP porque estaba muy enfadada con el PSOE. Y ahora me encuentro con que no sé a quién votar", explica Carmen Terrades, auxiliar administrativa, en una tertulia sobre Badalona en la cafetería Mr. CupcakesBDN, situada frente a la escuela que sus hijos comparten con el de Reyes. "Nos sentimos engañados por los políticos en general", apunta Fernando Bejarano, el tercer contertulio. Es una postura generalizada en todas partes: a la pregunta '¿confía en los políticos?' los ciudadanos responden: no. A Carmen le duele sobre todo lo que considera una promesa incumplida de Albiol: los libros de texto gratis, una medida que el alcalde no logró sacar adelante porque la oposición votó en contra. "Me da igual la política, hizo una promesa y no la cumplió. Yo aún tengo guardadas las facturas de los libros…".

Las promesas incumplidas son una causa de la larga lista de la que se nutre la desconfianza hacia los políticos y la desafección por la política. La incógnita es si ese malestar acabará plasmándose realmente en un cambio de las reglas del juego políticas. "Las nuevas tendencias no están lo bastante asentadas -reflexiona Reyes-. Si no castigamos a los políticos tradicionales desde ya mismo, van a seguir igual. ¿Para qué vas a enmendarte si sigues ganando, si la gente te sigue votando?".

El gran defecto

La lejanía de los problemas de los ciudadanos es otra. «Yo no quiero un político con carisma, quiero a alguien de la calle que vaya al CAP conmigo», afirma Reyes. O que lleve a su hijo al Conservatori, el lugar al que Reyes nos lleva en este paseo electoral después del descampado que algún día será un estadio. «Los padres tememos que lo cierren o lo privaticen», dice, y explica que no se puede desligar lo local de lo general. «Yo votaré pensando en Badalona, pero también en un marco más amplio de aviso a la política tradicional», afirma entre alumnos que entran y salen del conservatorio. Reyes es cauto: «En la política en España y en Catalunya somos como en el fútbol: de un equipo hasta la muerte. Da igual que lo haga bien o mal. Y esto nos mata, es el gran defecto que nos condena a que nos gobiernen los de siempre». Veremos qué sucede en este año electoral.

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