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Los errores de la 'casta'

El voto ideológico da paso al apoyo en base a la reputación y amenaza al eje izquierda-derecha

Los electores dejan de ir a las urnas con sonrojo y quieren sentirse orgullosos de su papeleta

IOLANDA MÁRMOL / MADRID

La 'casta' está, podría decirse, en plenas obras de mejora, pero los expertos en reputación advierten de que esas reformas para taponar las goteras son insuficientes y que los viejos partidos necesitarán una regeneración desde los cimientos si quieren sobrevivir al temporal que les disputa la hegemonía de la que han disfrutado durante las últimas décadas. Sus puntos de apoyo, los simpatizantes, no parecen dispuestos a continuar sosteniendo unas siglas de las que se avergüenzan. En este contexto de mundo cambiante se detecta una nueva tendencia: el trasvase de los votos ideológicos a los votos por reputación. ¿Significa esto que las opciones izquierda-derecha han dejado de operar? No, pero ese ingrediente pesará cada vez menos en la elección de la papeleta porque adquieren mayor fuerza la respetabilidad, la honestidad o la admiración. Los electores ya no están dispuestos a votar con sonrojo. Quieren sentirse orgullosos, visualizar su opción política y que sus esperanzas se vean satisfechas.

Uno de los expertos que analiza el fenómeno, Juan Cardona, director de reputación de la empresa Llorente y Cuenca, advierte de que el error letal de los viejos partidos es no cubrir las expectativas de sus simpatizantes. «Los partidos tenían votos cautivos por una ideología basada en el eje izquierda-derecha, pero ahora la descomposición ideológica está acelerando un trasvase de voto hacia la reputación. El bipartidismo parece no enterarse; desde luego no están haciendo la lectura adecuada», analiza.

«Creo que a los partidos y a los candidatos todavía les queda mucho camino por recorrer en esta parcela. La gestión de la reputación de la marca política y del candidato es una asignatura pendiente. Aspectos como formación de portavoces, relatos y mensajes, gestión de crisis o comunicación no verbal deberían trabajarse más y con mayor inteligencia», coincide Isabel Grifoll, vicepresidenta de Atrevia.

Para Justo Villafañe, especialista en reputación, la clave está en ver cuánto terreno gana el voto de credibilidad al voto pragmático. «La confianza es el primer gran filtro que selecciona las opciones de voto en este momento, pero a partir de ahí creo que el segundo será la opción entre el voto económico y el voto ético, el primero asociado a la supuesta capacidad de gestión y el segundo a la legitimidad de la opción política. En torno a la capacidad de gestión abundan estereotipos como 'la derecha gestiona mejor' o 'lo privado es más eficiente que lo público', que, como su propio término significa, no tienen que convalidarse con la realidad», afirma Villafañe, que subraya que el «pecado capital» cometido por los viejos partidos ha sido defender «su propia perpetuación».

Con el análisis de los expertos, estos son algunos de los grandes errores cometidos por la 'casta'.

CANDIDATOS POCO HUMANOS

Los líderes, en una realidad paralela

La gente confía más en personas que percibe como similares o en expertos de prestigio. Mariano Rajoy no despierta el sentimiento de ser «como nosotros» ni trasmite dotes de estadista. Apenas ha pisado la calle y cuando ahora se lanza a una campaña de proximidad no hay conexión emocional. Sus intervenciones retransmitidas por plasma han fomentado la imagen de político de 'casta' desconectado de la realidad: tiene chófer desde hace décadas, no compra personalmente y no dialoga con desconocidos.

MENSAJES INCONCRETOS

No logran traducir la realidad al ciudadano

Los partidos tradicionales no han sabido traducir los anhelos ciudadanos en mensajes concretos. El PP y el PSOE han transitado por la crisis económica hablando de la «lógica de los mercados financieros» o de «emigración intelectual». En contraste, Podemos dio a la gente enfadada balas dialécticas para defender sus postulados en los bares, en la paella del domingo. Bautizó a los viejos partidos como «casta», apuntó un enemigo concreto, «Angela Merkel», y tradujo conceptos complejos e intangibles en lemas repetibles y claros como el «fin de los desahucios» o «queremos que vuelvan los jóvenes obligados a expatriarse».

LA FALTA DE ÉTICA

La corrupción les pasa factura

La ética es una dimensión imprescindible en la construcción de la reputación. Podemos y Ciudadanos han logrado que cuaje la dicotomía entre partidos limpios y contaminados, entre dirigentes honestos y eficaces que entran en política -durante un tiempo limitado- para contribuir a la sociedad en contraste con los no eficientes que buscan perpetuarse en el poder para sacar provecho de la corrupción.

Los simpatizantes exigen más democracia, menos «dedazos» para elegir a los candidatos, humildad e integridad. El único amortiguador de escándalos como la 'Gürtel', la operación Púnica o los 'ERES' son las redes clientelares.

MENTIR MATA

El incumplimiento cabrea al electorado

La deslealtad al programa electoral despierta una sensación de traición entre las bases. El PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero pagó en las urnas cuando aceptó los mandatos de la llamada troika. El PP se enfrenta ahora a la diabólica memoria de la hemeroteca: cambió sus postulados programáticos con la ley del aborto, las víctimas del terrorismo o la subida impositiva. Estas infidelidades provocan desconfianza y vergüenza al elector.

CAMBIO DE ALTAVOCES

El valor de la tertulia frente al mitin

Tanto el PP, como el PSOE y partidos como IU y UPD suspenden esta asignatura. El comunicado de prensa y las fotos montadas ya no son creíbles, por no hablar de los mítines, que cuestan miles de euros y el esfuerzo de trasladar a cientos de personas a un lugar. Podemos y Ciudadanos se cuelan en cambio en el salón de todas las casas desde las tertulias.

La 'casta' ha reaccionado tarde y ha buscado como portavoces caras nuevas, pero ninguno de ellos hace sombra a la oratoria de Pablo Iglesias o Albert Rivera. El PSOE ha tratado de mejorar con la presencia de Pedro Sánchez en 'shows' televisivos, pero corre el riesgo de banalizarse. El PP, por su parte, desde el bajón registrado en las europeas, manda dirigentes a todas las televisiones, con un efecto aún por ver.

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