34 años de "autoridad moral"

Pujol incorporaba en sus discursos de investidura todo tipo de indicaciones éticas

Tras dejar el cargo, exigió al tripartito «no dilapidar» el «prestigio acumulado»

Jordi Pujol, en una imagen del 2013, en el centro Caixa Forum de Madrid.

Jordi Pujol, en una imagen del 2013, en el centro Caixa Forum de Madrid. / SAMUEL ARANDA

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RAFA JULVE
BARCELONA

Jordi Pujol se pasó 34 años ocultando sus cuentas en el extranjero mientras en público dejaba una cuantiosa  herencia de reflexiones «moralizantes», como le afeó el conseller Santi Vila la semana pasada. Los discursos de investidura que ofreció a lo largo de las seis legislaturas en las que se enfundó el maillot amarillo de la Generalitat, además de desgranar su proyecto político, dan buena fe de aquellas lecciones sobre cómo debían ser y y estar los catalanes «para que el país prospere».

EL ESTRENO

«Exigencia en nuestra conducta ciudadana»

«No tenemos que ocultar al país ninguna de las dificultades que hay (...). Y, sobre todo, no le tenemos que ocultar que solo saldremos adelante a través del rigor y de la exigencia en nuestra conducta ciudadana, a través del trabajo y del esfuerzo». Calvinismo puro rezumaban esas frases que Pujol pronunció al inicio de su primer discurso de investidura como jefe del Govern, el 22 de abril de 1980. El exlíder nacionalista centró su intervención en detallar las tres líneas principales «para construir el país» tras décadas de tenebrosa dictadura: «Institucionalización de Catalunya, defensa de la catalanidad y defensa de la economía». No obstante, también trufó su alocución de otras consideraciones. «Pau Casals nos recomendó que tenemos que defender siempre nuestros derechos, pero no debemos olvidar nunca nuestros deberes [...] Tenemos que pedir que cada cual cumpla con sus deberes», subrayó.

Seis meses después de aquel discurso, en septiembre, moría Florenci Pujol, padre del expresidente.

LA CONSOLIDACIÓN

«Solo sabiendo la verdad se salva el país»

Tras congratularse «por «la consolidación de la democracia, de la autonomía y del proceso de recuperación nacional de Catalunya», el president, que acababa de lograr su primera mayoría absoluta, volvió a incidir en la necesidad de fortalecer el autogobierno. En ese discurso de investidura, el 29 de mayo de 1984, recuperó una carta que le había enviado a Felipe González en la que le recordaba que su partido no fue defensor del Estado de las autonomías, pero que «el sentido de responsabilidad y solidaridad» le llevó a aceptarlo y defenderlo. «Afortunadamente, el catalán es un nacionalismo abierto, integrado en el conjunto español, convivencial y pacífico», seguía el escrito, para defender después la «personalidad diferenciada de Catalunya dentro de España».

De nuevo, la intervención contaba con otras píldoras: «No me apartaré de esta norma de conducta, de decir la verdad al país [...]. Durante cuatro años he explicado que la crisis sería larga». «Porque solo sabiendo la verdad el país puede reaccionar y se puede salvar. Solo reclamándole a cada uno la asunción de sus propias  responsabilidades podremos ir adelante. No hace falta que diga que el primero al que hay que exigirle esa asunción de responsabilidades es al Consell Executiu».

NUEVA MAYORÍA ABSOLUTA

«Respeto a todos

y cada uno»

21 de junio de 1988. CiU revalida la mayoría absoluta y Pujol vuelve a subir al atril del Parlament para exponer su programa. «Nación, sociedad y personas» resumen ese discurso.

«Ha pasado la época en que para las naciones sin Estado no podía haber más objetivo que conseguir un Estado», proclamó. Acto seguido, sin embargo, avisó de que eso no restaba energías a su voluntad de reforzar «el sentimiento de identidad nacional del pueblo catalán» con medidas como un mayor impulso de la normalización lingüística que se plasmaban con otro canal de televisión. Aquella vez, aparte de resumir sus planes de gobierno y sus choques con Madrid, Pujol se dedicó a ponderar sobre la importancia de «la sociedad civil» y, sobre todo, de las personas. «Todo pueblo debe construirse en el respeto de todos y cada uno de sus miembros, pero más Catalunya, que ha sido a través de la historia -sobre todo, la más reciente- un país abierto a todo tipo de influencias».

LA RESISTENCIA

«Recuperar el prestigio moral»

«Pujol pide al PSOE que asuma 'sin miedo' la reforma del Estado», titulaba este diario tras el discurso de investidura del 8 de abril de 1992. Además de explicar la reclamación del president de que el fet diferencial fuera asumido por el Estado, los cronistas dedicaban una pieza a destacar que el líder nacionalista había hablado por primera vez en el Parlament sobre corrupción tras el goteo de escándalos en toda España.

En su intervención, Pujol pidió transparencia en la financiación de los partidos y propuso reducir el gasto en las campañas electorales como acciones para «recuperar el prestigio moral» de los políticos. Asimismo, añadió: «Los políticos han de hacer su catarsis, pero los que no son políticos también».

GOBIERNO EN MINORÍA

«Un país de civismo

y de convivencia»

En 1995 CiU tenía que gobernar en minoría tras perder 10 diputados, pero la tesis de Pujol seguía siendo la misma: reclamar más financiación y «nuevos traspasos [de competencias]» que ayudaran a Catalunya a ser «el motor de España».

En su discurso de investidura del 13 de diciembre de aquel año, el dirigente nacionalista fue más per feina en el intento de lograr apoyos, aunque también deslizó toques morales al dibujar una Catalunya que asegurara a los ciudadanos «la capacidad de ganarse la vida, su realización personal» y que se convirtiera en «un país de civismo y, sobre todo, de buena convivencia».

EL OCASO

«Que nadie empañe nuestra imagen»

Tras 19 años de «construcción del país», Pujol expuso su nuevo programa de Gobierno (en minoría) el 15 de noviembre de 1999. Entonces también ensalzó que durante su etapa se había logrado «una parte importante de lo que había querido el president Francesc Macià: Una Catalunya económicamente próspera, socialmente justa, políticamente libre y espiritualmente gloriosa».

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El 10 de diciembre del 2003, el exmolt honorable ofrecía su último discurso institucional de la Diada. «No dejemos que nadie empañe la imagen fuerte y positiva que podemos tener de nosotros mismos», dijo apelando a la «autoestima».

Ya con CiU en la oposición, Pujol y los suyos iniciaron una fase de linchamiento al nuevo Govern. El 28 de enero del 2004, por ejemplo, invocó  su «autoridad moral» para exigir al tripartito «que no dilapide el prestigio acumulado por Catalunya».