Ir a contenido

OFF THE RECORD 5

Albert Rivera «Con mi mujer y mi hija hablo en catalán»

Albert Rivera (Barcelona, 1979) va un par de veces por semana a Madrid. Y eso que su partido, Ciutadans, solo tiene presencia en Catalunya. Tanto AVE le sale a cuenta porque el triunfo obtenido en las pasadas autonómicas, que le permitió por primera vez disponer un grupo propio, tiene mucho que ver con estos viajes a la capital. Sus reiteradas apariciones los sábados en Tele 5, así como su presencia en las tertulias de Intereconomía, le dieron una proyección que en las urnas se tradujo en el triple de votos que dos años atrás. Él insiste en que acude a los programas que le invitan y que si triunfa más en Madrid, es porque en Catalunya no le llaman.

Reconoce que revisa las entrevistas televisivas que concede para «corregir errores» y acostumbra a consultar la audiencia que cosecha en sus apariciones. Últimamente anda encantado con el resultado del programa La Sexta Noche.

La otra plataforma que Rivera cuida con esmero es Twitter, donde más de 62.000 seguidores pueden dar fe de que sabe sacar rédito de las redes sociales. Hace poco participó en un debate virtual con Alberto Garzón, de Izquierda Unida, y Juan López de Uralde, de Equo. Los tres representan una manera distinta de ejercer la política.

Del desnudo a la ruptura

Rivera se dio a conocer de una forma atípica cuando, en el 2006, posó desnudo para el cartel electoral de su recién nacido partido. Y no le fue mal porque, de saque, consiguió tres diputados. Eso sí, cuando todavía no llevaban ni un año en el Parlament empezaron las peleas. Uno fue expulsado, el otro devolvió el carnet y solo Rivera siguió en Ciutadans. Atribuye ese episodio a la «falta de experiencia» y asegura que aprendió la lección. Tal vez por eso ahora que son nueve acostumbran a comer juntos cuando hay pleno en el Parlament e, incluso, más de un día quedan para tomar algo a la salida.

-¿Utilizar el castellano en los plenos de la Cámara no tiene algo de provocación?

-El problema es ver como una provocación lo que en la calle es normal. Durante el franquismo, el uso del catalán tenía su punto reivindicativo, pero ahora ya se ha normalizado su situación.

-¿En casa en qué lengua hablan?

-Con mi mujer y mi hija hablo en catalán.

Lleva 11 años con su mujer, Mariona. Ella es psicóloga, experta en terapias de grupo, y tiene poco interés en la política.

-La lluvia diaria de información es brutal y por eso en casa no ponemos informativos ni debates, y en el coche escucho música.

Es de suponer que la excepción son los debates en los que participa él. Más allá de los platós, sus duelos parlamentarios con el presidente de la Generalitat, Artur Mas, a menudo enervan a la bancada convergente.

-¿Es consciente de que muchas veces saca a Mas de sus casillas?

-Sí, pero personalmente me llevo mejor con Mas que con Montilla.

-¿Por qué?

-Porque con Mas existe un punto de respeto mutuo. Él acepta el tête à tête y no sufre. En cambio, Montilla sufría y seguramente, en su caso, también había algo de preocupación por las expectativas electorales que nosotros podíamos tener. Además, con CiU hemos compartido oposición y eso hace que también nos conozcamos más.

Sus dotes oratorias vienen de lejos. Fue campeón de España de debate universitario en el 2000 representando a la Ramon Llull y le encanta ver las sesiones de la Cámara de los Lores. Dice que le gustan los políticos que saben transmitir y en el Parlament no se pierde nunca las intervenciones de Antoni Fernández Teixidó, uno de los diputados más veteranos de Convergència y cuyo estilo le recuerda al de los parlamentarios británicos. Admira también a otro decano de la política catalana, el socialista Higini Clotas, retirado desde hace dos años después de que la actual dirección del PSC le forzase a abandonar la vicepresidencia de la Cámara.

-Higini Clotas representaba el seny, con un espíritu conciliador. A mí me ayudó mucho, y lamento la manera en la que el PSC le dio salida.

-¿Y tiene buen rollo con algún otro socialista?

SEnDSí, con Jaume Collboni y con Maurici Lucena, que me parece un tipo amable.

Añade que tiene también una buena relación con el líder de Iniciativa, Joan Herrera, porque, en su opinión, es de los que hace las cosas «razonablemente bien».

El líder de Ciutadans encarna a una nueva generación de políticos, seguramente todavía pocos, que antes de dedicarse a esto tenía su trabajo y que aspira a regresar al sector privado, aunque no sabe cuándo será. Es abogado, entró a trabajar en los servicios jurídicos de La Caixa al poco de obtener la licenciatura y hace siete años cogió una excedencia para dar el salto a la política.

-Ahora está al otro lado de la barrera y le toca atender las quejas de muchos ciudadanos sobre la banca. ¿Tiene un sentimiento contradictorio?

-No. La comisión de investigación sobre las cajas la propusimos nosotros. Y el primer debate sobre las preferentes también fue a iniciativa nuestra.

-¿Qué opina de la actuación de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca?

-Creo que ha logrado algo insólito como es una conseguir una reforma del sistema hipotecario. Pero discrepo de los escraches porque que te abronquen va en el sueldo y otra cosa distinta es que vayan a tu domicilio. Además, los escraches han tenido el efecto contrario porque han descentrado el debate.

-¿Y usted cómo lleva que le reconozcan por la calle?

-Lo llevo bien. Hoy en día todo forma parte de la esfera pública. Al principio comporta un proceso de adaptación mental, pero sabes que te debes a la gente y que rendir cuentas forma parte de nuestro trabajo.

El respeto es un valor que aprendió en su etapa de deportista. Ocho años dedicado a la natación de competición y otros ocho al waterpolo. «Media vida en la piscina», como describe sin que suene a exageración. De ahí le viene el espíritu competitivo y también el del esfuerzo. Como le decía Dani Bonet, uno de sus entrenadores, ya fallecido: «En el agua todo el mundo es igual». Lástima que fuera de la piscina no sea así.