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Mirador

Los sublevados de Rajoy

Rosa Paz

Hay un sector de la derecha político-mediática que lo tiene todo claro. Con esa claridad inapelable del blanco y negro, sin que quepa matiz alguno. Es ese sector que pide mano dura con todos aquellos que no comulgan con su ideario y, en particular, con los nacionalistas, más aún si son de tendencia soberanista. A ese grupo de ciudadanos, con el que coquetea a veces el Gobierno -aunque le pongan de vuelta y media- es al que ha salido a saludar al tendido José María Aznar con esas apariciones estelares, en las que parece dispuesto a liderar el sector crítico del PP. Es lo que le faltaba a Mariano Rajoy, que su antecesor en la presidencia del partido, el hombre que le designó candidato a la presidencia del Gobierno, tronara contra la política gubernamental, flagelada ya por más de seis millones de parados y multitud de protestas sociales provocadas el empobrecimiento paulatino de la población. Claro que las protestas ciudadanas van por un lado y Aznar por el contrario.

No es de extrañar, por tanto, que si el liderazgo de Rajoy estaba ya tocado por varios flancos -por tanto sufrimiento causado por el austericidio o por la irritación que provocan los millones de Bárcenas en Suiza y los sueldos que cobraban y cobran, aunque sea en dinero blanco, los dirigentes populares- las andanadas de Aznar contribuyan a debilitarlo más. Dicen los marianistas que no, que las críticas del expresidente han reforzado la posición de Rajoy en el partido. Parece una lectura muy optimista. Porque a los superlíderes no se les suelen rebelar ni sus antecesores ni sus subordinados y al presidente del Gobierno le ha salido un predecesor que le quiere marcar el paso y se le han levantado parte de sus barones.

Lo peor no es la insubordinación. Ni siquiera los enfrentamientos entre líderes autonómicos del PP. Esas discrepancias no son más que el pluralismo lógico en todo partido y la dialéctica política normal, que entiende todo el mundo salvo los partidarios del ordeno y mando. Lo más preocupante es que la reyerta surja por un supuesto equivocado, amplificado por las voces de ese sector radical que ve a Rajoy blando y genuflexo ante los nacionalistas catalanes. Vamos, que algunos barones del PP que se oponen a que el Gobierno establezca un objetivo de déficit asimétrico en función de la realidad económica de cada comunidad, se han creído que esa decisión es un gesto de debilidad frente al pulso soberanista de Artur Mas. No entienden, ni siquiera cuando se lo explican sus compañeros de la Comunidad Valenciana, de Baleares o de Murcia, que la rectificación del Ejecutivo tiene un objetivo imprescindible: evitar que se estrangule tanto a la ya asfixiada economía española que al final ya no pueda ni volver a respirar.