Ir a contenido

TRÁGICO DESENLACE DE LA MAYOR PROTESTA EN 35 AÑOS

Batalla campal en El Aaiún

Los duros enfrentamientos causan un número indeterminado de muertos, heridos y desaparecidos

Marruecos desmantela por la fuerza el campamento saharaui y las disturbios estallan por toda la ciudad

BEATRIZ MESA / Casablanca

En las calles de El Aaiún, convertidas en campo de batalla, se plasmaban ayer las palabras que pronunció en su día el rey de Marruecos Hassan II: «Nos hemos hecho con el Sáhara, pero no con el corazón de los saharauis». El Ejército marroquí desmanteló por la fuerza el campamento de Gdeim Izik, levantado hace tres semanas para protestar por la discriminación y el abandono que sufren los saharauis, y miles de ellos salieron a las barricadas en la capital de la antigua colonia española para dar rienda suelta a su indignación.

Es imposible saber cuántas son las víctimas de la mayor protesta que ha vivido esta ciudad de 200.000 habitantes en 35 años de ocupación marroquí. En medio de un cerrojazo informativo total por parte de Rabat y de un mar de testimonios y rumores alarmantes y contradictorios, el Frente Polisario confirmaba al cierre de esta edición la muerte de un saharaui y contaba los desaparecidos por decenas, además de 80 heridos y 70 detenidos. Marruecos, por su parte, hablaba de cinco miembros de las fuerzas de seguridad muertos por arma blanca a manos de saharauis y otros 70 heridos, y negaba que hubiera habido víctimas civiles.

Las organizaciones sociales y de defensa de los derechos humanos aún no se creen lo ocurrido. No esperaban que Marruecos cortara por lo sano justo cuando varios diputados marroquís y saharauis habían sido invitados a colaborar en la búsqueda de una solución pacífica para una protesta pacífica. Los más de 20.000 saharauis concentrados en el campamento exigían a Rabat mejoras en sus condiciones de vivienda y de trabajo e igualdad de derechos con los ciudadanos de origen marroquí, que son hoy amplia mayoría en el territorio. Y habían evitado cuidadosamente toda referencia al conflicto político para evitar que pasara lo que acabó pasando.

POR MEGAFONÍA / A primera hora de la mañana,  un helicóptero sobrevoló el campamento avisando por megafonía a los acampados de que debían irse: «Que salgan primero las mujeres y los niños. Si no, las consecuencias serán aún más graves». Luego entraron centenares de camiones antidisturbios y miles de policías y militares marroquís que desalojaron a los saharauis a golpe de porras, gases lacrimógenos, cañones de agua y pelotas de goma. Las tiendas fueron arrasadas una por una, y parte de ellas incendiadas. «Las mujeres gritaban, los niños lloraban, las madres buscaban a sus hijos que habían escapado asustados por los disparos», relataba conmocionado Mohamed Yahía, de los primeros en encabezar la protesta social: «Tiraron las tiendas y les prendieron fuego. Todavía se puede ver el humo».

Muchos de los acampados fueron obligados a subir en vehículos 4x4 y regresar a El Aaiún. Otros lo hicieron por sus propios medios, y otros muchos huyeron a pie. Y cuando llegó la noticia a la ciudad, miles de jóvenes saharauis se echaron a las calles, con palos, piedras y artefactos incendiarios. Y, ahora ya  sí, con banderas del Polisario y pidiendo «la expulsión de los colonos marroquís», aseguraba Hasán Duihi, miembro del Comité de Derechos de los Presos Saharauis. Los manifestantes quemaron contenedores, coches del Gobierno marroquí y buena parte del mobiliario urbano. «El Aaiún aún arde», añadía Abdelahi, también saharaui.

En los enfrentamientos entre el Ejército marroquí y los jóvenes saharauis terciaron los civiles marroquís, que «saquearon las tiendas y entraron en las casas de familias saharauis para maltratarlas», explicó otro testigo, Brahim Huiria, quien hacía un llamamiento a la cordura y pedía protección para los saharauis. «Este daño es irreparable», concluía.