un partido en CAMPAÑA

El proceso de primarias airea las tensiones internas en el PSOE

Los socialistas de Madrid, Canarias y Murcia elegirán a sus candidatos el domingo

Los equipos de los aspirantes consideran que el «riesgo» de los excesos vale la pena

Jiménez, con una seguidora.

Jiménez, con una seguidora.

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JUAN RUIZ SIERRA
MADRID

Un candidato se presenta como el «de las bases» y desde el campo rival le contestan que decir eso es ser «populista». Una candidata pide cabinas el día de las elecciones para que haya libertad cuando se depositen los votos y su oponente le contesta que claro, por supuesto, pero que él también quiere que esos votos, en aras de una mayor seguridad y limpieza, vayan en sobres lacrados. Un candidato frustrado denuncia pucherazo y desde el otro bando le responden que su comportamiento «no es digno». Un aspirante al que no le dejan presentarse a los comicios anuncia acciones legales. Otro ya tiene una demanda admitida a trámite. ¿Ejemplos de la riña entre partidos en el avinagrado día a día político español? No, muestras de la pelea en el mismo partido. Desde que se destapó la caja de las primarias, en el PSOE suenan truenos.

«Normalidad democrática», dijo el viernes la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, para describir la senda tomada por los socialistas para seleccionar a sus candidatos en los comicios autonómicos y municipales del próximo mayo. Sin duda, la elección de los aspirantes a través de los votos de la militancia supone una vía más democrática que la del frecuente dedazo. Pero no es normal.

Primero, porque España carece de una tradición de primarias. Esto no es EEUU, donde tanto los republicanos como los demócratas nombran a sus líderes a través de este sistema. Ni tampoco Japón, y quizá para bien. Allí se vota al partido en las elecciones generales, mientras que el gobernante es designado en las primarias de la fuerza ganadora, pero estas pueden celebrarse varias veces durante un mandato y entonces cabe que ocurra como en los últimos tiempos: en cinco años, ha habido cuatro primeros ministros.

Y segundo, porque el cruce de acusaciones internas no suele ser tan intenso en el PSOE. En Valencia, el exministro Antoni Asunción gritó «tongo» después de que el partido fallara que 200 de sus avales eran falsos y le impidiera postularse como candidato al gobierno autonómico. El ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE, José Blanco, le contestó así: «Su comportamiento no es digno de un socialista». En Aragón, César Ciriano anunció que llevará al partido a los tribunales por impedirle optar a las primarias. En Málaga, Ignacio Trillo ha interpuesto una demanda por algo similar.

APARATO CONTRA APARATO / Descartados estos lugares, las primarias se celebrarán el 3 de octubre en Canarias, Murcia y Madrid, comunidad que acapara casi toda la atención. Apenas han trascendido las propuestas programáticas del secretario general del PSM, Tomás Gómez, y la titular de Sanidad, Trinidad Jiménez, pero esta es la preferida de José Luis Rodríguez Zapatero y si dentro de una semana no sale elegida, el presidente del Gobierno puede quedar tocado. Mientras tanto, los equipos de una y otro se acusan de usar el aparato en beneficio propio (Jiménez, con 5.696 avales logrados, utilizaría supuestamente el del PSOE, y Gómez, con 6.525, el del PSM), de caer en el populismo, aprovecharse de su cargo o emplear tretas para enturbiar las elecciones. De ahí las cabinas que pidió la ministra y los votos en sobres lacrados que exigió Gómez el viernes, durante una conferencia a la que asistieron seis exministros socialistas, entre ellos José Barrionuevo y Carmen Calvo, todos más o menos descontentos con Zapatero.

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¿No temen beneficiar al PP de Esperanza Aguirre con tanto reproche interno? ¿No temen que el tono de la contienda dañe la imagen del PSOE? «El tono general es de fair play con algunos rifirrafes propios de toda campaña -contesta David Lucas, portavoz de la plataforma de apoyo a Jiménez-. Es posible que se esté cayendo en algún exceso, pero son episodios aislados, aunque desde el punto de vista mediático interesen más que las propuestas concretas».

«Estos procesos siempre comportan riesgos para el partido, pero vale la pena correrlos si se arrebata Madrid al PP -dice Eusebio González, portavoz de la plataforma de apoyo a Gómez-. No es cómodo tener al aparato federal enfrente diciendo a los militantes que o votan una cosa o se habrán equivocado».