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Director de EL PERIÓDICO

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Agua, inflación y "perfil político"

Vista de la EDAR (estación depuradora de aguas residuales) del Llobregat, en el municipio de El Prat. Incluye un tratamiento terciario o de ultradepuración.

Vista de la EDAR (estación depuradora de aguas residuales) del Llobregat, en el municipio de El Prat. Incluye un tratamiento terciario o de ultradepuración. / JOAN CORTADELLAS

EL PERIODICO adelanta hoy las nuevas tarifas del suministro del agua en 22 municipios del área de Barcelona que aprobará el martes el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) y que entrarán en vigor en marzo del 2024. Según explican Manuel Arenas y Guillem Costase trata de una subida de unos tres euros por vivienda y mes y busca compensar los años de tarifas congeladas, el incremento de los costes (lo que paga la suministradora a la ATL que ha subido su precio igual que la electricidad alentada por la inflación) y las inversiones requeridas por el episodio de sequía que vivimos y las nuevas exigencias medioambientales de la UE. El incremento medido en porcentaje, entre el 20 y el 30%, distorsiona la medida que además se acompaña de un elenco de tarifas sociales para proteger a los más vulnerables y que prevé llegar hasta un 10% de los hogares. El conseller David Mascort ya advirtió de la necesidad de esta medida cuando tomó posesión también en una entrevista en EL PERIÓDICO.

La inflación no es buena. Lo hemos dicho cientos de veces, porque perjudica de la misma manera a todos los bolsillos y a todo tipo de gastos. Impacta de igual forma en lo que paga una familia de alto poder adquisitivo por salir el fin de semana que en lo que le cuesta a una familia modesta cubrir los servicios esenciales como la luz, el gas o el agua. Por eso fue tan grave la frivolidad con la que el gobierno de Pedro Sánchez trató la llegada de la inflación, negándola primero, restándole importancia, después, y repartiendo ayudas universales de manera populista durante dos campañas electorales. Ahora, los ayuntamientos y las autonomías tienen que hacer frente a su impacto en los recibos de final de mes que, en el caso del agua, se mezcla con un gravísimo episodio de sequía y con años de congelación de las tarifas alentada por otro tipo de populismo, el de los que no quieren reconocer los costes de los servicios. En el área de Barcelona, en el caso del agua se está imponiendo el sentido común gracias a un amplio consenso social y político que debe seguir vigilante hasta el final para que nadie se aproveche de la situación ni se quede atrás. Esto sí que es "alto perfil político".