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Sergi Sol

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El independentismo inútil

El independentismo -si quiere ser útil y recuperar el temple- debe saber reanudar el rumbo, dejar de lamerse las heridas y dejar de alardear de una victoria que el exilio y la cárcel desmentían factualmente

Debate de investidura de Pedro Sánchez, en directo

El giro de Puigdemont abre el interrogante en Junts sobre el regreso del espíritu convergente

El 'expresident' de la Generalitat, Carles Puigdemont.

El 'expresident' de la Generalitat, Carles Puigdemont. / Angel Garcia / Bloomberg

Una vez sea investido Pedro Sánchez -por ahora la única certeza- pasará Collboni a cerrar acuerdos en el Ayuntamiento de Barcelona. Y resulta que después de tantos alaridos tanto podría ser con Trias como con Colau o Maragall. O una triangulación. Sería fuerte que ahora Junts sí gobernara con Collboni en la capital de Catalunya después de que Puigdemont forzara romper con el Gobierno de Aragonès por 'botiflers'. Pero vaya, a estas alturas de la comedia juntera del 'nosurrender' tampoco vendría de aquí.

Artur Mas decía el martes en Ca n'Ustrell que Puigdemont podía elegir entre la coherencia o la utilidad. Y -tras seis años de blandir con furia la 'estelada'- ha elegido, opción preferida por Mas, ser finalmente útil.

Cuando el colomense Rufián defendía un independentismo que "milite en la utilidad" se le burlaban propios (algunos) y extraños. Más que burlarse le llamaban el nombre del cerdo. De 'nyordo' para arriba, un insulto xenófobo de amplio predicamento entre los 'indepes' puros. A menudo 'neoindepes' que dan todo el sentido del mundo a lo de predicar con la fe de los conversos.

El independentismo no supo digerir el revolcón post 1 de Octubre. Al menos buena parte de ese independentismo. En particular el que ha liderado Puigdemont 'el Legítimo'. Aunque no solo. Los republicanos lo hicieron a trancas y barrancas, excesivamente permeables a la crítica iracunda de los seguidores del Legítimo. Pero poco a poco fueron centrando un discurso que asumía una realidad que nada tenía que ver con la ficción teatral de un Consell de la República que Puigdemont -con la aquiescencia servil de sus ministros- ha tratado como si fuera un clínex.

El independentismo -si quiere ser útil y recuperar el temple- debe saber reanudar el rumbo, dejar de lamerse las heridas y sobre todo dejar de alardear de una victoria que el exilio y la cárcel desmentían factualmente.

La amnistía, Rodalies o las mejoras para aliviar a una Generalitat constreñida por los intereses financieros son un primer paso. También este atisbo de Estado plurinacional que está en pañales. Pero que ahora se insinúa con fuerza ante la España que blanden la derecha y la extrema derecha.