Guerra en Oriente Próximo
Alfonso Armada

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Periodista.

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El 11-S de Israel: romper el brazo a Abraham con una llave iraní

Gaza tras un ataque israelí.

Gaza tras un ataque israelí. / EFE

“Aparta de mi rostro, desenvuelve

este hiyab de negruras; solo un momento, lo justo

para que puedas ver en mis entrañas

la masa madre del pecado y la devastación”.

Forugh Farrojzad, 'Ante Dios'

Viajé a Irán en 2017 y en la calle de las ciudades que visité (desde Teherán a Yazd) se palpaba una atmósfera que semejaba el ocaso de la España de Franco: una sociedad que trata de vivir al margen del régimen, ansiosa de apertura a Occidente (con mezquitas vacías), de hablar inglés, beber vino y, en el caso de las mujeres, quitarse el velo. Pero el precio que ha pagado y sigue pagando el movimiento 'Mujeres, vida y libertad' es altísimo. Amnistía Internacional recuerda que en 2022 las autoridades iraníes han cometido "cientos de homicidios ilegítimos, la ejecución arbitraria de siete manifestantes, decenas de miles de detenciones (...) y represalias contra mujeres y niñas que cuestionan la legislación discriminatoria que impone el uso obligatorio del velo".

La poeta y cineasta Forugh Farrokhzad se atrevió a desafiar los estereotipos sobre la mujer en el Irán de los años 50 y 60, cuando reinaba el sha. Ahora sigue inspirando a quienes luchan contra la ultraconservadora república islámica, como la premio Nobel de la Paz Narges Mohammadi, condenada en la acre prisión de Evin a 31 años de cárcel por defender los derechos humanos y la abolición de la pena de muerte. Su marido, el periodista Taghi Rahmani, exiliado en Francia con sus hijos Ali y Kiana, declaró que el Nobel "es un premio para todos los activistas de derechos humanos que han estado luchando por el cambio en Irán (…) Es un reconocimiento al movimiento 'Mujeres, vida y libertad' en Irán". 

Según 'The Economist', fuentes estadounidenses e israelís aseguran que no hay certeza sobre la participación de Irán o Hizbulá en la devastación que Hamás desencadenó el 7 de octubre contra Israel. Pero Jake Sullivan, asesor de seguridad del presidente Joe Biden, dice que "Irán es cómplice de este ataque en un sentido amplio porque ha proporcionado la mayor parte de la financiación" a Hamás, y eso sin "mencionar años de entrenamiento, armas y otro tipo de apoyo". Otros analistas sugieren que Teherán quedó sorprendido por la envergadura y el éxito de la operación.

Uno de los no menores efectos colaterales del zarpazo de Hamás (que se ensañó contra uno de los ejemplos de lo que desde el islamismo más retrógrado a la ortodoxa Rusia de Putin tachan de "degradación occidental": la matanza en el festival Nova, celebrado cerca del aparentemente infranqueable muro que enjaula Gaza, en la que al menos 260 personas fueron asesinadas y numerosos jóvenes secuestrados, ha sido la congelación de los Acuerdos de Abraham. Si en 1967, Argelia, Egipto, Irak, Jordania, Líbano, Siria y Sudán se conjuraron para no reconocer a Israel, Egipto rompió el pacto en 1978 (y su presidente, Al Sadat, asesinado en 1981), y Jordania siguió sus pasos. La diplomacia israelí, secundada por Washington, logró "normalizar" relaciones con los Emiratos, Bárein, Sudán y Marruecos (a cambio del reconocimiento de la autoridad de Rabat sobre el Sáhara Occidental). Toda esa volátil estrategia cuajó en septiembre de 2020 con los Acuerdos de Abraham y la suma de una turbia joya: Arabia Saudí, enemigo acérrimo de Irán en el mapa islámico. Tras "perdonar" al hombre fuerte de Riad, Mohamed bin Salmán, el descuartizamiento en el consulado saudí de Estambul del periodista disidente Jamal Khashoggi, la nueva entente cordial en Oriente Próximo ha vuelto a vía muerta con la atroz operación de Hamás y la atroz represalia israelí, en curso. 

Mientras el exsecretario de Defensa estadounidense Robert Gates escribió en 'Foreign Affairs' que la "disfuncional" situación en la que se encuentra la superpotencia (con los republicanos a la greña y la sombra alargada de Donald Trump) no presenta la mejor inteligencia para encarar la "nada santa alianza entre China, Rusia, Irán y Corea del Norte". El 11-S de Israel ha dejado en entredicho a su Ejército y su espionaje y ha atizado la misma ceguera que la voladura de las Torres Gemelas: venganza en lugar de cálculo, moderación y justicia. Puede que Irán se frote las manos, pero fuerza y muerte no traerán más que fértil odio. Quienes quisieran vivir como Forugh Farrokhzad y leerla son ahora rehenes de los perros de la guerra de Hamás e Israel.