Opinión | Dos años del cierre

Jordi Alberich

Jordi Alberich

Economista

El vacío después de Nissan

Nissan: crónica de un cierre anunciado

Los fondos acreedores inician los trámites para hacerse con Celsa

Planta de Nissan en Barcelona.

Planta de Nissan en Barcelona.

Pese a que se venía intuyendo desde hacía tiempo, el cierre en 2021 de la planta de Nissan en la Zona Franca, tras 40 años de actividad, sorprendió a las administraciones sin alternativa industrial alguna para sustituir a la compañía japonesa. Transcurridos ya dos años, los proyectos no acaban de cuajar y parece que ya hemos abandonado la idea de contar con una opción de la relevancia del fabricante automovilístico. 

Nos hemos percatado de que son muy pocas las empresas con dimensión y recursos para suplir a los japoneses, por lo que se está intentando articular una opción compleja, con diversos actores, pero sin que ninguno de ellos disponga de la capacidad financiera y de la fuerza de arrastre necesaria para un proyecto de envergadura. Al final, el medio millón de metros cuadrados acabará llenándose de actividad industrial o logística, pero lejos de lo que en su momento representó la planta automovilística. Una realidad decepcionante pues la industria está retornando a Europa y nosotros, día a día, desperdiciamos el buen hacer acumulado de trabajadores y proveedores de la antigua Nissan. Todo ello nos lleva a dos conclusiones. 

La utopía del 'procés' llegó a concentrar todas las energías del Gobierno catalán, abandonando aquellas políticas determinantes para el bienestar de los ciudadanos y el progreso de las empresas. A su vez, resulta evidente nuestra incapacidad para articular políticas industriales modernas que, lejos de viejos proteccionismos, sepan preservar la producción nacional, tal como sucede en países avanzados de nuestro entorno.

La industria de esta dimensión que se va, ni retorna ni se la puede sustituir, pues se requiere de muchos años y de inversiones muy costosas; y la competencia por atraer inversión es ya global, a diferencia de lo que sucedía hace 40 años. Estos días también lamentábamos el incomprensible final de Celsa. Confiemos que todo ello sirva para aprender, pero, quizás, cuando ya hayamos aprendido no quedarán industrias que preservar.