Opinión |
Industria del cine
Ester Oliveras

Ester Oliveras

Economista. Profesora en la Universitat Pompeu Fabra (UPF).

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Huelga en Hollywood

El conflicto laboral entre actores y actrices y las grandes productoras parece que va para largo y se suma a la huelga de guionistas, que ya llevan tres meses plantados

Cartel de Hollywood

Cartel de Hollywood / Mike Blake / PIM

Los aficionados a las series americanas deberemos esperar para ver nuevas producciones. La huelga indefinida convocada por actores y actrices de Hollywood el pasado 17 de julio parece que va para largo y se suma a la huelga de guionistas, que ya llevan tres meses plantados ante las grandes productoras. Veamos qué ha llevado a esta situación. Se trata sin duda de profesiones vocacionales, donde las grandes estrellas ganan cantidades ingentes mientras la gran mayoría debe aprender a vivir con ingresos inestables derivados de proyectos, conseguidos uno a uno, a través de audiciones. Algunos para llegar a fin de mes, deben combinar el trabajo audiovisual con otros trabajos fuera de este sector.  

Los ingresos de este colectivo se componen de los pagos directos por la creación de la serie o película, y después de unos 'royalties' (regalías) cada vez que se reemite la producción. Pues bien, estos 'royalties' estaban pensados y debidamente negociados para las repeticiones en canales de televisión y en salas de cine –de hecho, como resultado de una huelga similar en los años 60– que han quedado desfasados para las plataformas de 'streaming', como Netflix o HBO. Y, como los consumidores nos hemos movido en masa hacia estas plataformas, los pagos que ayudaban a las travesías por el desierto entre una producción y la siguiente han disminuido considerablemente.

En esta situación, irrumpen las enormes posibilidades de la Inteligencia Artificial. Desde que el ChatGPT se abrió al público en noviembre de 2022, las noticias y nuevas herramientas en torno a esta tecnología invaden los medios de comunicación. Un informe de la OCDE sobre esta cuestión, publicado recientemente, indica que el 60% de los trabajadores creen que la IA afectará a su profesión, y que un 27% de los trabajos podría desaparecer. Es cierto que conviene tener un punto de cautela ante predicciones de grandes disrupciones tecnológicas, la mayoría de las cuales no se han cumplido o han tardado muchas más décadas de lo esperado (coches voladores, camareros-robots, vehículos auto conducidos). Pero, ¿hacia dónde apunta esta tecnología en el ámbito del cine? Pues a la generación de producciones sin necesidad de actores, actrices, o guionistas. Mientras que algunos sectores pueden ser más lentos en la incorporación de estas tecnologías, el cine no será uno de ellos. De hecho, el pasado junio ya se celebró, precisamente en la Universitat Pompeu Fabra, el primer festival europeo de películas realizadas exclusivamente por IA, el +RAIN Film Fest.

Las productoras ven en esta tecnología muchas posibilidades creativas, pero también una oportunidad para reducir sus costes de producción, y han empezado a añadir cláusulas en los contratos con actores y actrices abriendo la posibilidad de continuar utilizando su imagen a lo largo del tiempo, sin necesidad de volver a contratarlos. Una vez digitalizadas sus expresiones, su voz, y sus movimientos, se pueden reproducir y manipular, envejeciendo o rejuveneciendo cuerpo y rostro a voluntad (para muestra un botón: los primeros minutos de la última película de Indiana Jones los protagoniza un Harrison Ford varias décadas más jóven que el actor de carne y hueso). Lo que es un sueño para las productoras es una pesadilla para este colectivo.

En términos generales, para valorar si en una empresa la situación es salarialmente justa se examinan tres componentes. El primero es que el salario sea adecuado a las condiciones de vida del país, a través de políticas nacionales de salario mínimo o de otros indicadores. El segundo es la relación entre la remuneración anual de la persona mejor pagada y la media del resto de trabajadores. Y el tercero es la brecha salarial, es decir la diferencia entre la media de lo que ganan hombres y mujeres. No se puede realizar una traslación sencilla de estos componentes a productoras como Warner Bros o Walt Disney, porque los actores y actrices se contratan por proyectos, más que formar parte de una plantilla, y la retribución depende del talento interpretativo y del caché. Pero sí que se conocen los beneficios generados trimestralmente, así como los salarios de los directivos, que han aumentado mucho más que proporcionalmente en relación al resto de trabajadores. Ante estos datos, el conflicto está servido.

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