Dos Españas... y dos Catalunyas
Si una lección deben aprender los tres partidos independentistas del pasado 23 de julio es que son cientos de miles de sus electores los que han preferido votar a PSOE para frenar a Vox

Puigdemont durante su declaración por videoconferencia desde Bruselas / ACN\POL SOLÀ
Como era de prever, la España que se cree con derechos de propiedad históricos inalienables hará pagar su inmensa frustración, y la pagará con cainismo, al ritmo del incremento de su rabia e impotencia. Esto es tan evidente como incierto es el panorama al otro lado, que a partir de la fecha electoral ha pasado de complicado a laberíntico.
Como que hoy en vez de irrelevantes son imprescindibles, todas las miradas y todos los interrogantes han convergido sobre Junts y su divergencia interna. Por ahora, en los dos sectores del partido solo hay dos cosas claras: que es el momento de sacar pecho, y que si se pelean en público salen todos perdiendo. En cambio, no está claro qué beneficio pueden sacar de su posición clave, no gracias al mérito propio sino a las matemáticas parlamentarias. Tanto pueden conseguir su objetivo inmediato, que no es la independencia ni el referéndum sino devolver la pelota a Esquerra y recuperar el cetro perdido del independentismo, como hundirse sin remisión.
Los incorregibles del camino de rosas llegan incluso a calcular que la repetición de las elecciones generales conviene tanto a Puigdemont como a Sánchez, y que en consecuencia el peligro de propiciar un final precipitado de la frustración de las derechas es poco al lado del enorme beneficio que puede sacar al partido si mantiene exigencias inasumibles para los socialistas.
Hoy resuenan con fuerza los golpes en el pecho del gorila macho dominante, pero a medida que se vaya acercando el momento de la verdad y los sondeos vaticinen la mayoría absoluta de PP-Vox propiciada por Puigdemont, la valentía empezará a disminuir y el eterno binomio esperanza-temor se irá decantando hacia la segunda opción. El abismo existe y puede que les rodee, pero los de Junts aún no lo han localizado.
Si una lección deben aprender los tres partidos independentistas del pasado 23 de julio es que son cientos de miles de sus electores los que han preferido votar a PSOE para frenar a Vox. Si el temor y el vértigo no acercan a Junts al pragmatismo, ese número puede aumentar, y no precisamente en perjuicio de Esquerra. Tiempo al tiempo.
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