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Joan Tapia

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Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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25 años de paz en Irlanda

El Gobierno compartido y con el mismo peso entre partidos enfrentados, incluso con las armas, fue clave para los acuerdos del Viernes Santo de 1998

Recuerdo de 30 años de violencia en un muro de Belfast

Recuerdo de 30 años de violencia en un muro de Belfast / Juan Fernández

Visité Belfast hace seis años y me impresionó que 19años después de los acuerdos de paz del Viernes Santo de 1998 muchos barrios católicos y protestantes todavía tenían muros de protección y algunos quedaban cerrados por la noche. Los acuerdos habían funcionado -pusieron fin a combates de 30 años con 3.488 muertos-, pero las comunidades seguían enfrentadas. Todo más fuerte -pensé- a lo que ya entonces se vivía en Euskadi.

Ahora hace 25 años de los acuerdos y la situación no es óptima, pero el presidente Biden -la paz no habría sido posible sin la presión de Clinton sobre Gran Bretaña y los republicanos irlandeses- y Rishi Sunak, un primer ministro más sensato que Boris Johnson, estarán en Belfast para celebrarlo. Y el entonces pequeño partido de la Alianza, ni católico ni protestante, tiende al alza.

Los acuerdos se basaron en algunos puntos. Uno, vago, que Irlanda del Norte decidiría algún día su futuro en un referéndum acordado. Otro, muy concreto, que habría elecciones al parlamento (el Stormont) con ley proporcional, pero que el Gobierno sería siempre compartido entre protestantes y católicos que tendrían el mismo peso. Así, el intransigente líder unionista, Ian Paisley, y el exjefe del IRA, Martin McGuinness, compartieron Gobierno. Comparar no es válido, todo es muy distinto, pero… ¿se imaginan a Ibarretxe, Mayor Oreja, Otegi y Redondo Terreros en un mismo Gobierno? 

El gobierno con veto mutuo no ha funcionado bien y ahora está paralizado, pero fue clave para la paz. También la desmilitarización del Ulster y la promesa republicana de entregar las armas a cambio de la liberación de los presos -todos- en un plazo de dos años.

Los acuerdos fueron imperfectos y se deben renegociar, pero pusieron fin a 30 años de sangrientos combates y nadie cree posible la marcha atrás. Cuando en España se lanzan anatemas contra partidos vascos, o catalanes, que tienen muchos votos sería bueno pensar en Irlanda. Las exclusiones por principios, o el Código Penal, no habrían ayudado nada.